Publicaciones etiquetadas sociedad

Salvar vidas: ¿elegirías hacerlo? Explicando un mundo sin donantes

Dinamarca tenía un grave problema. Siendo un país altamente desarrollado, educado y con niveles de vida que cualquier otro país del mundo envidiaría, tenía ciudadanos muriendo todos los días por falta de donadores de órganos. Solo un 4,25% de la población estaba inscrita como donante. Incontables campañas, programas de educación, propaganda y nada daba resultado. Suecia alcanzaba un 85,9% de la población como donantes, por lo tanto era difícil sostener que eran factores culturales los que prevenían a la gente de Dinamarca donar voluntariamente. Cuando dos investigadores del “Center for Decision Sciences” de la Universidad de Columbia entraron a buscar las causas, se encontraron con motivos verdaderamente sorprendentes e inesperados que dejan entrever las falencias que existe en aquello que conocemos como razón y voluntad.

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Sudamérica, ese fenómeno

Un origen común, varios intentos de constituirse, una realidad que se repite, en medio de dicotomías, a lo largo de toda la cordillera y hacia la línea marítima. En Latinoamérica, y aún más en la región Sur, la raíz política e histórica es una. La colonización hispánica, con el consecuente saqueo y extracción de recursos, y la configuración de un esquema de poder que se mantuvo con la independencia y emancipación, al menos política, que el continente atravesó durante el siglo XIX, es un factor común de indudable peso en la explicación del escenario actual. Por otro lado, la dependencia se mantuvo en lo económico y productivo, mientras que la desigualdad social se acentuaba. Hoy, nuestro continente quiere ser protagonista global y pugna por alzarse como aquel actor que pudo y quiere ser. En el siglo XIX, sin embargo, la perspectiva era otra.

La génesis política

 

La llama encendida por los revolucionarios franceses y norteamericanos prendió entre las élites ilustradas del continente. Bajo el pretexto de preservar la autonomía mientras el imperio napoleónico se hacía con el poder de las coronas europeas, Latinoamérica se levantó en luchas y gestas por la independencia. Continuar leyendo…

Economía, la ciencia en un tablero de ajedrez

En los casi diez años que vengo dictando cursos de economía introductoria, cada vez tardo más tiempo en definir el concepto de economía. Recuerdo que en los primeros años, a los pocos minutos de comenzada la clase lo definía. Iniciaba así: “la economía es la ciencia …”. Independientemente que me volcara a una definición clásica, neoclásica o keynesiana (si es que la hay estrictamente), siempre comenzaba de la misma manera. Hoy en día, tardo una clase y media para arribar a una definición.

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¿Nos aliamos o nos alienamos?

salvesequienpuedaVivimos tiempos en los que la humanidad pareciera moverse al sonido de “sálvese quien pueda” y donde el egoísmo como antivalor muchas veces predomina ante el compañerismo, la solidaridad y el amor al prójimo. La esperanza de vivir en un  mundo mucho más inclusivo y multipolar se asoma como un hecho no aislado que debe ser fortalecido con acciones, con palabras, haciendo lo que según nuestro sistema de creencias es correcto y asumiendo las consecuencias de nuestros actos, desde lo individual a lo colectivo. Es en este sentido hacia donde debe apuntalar nuestro quehacer diario, es decir, a mantener  una actitud permanente de servicio hacia el trabajo, la familia, o cualquier ámbito de nuestras vidas.

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El hambre no fue al colegio

En cualquier curso básico de Introducción al Derecho se explica por qué existen las normas (leyes, decretos, ordenanzas, disposiciones, etc.) que rigen nuestra vida diaria. Y aunque uno estudie paisajismo, ingeniería o diagnóstico por imágenes, no resulta difícil de entender: vivimos en sociedad y no podemos comportarnos de cualquier manera. En un sistema democrático, parte de los representantes del pueblo se abocan a la complicada tarea de describir las actitudes que – como sociedad – consideramos aceptables y aquellas que no. Es decir que en este sistema, el pueblo deposita la confianza en un grupo de personas para que determine las reglas bajo las cuales tenemos que comportarnos cuando salimos a la calle. Una ley no es más que eso: la disposición de nuestros derechos y obligaciones para poder llevar adelante nuestra vida de manera tranquila, aceptando que el resto de la población vela por lo mismo.

En Argentina (y seguramente en muchos otros países), todos los días vivenciamos situaciones que no entran, desafortunadamente, en la categoría de socialmente aceptables, tal como piden esos textos. Y no me refiero particularmente a aquellos graves hechos delictivos, que implican daños a la integridad física de alguna persona (como robos violentos, secuestros, violaciones, asesinatos, etc.). Tampoco a situaciones de extrema posición filosófica (eutanasia, aborto, fertilización asistida, etc.). Existen por doquier situaciones menores, pero no por ello menos importantes, que no podemos considerar aceptables para nuestra sociedad. Para estos casos,  sería interesante analizar dos cosas:

  1.    Por qué ocurren
  2.    Qué podríamos hacer para mejorar

Las situaciones a las que me refiero son variadas: no levantar la caca del perro, tirar basura en la vía pública, aceptar que un desconocido nos pida plata para “cuidarnos” el auto, ocupar la mitad de la vereda para vender mercadería… etc. Todas cosas que ocurren diariamente y que son practicadas por ciudadanos. Ciudadanos como yo,… como vos, como todos (al mejor estilo Leon Gieco). Gente que es parte de esta sociedad y decide voluntariamente no comportarse como debería…(al menos según nuestra propia ley).

Tomemos el último ejemplo: vendedores ambulantes que ocupan la mitad de una vereda para promocionar sus productos. Discusión interminable sobre la aceptabilidad de esta situación. Por un lado, los vendedores: alegan que están en su derecho de realizar una actividad comercial que les permita llevar un plato de comida a su casa. No sabrán ni conocerán otra forma de hacerlo que no sea esa. Del otro lado, la ley… la regulación de la vida en sociedad: es claro que es ilegal desde varios puntos de vista (impositivo, civil y comercial).

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¿Es necesario que quede escrito en algún lado que esta actividad debería ser considerada socialmente inaceptable? Interrumpir o dificultar la circulación en vía pública, no pagar impuestos, no registrar las ventas, competir de manera injusta con comercios del mismo rubro… (¡y ni hablar si la mercadería no es de origen lícito!). Las razones por las cuales esta actividad no debería ser considerada aceptable por todos nosotros son varias; y todas están basadas en valores que – como sociedad – defendemos y fomentamos. [Si alguno está pensando “mostrame un ejemplo de ley que lo diga”, aquí le dejo una para la Ciudad de Buenos Aires: Ley 1166 del Código de Habilitaciones de la Ciudad de Buenos Aires, Capítulo 11.1, “Permisos de uso en el Espacio Público”, artículo 11.1.17].

A mi entender, es claro: esto no debería ser aceptado. Sin embargo, sigue ocurriendo y lo seguirá haciendo. ¿Es justificable realizar una actividad ilegal para un buen fin? “Es mi única fuente de ingreso y con esto le doy de comer a mis hijos”, ¿es suficiente? Validando este punto de vista, ¿no deberíamos validar el de quien sale a robar para poder comer? Por supuesto, una situación es más grave que la otra… pero son igual de ilegales… igual de socialmente inaceptables.

¿Por qué ocurren estas situaciones? Cuando la excusa es el hambre y el sustento familiar, parece que los valores bajo los cuales construimos nuestra vida en sociedad quedan desautorizados (manteros, cuida-coches, etc.). Y peor aún, algunos valores se pierden sin siquiera tener una excusa (tirar basura en la calle, no levantar la caca del perro, etc.)… Y estoy hablando sólo de situaciones menores, en las que la propiedad privada y la integridad física de cada uno no se ven comprometidas.

Si entendemos de una vez que lo más importante a enseñarle a una persona son las actitudes que aceptamos como sociedad, vamos a dejar de pelear por los contenidos técnicos de una currícula y vamos a empezar a llevarnos mejor. Realmente me pregunto: ¿tan difícil es? ¿Se necesitan estudios de alto grado para comprender que lo que importa es que eduquemos actitudes y no que forcemos conocimientos? Discutimos miles de reglas complejas, pero ninguna de convivencia básica…

El Bullying: ¿culpa de padres o maestros?

Recuerdo que de pequeña mis amigos y compañeros de clase realizaban juegos en donde medían su fuerza, competían en carreras de velocidad y ponían sus brazos sobre una mesa para vencer a su contrincante. Aquellas entretenidas actividades hacían pensar a muchos de nosotros que había rivalidad entre ellos, pero al terminar los juegos todos continuaban siendo amigos y compañeros de clase.

Ahora parece ser distinto, y es que los pequeños juegos se han convertido en una sátira de la violencia que los niños y adolescentes consideran es común. En un entorno saturado de las tendencias, la moda y la falta de información, los pequeños niños se vuelven en gigantes malvados que se la pasan asechando a su presa día a día dentro del salón de clase. Frente a los ojos de todos los alumnos, e incluso algunas veces de los maestros, estos niños y adolescentes tienen como finalidad humillar y hacer sentir mal a su compañero al que llaman “el más débil”.

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La industrialización del descuidado médico

El fin de semana pasado tuve que visitar una clínica médica. Por supuesto que no fue por placer: ver gente sufriendo por dolores propios y ajenos no es lo mío. Además, casi que por definición, esos lugares son lúgubres, tristes, antinaturales. Todas luces artificiales, máquinas, computadoras que mantienen vivas a las personas, espacios a los cuales no se puede entrar…

Estar en una clínica más de dos horas es una experiencia en sí misma. Al menos, estando de observador. Una cantidad de fenómenos sociales destapa una realidad del genotipo humano no vista en cualquier otro ámbito. Quizás sea porque la necesidad apremia y en esos momentos uno se muestra como realmente es, sin pensar que esos comportamientos los guarda en un cajón cuando sale a la calle.

Paseemos un rato por los pasillos de una clínica privada que tiene de todo: desde emergencia quirúrgica, hasta guardia ginecológica. Es moderna, tiene equipos que realizan exámenes costosos, un personal supuestamente calificado, un laboratorio interno, camilleros, seguridad propia… Todo para que un enfermo se sienta cuidado, cómodo, e ilusionado con curarse.

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Dar o no dar, he ahí el dilema

donarSi tuvieras bastante dinero disponible para hacer una buena acción, ¿qué harías? ¿Lo donarías a una persona que lo necesita? ¿O a una organización que persigue una causa de tu interés? ¿Quizás formarías una propia? Dejemos de lado por un rato la posibilidad de iniciar una empresa social y elegí alguna entre las miles de fundaciones, asociaciones e iniciativas que hay en nuestro país y que estarían más que felices de aceptar tu aporte. ¿Por cuál te decidirías? Y lo más importante… ¿qué querrías que hicieran con tu colaboración?

Hace un par de semanas me encontré con una recomendación en el inicio de Facebook, un poco tardía. Una charla TED de 2013 a cargo de Dan Pallotta que plantea algo sobre lo que muchas veces he reflexionado, una idea a la que de alguna manera me había arrimado. Acá pueden verla. Es una buena charla y no quiero que la dejen pasar, así que sólo les apunto el tema que más me llamó la atención. Pallotta plantea que hay una presión social sobre las organizaciones para que no inviertan en acciones de marketing los recursos que consiguen, porque cualquier dólar que no sea destinado al trabajo en campo pareciera ser que es un derroche superfluo. Esto obliga a que dejen de lado muchas tareas que les permitirían explotar y multiplicar sus recursos, sólo para no perder el beneplácito de la sociedad que las apoya y que les brinda la legitimidad necesaria para erigirse como representantes en una cuestión.  Continuar leyendo…

Hacernos cargo

“Yo soy, porque nosotros somos”

Suele pensarse al siglo XXI como el siglo del individualismo, una época en la cual el hombre es estigmatizado como un “hombre-masa”, pero con una fuerte tendencia a una construcción relativa de la verdad. Esto sin embargo, por muy  contraproducente que parezca, puede ser positivo. Un individuo con sus capacidades desarrolladas al máximo, puede generar grandes cambios. Si pensamos, todos los seres humanos quieren diferenciarse, y se creen diferentes, esto corresponde a una forma de automotivación. Por otro lado, el individualismo extremo se convierte en un culto al orgullo propio y se traduce en un desinterés en el contexto social.

Pensemos en una analogía para poder entender esto. Una caja cerrada, con un gato en su interior, con una botella de gas venenoso y un dispositivo con una partícula que tiene una probabilidad del 50% de desintegrarse, y si se desintegra, el veneno se libera y el gato muere. Hay 50% de probabilidades de que el veneno se haya activado y un 50% de probabilidades de que el gato esté vivo. Entonces al momento de abrir la caja, podemos decir que el gato está vivo y muerto al mismo tiempo. Esto es conocido como el experimento del Gato de Schrödinger. Te propongo que pensemos una analogía, una comunidad específica, una forma de comportamiento y un individuo. Hay un 50% de probabilidades de que el individuo haga prosperar a la comunidad y un 50% de que el individuo la perjudique. El individualismo puede determinar el futuro de la comunidad, por lo cual, la comunidad está viva y muerta al mismo tiempo, el individuo es la variante que puede hacer la diferencia.

El individuo está determinado por su situación de vivir en acciones recíprocas con otros, por lo cual, toda la actividad humana transcurre dentro de la sociedad. La socialización, como señaló Georg Simmel, se da cuando la convivencia de los individuos adopta la forma de la cooperación y colaboración bajo el concepto de una acción recíproca como hilos entretejidos. Aunque el individuo esté aislado, sigue formando parte de la sociedad.

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Todo lo que suceda en la sociedad nos va a afectar directa o indirectamente, y todos somos, por lo menos en una mínima parte, responsables de ello. No podemos dejar de ignorar que nuestras acciones pueden hacer la diferencia, no podemos quedarnos a esperar que otros hagan las tareas más difíciles, porque, no sólo que de eso depende un mayor bienestar social, sino que depara un mayor bien individual. Pero generalmente se tiene la costumbre de realizar críticas y hablar de los fracasos de las políticas de los gobiernos, de las empresas, de las ONGs, o de cualquiera que haya intentado modificar positivamente el statu quo. Es hora de preguntarnos: ¿qué hicimos y/o hacemos nosotros para evitar que esas políticas e ideas fracasen?

Tomemos un solo ejemplo. El próximo año se cumple el tiempo fijado para alcanzar los conocidos “Objetivos de Desarrollo del Milenio” establecidos en el marco de la Organización de Naciones Unidas. Estos objetivos representan la oportunidad de vivir “en el cambio de siglo”, superando atrocidades que sucedieron en los siglos anteriores, tiempos repletos de conflictos bélicos, de subordinación de los derechos a los intereses. Representan la oportunidad de lograr mejores condiciones de vida para toda la sociedad, de lograr el pleno cumplimiento de los derechos de cada uno de las personas que habitamos este planeta. Si bien están determinados por un optimismo antropológico, las buenas perspectivas hoy cambiaron un poco, y nosotros, ¿que estamos haciendo para que estos objetivos no fracasen?

¿Todos los individuos somos responsables de lo que ocurra en la sociedad? No lo voy a responder, eso queda a opinión y conjetura de cada uno de los lectores. Voy a cerrar este artículo con una regla ética sudafricana, que sintetiza todo esto en una sola frase:

“UBUNTU. Yo soy, porque nosotros somos”.

Del discurso a la realidad

Las palabras fluyen como un río, las imágenes se despliegan incansablemente, el espacio multimedia que todo lo abarca, un par de clicks nos separa de conocer las tumultuosas calles de la India, un paseo en góndola en Venecia o todo un informe detallado sobre la administración económica francesa en los últimos años, eso es Internet, un espacio extremadamente volátil, donde millones de datos se vuelcan al día, la biblioteca mas grande del mundo al alcance de todos, una aldea global que a todos nos incluye. Un espacio que genera igualdad dejando de lado todo tipo de subjetividades que limiten el acceso, y desde un plano de horizontalidad recreando quizás en un marco virtual la vieja utopia anarquista de un mundo sin fronteras, donde cada uno aporta lo mejor de su naturaleza y contribuye a la creación de una comunidad superior.

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