Posts tagged educación

Innovación educativa: un primer paso

Repetidas veces hemos escuchado la necesidad de reformar la manera de educar. Que es un desafío, es un cambio gradual, requiere cambios en las políticas de Estado … Se han realizado muchas conferencias, talleres, actividades, foros para proponer nuevas ideas en esta materia; ideas efectivamente “implementables”. De todas estas – al menos yo – no he visto todavía resultados. Sigue siendo una discusión, y parece que las partes no se ponen de acuerdo. ¿Qué es lo que falta?

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Cinco noticias que todos queremos escuchar

… y quién sabe cuánto falta para que sean titulares:

  • Fue curada la última persona con HIV
  • Terremoto en Bangladesh: ninguna víctima fatal
  • Latinoamérica: primera entre los rankings de Transparencia Gubernamental
  • Firmaron la paz con los últimos grupos terroristas del Medio Oriente
  • Confirman que el nivel de alfabetización es total a nivel global

Cada una de estas novedades generarían un enorme impacto, ¿no? Actualmente son totalmente aspiracionales, y en muchos aspectos, casi utópicas. Por ejemplo, solo hace una semana mencionábamos lo complicado que es en conflictos de larga data y con múltiples factores llegar a una solución que satisfaga a todos los involucrados, como para que nuestra Noticia llegue a las primeras planas y estemos seguros de que no sea una fachada.

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¿Nos aliamos o nos alienamos?

salvesequienpuedaVivimos tiempos en los que la humanidad pareciera moverse al sonido de “sálvese quien pueda” y donde el egoísmo como antivalor muchas veces predomina ante el compañerismo, la solidaridad y el amor al prójimo. La esperanza de vivir en un  mundo mucho más inclusivo y multipolar se asoma como un hecho no aislado que debe ser fortalecido con acciones, con palabras, haciendo lo que según nuestro sistema de creencias es correcto y asumiendo las consecuencias de nuestros actos, desde lo individual a lo colectivo. Es en este sentido hacia donde debe apuntalar nuestro quehacer diario, es decir, a mantener  una actitud permanente de servicio hacia el trabajo, la familia, o cualquier ámbito de nuestras vidas.

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El hambre no fue al colegio

En cualquier curso básico de Introducción al Derecho se explica por qué existen las normas (leyes, decretos, ordenanzas, disposiciones, etc.) que rigen nuestra vida diaria. Y aunque uno estudie paisajismo, ingeniería o diagnóstico por imágenes, no resulta difícil de entender: vivimos en sociedad y no podemos comportarnos de cualquier manera. En un sistema democrático, parte de los representantes del pueblo se abocan a la complicada tarea de describir las actitudes que – como sociedad – consideramos aceptables y aquellas que no. Es decir que en este sistema, el pueblo deposita la confianza en un grupo de personas para que determine las reglas bajo las cuales tenemos que comportarnos cuando salimos a la calle. Una ley no es más que eso: la disposición de nuestros derechos y obligaciones para poder llevar adelante nuestra vida de manera tranquila, aceptando que el resto de la población vela por lo mismo.

En Argentina (y seguramente en muchos otros países), todos los días vivenciamos situaciones que no entran, desafortunadamente, en la categoría de socialmente aceptables, tal como piden esos textos. Y no me refiero particularmente a aquellos graves hechos delictivos, que implican daños a la integridad física de alguna persona (como robos violentos, secuestros, violaciones, asesinatos, etc.). Tampoco a situaciones de extrema posición filosófica (eutanasia, aborto, fertilización asistida, etc.). Existen por doquier situaciones menores, pero no por ello menos importantes, que no podemos considerar aceptables para nuestra sociedad. Para estos casos,  sería interesante analizar dos cosas:

  1.    Por qué ocurren
  2.    Qué podríamos hacer para mejorar

Las situaciones a las que me refiero son variadas: no levantar la caca del perro, tirar basura en la vía pública, aceptar que un desconocido nos pida plata para “cuidarnos” el auto, ocupar la mitad de la vereda para vender mercadería… etc. Todas cosas que ocurren diariamente y que son practicadas por ciudadanos. Ciudadanos como yo,… como vos, como todos (al mejor estilo Leon Gieco). Gente que es parte de esta sociedad y decide voluntariamente no comportarse como debería…(al menos según nuestra propia ley).

Tomemos el último ejemplo: vendedores ambulantes que ocupan la mitad de una vereda para promocionar sus productos. Discusión interminable sobre la aceptabilidad de esta situación. Por un lado, los vendedores: alegan que están en su derecho de realizar una actividad comercial que les permita llevar un plato de comida a su casa. No sabrán ni conocerán otra forma de hacerlo que no sea esa. Del otro lado, la ley… la regulación de la vida en sociedad: es claro que es ilegal desde varios puntos de vista (impositivo, civil y comercial).

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¿Es necesario que quede escrito en algún lado que esta actividad debería ser considerada socialmente inaceptable? Interrumpir o dificultar la circulación en vía pública, no pagar impuestos, no registrar las ventas, competir de manera injusta con comercios del mismo rubro… (¡y ni hablar si la mercadería no es de origen lícito!). Las razones por las cuales esta actividad no debería ser considerada aceptable por todos nosotros son varias; y todas están basadas en valores que – como sociedad – defendemos y fomentamos. [Si alguno está pensando “mostrame un ejemplo de ley que lo diga”, aquí le dejo una para la Ciudad de Buenos Aires: Ley 1166 del Código de Habilitaciones de la Ciudad de Buenos Aires, Capítulo 11.1, “Permisos de uso en el Espacio Público”, artículo 11.1.17].

A mi entender, es claro: esto no debería ser aceptado. Sin embargo, sigue ocurriendo y lo seguirá haciendo. ¿Es justificable realizar una actividad ilegal para un buen fin? “Es mi única fuente de ingreso y con esto le doy de comer a mis hijos”, ¿es suficiente? Validando este punto de vista, ¿no deberíamos validar el de quien sale a robar para poder comer? Por supuesto, una situación es más grave que la otra… pero son igual de ilegales… igual de socialmente inaceptables.

¿Por qué ocurren estas situaciones? Cuando la excusa es el hambre y el sustento familiar, parece que los valores bajo los cuales construimos nuestra vida en sociedad quedan desautorizados (manteros, cuida-coches, etc.). Y peor aún, algunos valores se pierden sin siquiera tener una excusa (tirar basura en la calle, no levantar la caca del perro, etc.)… Y estoy hablando sólo de situaciones menores, en las que la propiedad privada y la integridad física de cada uno no se ven comprometidas.

Si entendemos de una vez que lo más importante a enseñarle a una persona son las actitudes que aceptamos como sociedad, vamos a dejar de pelear por los contenidos técnicos de una currícula y vamos a empezar a llevarnos mejor. Realmente me pregunto: ¿tan difícil es? ¿Se necesitan estudios de alto grado para comprender que lo que importa es que eduquemos actitudes y no que forcemos conocimientos? Discutimos miles de reglas complejas, pero ninguna de convivencia básica…

Una vida estándar en un país estándar

Francia posee 29273 kilómetros de líneas ferroviarias. A ver, esto es como ir desde Buenos Aires a Chicago, volver a la capital argentina, y luego re-retornar al Estado de Illinois. Todos los días circulan 15000 formaciones (un promedio de más de 10 por minuto, y de 5.5 millones al año), que cubren alrededor de 3000 ciudades del territorio galo.

A simple vista es de esperar que, con una red de tal magnitud, sólo el mantenimiento de las vías implique un gran trabajo; y que la enorme cantidad de conexiones/trasbordos pueda provocar retrasos o desempeños no esperados. Sin ir más lejos, en el año 2013 la Société Nationale des Chemins de Fer (SNCF), principal compañía ferroviaria del país, reportó un total de 22 accidentes. Entre 2013 y 2014, uno de cada diez pasajeros “sufrió” un retraso de al menos 5 minutos en algún tren de la red.

Los pasajeros y usuarios regulares no dudan un segundo en hacer catarsis y expresar sus quejas en los diferentes medios que la web 2.0 les ofrece: foros, redes sociales, sitios oficiales, etc. Todos juntos aunados por la queja: ¡no es aceptable que un tren se retrase más de 5 minutos! Mucho menos si hay un accidente: ¡¿qué clase de empresa es esta en la que viajamos!?

Por mucho tiempo creí que estos eran – entre otros – problemas “primermundistas”. Como ellos nunca tuvieron la oportunidad de viajar en el subterráneo de Buenos Aires en hora pico (cuyo problema principal es la falta de frecuencia por no contar con suficientes formaciones y una red no-optimizada), solía creer que sus pedidos y reclamos se podían catalogar como “menores”.  En mi antiguo razonar, si un tren de media distancia Montpellier – París se retrasaba 15 minutos, yo no veía problema alguno. Ni quejas, ni reclamos, ni suspiros: paciencia y aceptación.

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Pero después me puse a pensar un poco más allá: intenté entender las razones por las cuales los países en vías de desarrollo, como los latinoamericanos, no lograban tener una infraestructura como aquella. Y aún un poquito más lejos: por qué la calidad de vida (ya en un sentido más amplio) lograba a veces ser tan diferente. ¿Es tan alejada una realidad de la otra? Sin entrar en cuestiones políticas – que implicarían interminables análisis sobre la toma de decisiones de un tal o cual – me di cuenta de que mi postura pasada era un poco errada.

Quizás esta reflexión sea un poco simplista, pero creo casi firmemente de que la diferencia fundamental yace en una cuestión educacional y cultural, y es – quizás lo más fuerte – totalmente independiente del poderío económico o fortaleza política del país. La diferencia existe porque tanto Francia como otros países desarrollados han establecido un estándar de condiciones de vida. Han logrado definir qué es aceptable y qué no, como sociedad, como grupo de convivencia humana.

stopHoy, si un francés va manejando por la calle y ve una señal de “PARE”, no lo duda: desacelera, casi hasta el punto muerto, mira a ambos lados, y recién ahí vuelve a acelerar. No importa si ya sabe que no viene nadie; no importa si es innecesario que, de hecho, pare. El conductor respeta esa señal tal cual se lo enseñaron. ¿Será porque le quitan puntos si lo agarran en contravención? No: es indistinto si hay o no un policía vigilante. Lo hace porque así considera que debe hacerse: porque eso es lo que considera aceptable como conducta. Ni una excelente, ni una pésima conducta: una aceptable, esperable, una conducta estándar.

Y así ocurre con todo… (bueno, con casi todo). Desde por qué se quejan si hay un retraso, o un accidente de tren (aunque las estadísticas anteriores muestren que 22 accidentes en 5.5 millones de trayectos equivalgan a 1 en 248 863), hasta por qué esperan que el agua y el pan se sirvan gratis en un restaurant. Es lo que ellos consideran la base de lo razonablemente aceptable para vivir en sociedad. Esto no quita que las cosas puedan hacerse aún mejor, ni mucho menos que estos países no tengan problemas… por supuesto que los tienen.

La International Organization for Standarization (ISO) ha definido a lo largo de la historia todo un conjunto de normas para establecer un nivel de aceptación común en la industria: el nivel estándar. No es el nivel al que hay que aspirar: por supuesto que se puede ir más lejos. Pero definitivamente no es el nivel para estar por debajo.

¿Deberíamos pedirle a esta empresa que cree una norma ISO-N0001, para dejar en claro cómo queremos vivir? Quizás deberíamos empezar a reclamar más y dejar de aceptar tanto. Pasar a la acción y no apagarnos en la palabra. Una barrera más alta sea quizás la fuerza impulsora hacia el cambio que necesitamos los países en vías de desarrollo.

El Bullying: ¿culpa de padres o maestros?

Recuerdo que de pequeña mis amigos y compañeros de clase realizaban juegos en donde medían su fuerza, competían en carreras de velocidad y ponían sus brazos sobre una mesa para vencer a su contrincante. Aquellas entretenidas actividades hacían pensar a muchos de nosotros que había rivalidad entre ellos, pero al terminar los juegos todos continuaban siendo amigos y compañeros de clase.

Ahora parece ser distinto, y es que los pequeños juegos se han convertido en una sátira de la violencia que los niños y adolescentes consideran es común. En un entorno saturado de las tendencias, la moda y la falta de información, los pequeños niños se vuelven en gigantes malvados que se la pasan asechando a su presa día a día dentro del salón de clase. Frente a los ojos de todos los alumnos, e incluso algunas veces de los maestros, estos niños y adolescentes tienen como finalidad humillar y hacer sentir mal a su compañero al que llaman “el más débil”.

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¿Cómo las impresoras 3D están revolucionando las aulas?

Cada vez se conocen más iniciativas relacionadas con la educación y que apuntan a hacer una revolución en este campo. Los avances en tecnología y el acceso cada vez más fácil a más información y de mayor calidad, hacen que ya desde hace unos años se esté replanteando la forma en que el sistema educativo debe ser pensado.

Dentro de estas iniciativas, con la impresión 3D tenemos una herramienta realmente interesante para las escuelas y universidades. En este artículo vamos a ver cómo las impresoras 3D pueden ser utilizadas por profesores y alumnos, qué es lo que está pasando hoy y cuáles pueden ser sus impactos en el futuro.

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La educación del siglo XXI

adrianamendezLa educación en el siglo XXI nos marca un enorme desafío en cambiar ciertos paradigmas ya obsoletos y limitantes por otros más útiles y potenciadores. Desde mis experiencias como docente para adultos en el idioma inglés y en comunicación humana, formando docentes, directivos y líderes en cualquier ámbito, me pregunto ¿cómo se encuentra el actual sistema educativo?; ¿Cuáles son sus objetivos? ¿Qué se espera de los alumnos? ¿Los prepara realmente para este mundo actual? ¿A qué se debe el alto índice en algunos países como en la Argentina de “fracaso escolar” y/o deserción? ¿Por qué los niños al entrar en el nivel primario van perdiendo sistemáticamente la creatividad y curiosidad innata?

Con este artículo no tengo intención de analizar la educación desde un punto de vista estructural y/o político, especialmente en la Argentina.

Mi aporte es invitarlos a pensar juntos qué es lo que significa hoy enseñar y aprender más cercanamente a lo “natural” o “cerebro-compatible”. En los últimos 20 años del siglo XX las neurociencias marcaron y seguirán aún marcando el rumbo en distintas áreas y niveles.  Gracias al desarrollo tecnológico por imágenes, se ha podido comprobar, rectificar y aprender más sobre el funcionamiento del cerebro – que es la estructura biológica más avanzada de nuestro mundo – y cómo éste aprende.

Además de las neurociencias, y en particular, la neuropedagogía, la PNL (Programación Neurolingüística) son algunas de las disciplinas que contribuyen a entender mejor cómo es el proceso de enseñanza-aprendizaje. El comprender y ser conscientes de los procesos (o sea el “cómo se aprende/enseña”) es independiente de las distintas áreas de conocimiento. Estos procesos muchas veces no se incluyen en la currícula por ser quizás una obviedad o quizás por desconocimiento. El propósito de este artículo es lograr un pequeño aporte para mejorar la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje. Este es un proceso sistémico y complejo. Sin embargo, muy posible de realizar.

En primer lugar resulta imprescindible un autoconocimiento tanto por parte de los docentes como de los alumnos. Uno de los cambios paradigmáticos es que ya el docente no debe ser visto como el “dueño” de los conocimientos o verdades sino como el facilitador, o líder, del proceso de enseñanza-aprendizaje. Es la persona que ayuda a desarrollar a sus alumnos, es quien les plantea desafíos adecuados. A pesar que esta idea puede llegar a ser acordada por muchos docentes, todavía algunos muestran modelos mentales limitantes que pueden generar miedo, frustración y trabas en sus alumnos. Cuando planteo el autoconocimiento, me refiero específicamente al dominio de las emociones y creencias hacia el proceso de enseñanza-aprendizaje. Entre otras cosas, es necesario desarrollar la resiliencia, manejar el enojo, cómo dar y recibir feedback; saber cuándo valorar a los alumnos y alentarlos; de qué forma hacerles ver sus posibles errores y cómo “corregirlos” y aprender de ellos; fomentar la risa y la diversión como elemento motivador, entre otras cuestiones.

Para ello, se necesita crear un ambiente natural o cerebro-compatible para que los alumnos, de cualquier nivel y/o área, se sientan a gusto para iniciar así el proceso.

Pensemos:

¿Qué significa “enseñar”?

Enseñar es…:

–       …instruir?

–       …transmitir conocimientos?

–       …exponer distintos temas?

–       …proveer los desafíos correctos?

–       …comunicar habilidades, ideas que los docentes poseen y que luego los alumnos las hagan suyas aplicándolas en algún momento determinado?

–       … lograr que los alumnos se desarrollen emocional, cognitivo y físicamente?

¿Qué significa “aprender”?

El aprendizaje es el proceso a través del cual se adquieren o modifican habilidades, destrezas, conocimientos, conductas y/o valores como resultado del estudio, la experiencia, la instrucción, el razonamiento y la observación.

El desafío reside en cómo hacer lo que describe esta definición.

“Yo no puedo enseñarte nada, sólo puedo hacerte pensar.” Sócrates

Cada cerebro/mente es único y posee un estilo de aprendizaje particular y distinto. Este es un concepto que quizás compartan tanto alumnos de cualquier área y nivel como docentes. La pregunta es, ¿se enseña y se aprende teniendo en cuenta este concepto? ¿De qué forma aprende un alumno? ¿De qué forma enseña un docente?

Las personas percibimos la información del entorno a través de los sentidos y codificamos esta información en distintos sistemas de representación o canales de comunicación: Visual, Auditivo y Kinestésico. Este último se refiere a las sensaciones, el gusto, el tacto y el olfato. Cada persona, por lo general  usa uno de estos sistemas como el preferido y a partir de allí se “desatan” distintas maneras de prestar atención a distintos elementos. Es decir, las personas van filtrando lo que perciben de distintos modos. Por ende, el formador o docente debe conocer la existencia de estos sistemas para poder entonces apelar a ellos, y así asegurarse de llegar a todos sus alumnos. Por lo tanto, si un alumno percibe más lo visual, va a dejar de lado los elementos orales. Le pasará lo mismo a aquella persona que perciba más a través del canal auditivo o el kinestésico. Por lo tanto, los temas abordados deben contener material de todos los sistemas para así asegurar que llegue a todos los cerebros.

Por lo general, los docentes enseñan de la forma que ellos aprenden y el desafío se encuentra en que enseñen de la manera en que sus alumnos aprenden.

Por último, es importante cuestionarse los siguientes aspectos reales de hoy día:

  • la estructura actual de la educación sigue centrada sólo en la transmisión de conocimientos
  • el silencio en clase es lo que prima
  • la posición de los bancos siempre es en hileras, y el centro de atención es el docente

Muchas veces se deja de lado, especialmente en adolescentes y jóvenes, la transmisión y entrenamiento en áreas que no están incluidas en la currícula y que, desde mi punto de vista, deberían estar presentes abiertamente desde que el niño ingresa en el sistema educativo y que son las habilidades comunicacionales, las habilidades emocionales o el alfabetismo emocional, los valores y los modelos mentales.

Un buen maestro no es quien ya conoce las respuesta y tiene las soluciones, sino quien es capaz de formular preguntas válidas y dirigir el proceso de aprendizaje.” Robert Dilts

Somos todos unos mal-educados

Hace unos días, Cristian Tenuta reflexionaba en este mismo blog sobre el estado actual del sistema educativo y del cambio de paradigma que empieza a necesitarse. Cada vez más estudiantes sienten una incomodidad al aprender,… una piedra en la zapatilla con la que corren su carrera universitaria, una especie de incoherencia sistémica que no pueden entender.  Lo mismo puede extrapolarse a las aulas del nivel primario y secundario. Sin embargo, este pequeño fenómeno social de preguntas y reflexiones sobre el estado actual de la educación, ¿es natural? ¿Por qué sentimos que esto ya no da para más?

Continuando con uno de los ejes temáticos que se abordarán en esta 10ma edición del South American Business Forum – la RFC1educación y el aprendizaje creativo – hoy quisiera compartir la nutrida entrevista que tuve la oportunidad de realizarle a Rosana Fernandez Coto, Directora de la Asociación de Neuroaprendizaje Cognitivo (Buenos Aires). Como Neuropsicoeducadora, y con un máster en Programación Neuro-Lingüística,  la entrevistada ahondó en temas que hoy preocupan en el ámbito educacional. Pero no desde un punto de vista social, o político… desde uno mucho más biológico: nuestro cerebro y su rol en nuestra forma de aprender.

Tomando como punto de vista lo que ocurre en el aula día a día, ¿cómo evaluaría la situación actual de la educación en Argentina?

– “La ciencia que se enseña en la escuela da respuestas poco interesantes a preguntas que nadie se hizo”. Osborne.

Estimo que esta cita ilustra con veracidad la enseñanza que se brinda en la escuela tradicional, que no capacita para proaccionar, desarrollando los procedimientos, sino a reaccionar respondiendo con “contenidos aprendidos”. Sin embargo, creo que hay una nueva generación de docentes que está saliendo de la zona de confort, aquella en la que evitaban ver nuevas alternativas y se conformaban con el saber enciclopédico.

La explosión tecnológica de la década del ’90 ha afectado, en la mayoría de los casos, positivamente a muchas áreas, entre ellas a la educación. Los formadores, de a poco, están tomando conciencia de que es fundamental comprender cómo aprende el cerebro, ya que éste es el órgano del aprendizaje. Según L. Hart: “Enseñar sin saber cómo funciona el cerebro es como querer diseñar un guante sin nunca haber visto una mano.” Esta realidad se está haciendo “visible” para muchos educadores.

¿Cuáles son las principales dificultades que afronta un maestro/profesor a la hora de darle clases a una generación cada vez más digitalizada?

– Una de las principales dificultades es, sin duda, el hecho de que los alumnos son nativos digitales y la mayoría de los docentes son inmigrantes digitales, o sea que, en general, los educandos superan las capacidades del educador en esta área. Por otro lado, muchos docentes aún sienten resistencia a salir de esa zona de confort ya mencionada y adquirir estas nuevas capacidades.

La falta de recursos es también una desventaja para lograr clases “más digitalizadas”.

– En el formato y estructura actuales de la escuela (división por edad, currícula fija, enseñanza por dictado, etc…), ¿están dadas las condiciones para un aprendizaje eficiente de parte de los alumnos? ¿Cuál es la posición de la neurociencia?

– Lo ideal sería construir aulas-talleres donde los alumnos dejen de ser aprendices superficiales y se conviertan en alumnos estratégicos, que aprendan cómo resolver desafíos de distintos tipos desarrollando sus talentos innatos y adquiriendo nuevas capacidades, donde el docente sea sólo una guía, un facilitador y en donde los alumnos aprendan haciendo. El modelo de alumno-profesor es también muy bien visto por las neurociencias ya que aprendemos realmente cuando podemos enseñar, cuando podemos preguntar en forma inteligente.

– ¿Cómo se entiende que el criterio principal para formar un grupo de aprendizaje sea la edad de sus miembros? (típicamente vemos “Salita de 3, de  4, de 5, primer grado (6 años), segundo grado (7 años), etc.). Ciertamente hay intereses compartidos en función del rango etario, pero… ¿qué tan capaz es nuestro cerebro de aprender en un grupo de edades diferentes?

– Cada cerebro es único y cada cerebro tiene un estilo de aprendizaje individual (compuesto de distintas inteligencias múltiples, canales de representación sensorial preferidos, distintas formas de resolver desafíos según la predominancia hemisférica: en forma secuencial, literal, analítica, verbal lógica o en forma global, intuitiva, no verbal, etc.). El estilo de aprendizaje también depende de nuestro género: niños y niñas no aprenden de igual forma, la actividad de sus cerebros depende, en gran parte, del sistema endocrino-hormonal.

Si bien los grupos etarios comparten ciertos intereses, motivaciones, maduración etc., la separación estricta en edades responde casi completamente a fines prácticos.

Un niño puede adquirir la lecto-escritura a los 8 años y ser “más inteligente” que otro que lo logró a las 6, entendiendo por inteligencia la capacidad para resolver desafíos de distintos tipos. Recordemos que los tests que miden el CI sólo miden la inteligencia general y no las habilidades particulares.

El mundo se está tornando cada vez más comunitario y colaborativo y nuevas formas de aprender se están gestando. ¿Hay un fundamento neurológico/biológico de estos cambios?

– Sin duda. En estos últimos 20 años se ha descubierto más sobre el funcionamiento del cerebro que en toda la historia de la humanidad. Sabemos que el cerebro es el órgano del aprendizaje y, como tal va a aprender aunque no le enseñemos, claro que la calidad de esos aprendizajes va a depender del entorno y de las experiencias a las cuales es expuesto.

El cerebro es social y desarrolla las capacidades emocionales personales (autoconocimiento, autorregulación, etc) y las sociales (empatía, liderazgo, influencia, trabajo en equipo, etc.) en relación con el otro.  La base cerebral del alfabetismo emocional son los lóbulos prefrontales, esta área del cerebro es la última que termina en madurar (alrededor de los 25 años).

Está en los padres y en los educadores brindar los recursos para que esta maduración mental (procesos mentales) sea acorde con la maduración cerebral. Por otro lado, la calidad de los desafíos que proponemos facilita (o no) la maduración de esta área.

– ¿Es viable una educación “hecha a medida”, desde un punto de vista social?

– Así es. El primer paso es comprender que no todos aprendemos de la misma manera y que, si alguien no aprende de la manera que le enseñamos es porque no le estamos enseñando de lo manera que él puede aprender. La Neuropedagogía capacita a los docentes para descubrir caminos para “llegar a todos los cerebros”.

– Se dice que una de las fuentes principales de aprendizaje eficiente es la motivación. ¿Dicho popular, o verdad científica comprobada?

– Totalmente científico. Estar motivado significa haber activado el sistema de recompensa cerebral que, en sus distintas etapas, activa distintos neurotransmisores (sustancias químicas que transmiten información): dopamina en un comienzo, cuando algo despierta curiosidad y se focaliza la atención, (nor)adrenalina cuando pasamos a la acción para comprenderlo y resolverlo y serotonina “el neurotransmisor de la satisfacción” cuando logramos el insight. Está en los educadores encontrar los medios para lograr activar este sistema.

– Las redes sociales y la web 2.0 están cambiando paradigmáticamente la forma de aprender, a través de plataformas comunes de información e intercambio. Sin embargo, la escuela “tradicional” no parece darse por enterada. ¿Cómo ve el avance de la neurociencia en el plano de la educación en los próximos años?

– Como directora de una asociación cuyo objetivo es capacitar docentes de todas las áreas y niveles en la neuropedagogía, tengo una mirada optimista. Creo que, a medida que se divulga más esta disciplina cada más son los docentes interesados en involucrarse con este nuevo paradigma educativo.

Es claro: lo que sentimos es natural. Hasta ahora nos han educado mal. HAY necesidad de un cambio paradigmático en la forma de enseñar, para poder aprender como a nuestro cerebro más le gusta. Pero primero, hay que transformar esta sensación en una verdadera exigencia social. Tenemos que aprender… a aprender bien. Y hasta que eso no nos entre, no podremos escapar de este sistema cada vez más obsoleto.

Los que quedamos en el medio

Hoy voy a contarles algo que me pasa a mí, pero que también le esta pasando a mucha otra gente de mi edad. Siento que soy parte de la generación de los que “quedamos en el medio”. Gente de 24 – 27 años, que elegimos una carrera larga, que estamos por terminar, pero que cada día que pasa se nos hace más cuesta arriba llegar a esa ansiada graduación.

Pensamos que si estuviésemos en los primeros años dejaríamos la carrera y haríamos una más corta, vemos que personas cada vez más jóvenes comienzan a frecuentar los espacios en los que nos queremos involucrar. Hacemos muchas cosas a la vez, estudiamos, trabajamos, participamos de organizaciones o tenemos vocación social, pero, por sobre todo, tenemos ganas de emprender nuestro propio proyecto. Y vemos que, por como esta dada la educación hoy en día, ya no importa tanto lo que estudias, sino lo que haces.

Hoy, el acceso a la información y los avances tecnológicos permiten validar hipótesis mucho más rápidamente. De repente, el concepto “Lean” que últimamente se viene mencionando mucho en el ámbito emprendedor, tiene sentido también en la vida real y en la educación. ¿Para qué voy a estar viendo teoría durante 5 o 6 años, si hoy puedo validar mi proyecto en semanas, días o incluso horas?

Un ejemplo es el de Jack Andraka, que a los 15 años, googleando, encontró una forma de detectar el cáncer de2014-04-15-jack-andraka páncreas en forma temprana, no invasiva, con un costo significativamente menor y una precisión casi perfecta. Él utilizó una herramienta a la cual hoy (casi) todos tenemos acceso, procesó esa información, la analizó, y desarrolló los primeros estudios. De nuevo, suena mucho al concepto Lean.

Está claro que esta “crisis de los veintitantos” se va a seguir repitiendo e incluso magnificando en los próximos años. Hace un tiempo escuchaba a Gerry Garbulsky decir que para él no falta mucho para que el próximo Premio Nobel tenga menos de 20 años, o para que el siguiente presidente de una potencia mundial sea un treintañero.

Y en este punto, en donde vemos que todo avanza velozmente, que los tiempos cada vez se acortan más, la educación sigue siendo la misma de hace cientos de años. Las causas son muchas: estructuras grandes sumamente lentas y con mucha resistencia al cambio, personas que gestionan que son de una generación diferente a la nuestra, profesores que enseñan temas ya obsoletos y no conocen las últimas tecnologías, etc. ¿Cómo puede ser que en una materia como Procesos Industriales, en donde se enseñan todos los procesos a los que son sometidos los diferentes materiales, no se mencione en todo el año, ni una vez, la impresión 3D? Algo que, hoy en día, nadie pone en duda que va a revolucionar la industria en los próximos años. Los contenidos de las materias deben ser dinámicos, deben revisarse anualmente, deben adaptarse a los cambios que se dan en el mundo y el mercado.

Como estudiantes vivimos en un mundo en el que, además de ir a la universidad, trabajamos y tenemos miles de estímulos alrededor que desvían nuestra atención. Pero como mencionamos, el sistema educativo, en la mayoría de los casos, se mantiene intacto. Y, para muchos jóvenes, la universidad se empieza a convertir más en un limitante que en una generadora de herramientas y oportunidades. En mi caso, me encanta lo que estudio (Ingeniería Industrial), participo activamente en eventos de mi facultad y soy un agradecido de todo lo que me da. Pero a la vez siento que hace tiempo llegué a un techo, que ya estoy listo para dar el salto y que mi tiempo lo puedo estar aprovechando para hacer cosas que tengan un impacto real. Y creo que esta sensación se va a ir acrecentando para las próximas generaciones.

El colegio técnico y la universidad me dieron otra forma de pensar. Para mí, esa es la clave de la educación para los próximos años. Inevitablemente debe virar hacia algo personalizado, en donde nosotros, ya sea física o virtualmente, podamos elegir qué contenidos queremos aprender. La información está disponible con solo tipear ciertas palabras clave en un buscador en Internet, no necesitamos “comernos” veinte libros con teoría que nunca vamos a llevar a la práctica porque es obsoleta, o simplemente porque es información que vamos a tener al alcance de la mano en el momento en el que la necesitemos. La educación nos debería dar la base, las herramientas, para que nosotros podamos procesar toda esa información y usarla para nuestro beneficio.

Hagamos de la educación algo más práctico y menos teórico. Que la carrera sea un constante proyecto en el cual aprendamos por las acciones que tomamos, en el que equivocarnos no esté mal sino sea parte del aprendizaje necesario. Construyamos una universidad que no sea una fábrica de profesionales estándar preparados para el mundo empresarial, sino que sea una formadora, un acompañante en la búsqueda de la profesión de cada uno de sus estudiantes.