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Jonatán Carné

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El día en que la política pasó a formar parte de los bienes de consumo

¿Son importantes el partido político, la plataforma electoral, las promesas electorales, los objetivos de gobierno y/o la experiencia y formación del candidato? ¿Tenemos en cuenta algunas de esas variables a la hora de votar? ¿Cuánto hay de empatía con los candidatos políticos dependiendo las palabras que utiliza, los colores, la forma de comunicar o los spots publicitarios?

Hoy la política se transformó en un bien de consumo, es un producto que se crea justamente con el objetivo de ser consumido, de llegar a ser funcionario y de cumplir con ciertos objetivos personales o de un espacio. Esto no es nuevo, pero el punto de inflexión se da cuando la imagen pasa a ser más importante que el contenido.

Para que la imagen tome relevancia, es necesario tener un equipo detrás que construya de cero a un candidato. Por lo tanto los candidatos pasan a ser meros productos de un mercado que se mueve según las demandas y percepciones de la sociedad civil. Esa construcción tiene en cuenta desde la imagen física, hasta los discursos, el lenguaje verbal y no verbal, el discurso político, y las acciones que realiza. Se busca, por más que se integra un partido, evitar encasillarse meramente en el partido y alcanzar la mayor cantidad de espacios posibles. Se utilizan los partidos como meras plataformas de ascenso. Se pierde el sentido de pertenencia al mismo y se genera una identidad colectiva en que se sabe qué decir y cómo decirlo.

Para lograr esto, se siguen de cerca los sondeos de la opinión pública sobre temas de interés. La estrategia se basa ya no en un análisis meramente político, sino también en la mercadotecnia. Lo importante es que la estrategia tenga una base clara y que persista, pero que tenga la capacidad de adaptarse a los vaivenes del devenir cotidiano. Justamente, lo esencial es la creatividad.

Muchas veces suele decirse que las marcas en la industria, utilizan el marketing para satisfacer necesidades pero también para crearlas. Y en política se está comenzando a usar la misma concepción. Los candidatos responden a ciertas necesidades que la sociedad civil evidencia, pero también los candidatos a través del discurso crean el colectivo imaginario de nuevas necesidades que ellos y sólo ellos son capaces de satisfacer. Esto pasa a ser clave cuando las personas internalizan esa necesidad. Para esto, la necesidad debe estar bien pensada, debe estar profundamente diseñada.

Los medios de comunicación, a pesar de que se posicionan como actores que informan objetivamente la realidad, no lo son. Y es por eso que la política los utiliza como mecanismo de transmisión, no para la publicidad oficial de campaña, sino en los programas diarios, desde informativos a programas de interés general. Los políticos de hoy, deben tener la capacidad de interactuar con analistas políticos de la misma forma que lo hacen con periodistas de espectáculos. ¿Por qué? Porque la política pasa a ser un espectáculo. Se baja a los políticos del escenario en el que desarrollan la obra, y se los humaniza, pero humanizados como celebridades en donde todo lo que hagan es noticia.

Un valioso ejemplo es Donald Trump, quien fue criticado y deslegitimado en todos los grandes medios masivos de Estados Unidos, pero que paralelamente, estaba diariamente en pantalla y en portada. Su estrategia consistía en ser titular todos los días, para hacer de su imagen la más vista y la más conocida. Importaba más verlo que lo que realmente representaba y decía. La política deja de ser una idea y un llamado a la acción, y pasa a ser un rol actoral, en donde la sociedad civil ocupa el papel de espectador frente a candidatos y funcionarios que tienen los roles protagónicos.

Por otro lado, las nuevas tecnologías de la información y comunicación están siendo importantísimas como las redes sociales que permiten a los políticos tener un vínculo en primera persona con sus seguidores, o incluso, con sus detractores. Por más que quienes manejan las redes no sean los políticos mismos, se genera la idea de que lo son y eso es una herramienta que acerca esa brecha entre gobernantes y gobernados.

Es la mercadotecnia el elemento central que estructura las estrategias de postulación política como consecuencia de la creciente mediatización de la política. Hoy más que nunca puede hablarse de la prensa, o de los medios de comunicación, entendidos en una visión amplia del concepto, para poder incorporar a las TICs, como el cuarto poder. Ese Gran Hermano que lo ve todo y analiza todo, pero que lo impregna de una posición subjetiva.

Es de esta forma como la política poco a poco se fue convirtiendo en un espectáculo, en un producto que los ciudadanos consumen, sean conscientes o no. Dependerá de la propia sociedad civil, de los ciudadanos, saber interpretar este nuevo rostro de la política. Ahora la pregunta es: como ciudadanos ¿estamos conscientes de este nuevo rol de política o lo consumimos como si fuese un producto cualquiera?

Yo Soy Feminista

Todos recordamos el discurso de Emma Watson en la ONU en septiembre de 2014 cuando presentó la campaña #HeForShe (http://www.heforshe.org). Una voz para millones de mujeres que día a día sienten obstáculos, incomodidades, presiones y también violencia de vivir en una sociedad machista. Fue una voz para hacer entrar en razón a muchas personas que, espero, inconscientemente seguían proliferando este modo de organización social en donde hay ciertos derechos que son tradicionalmente reservados para los hombres.

Vivo en Argentina, un país en donde las cifras de violencia contra la mujer son significativas. En 2016 hubo 327 casos de muerte por femicidio en toda la Argentina. Esta cifra evidencia que una mujer murió cada 30 horas en Argentina por un caso de desprecio hacia el género femenino. Sólo son las cifras de los casos denunciados y que tienen una prueba que demuestra el vínculo con el femicidio. Lo cual, deja entrever que el número sería mayor si se tiene en cuenta que no todos los casos se denuncian y en no todos se declara femicidio. Para mediados de febrero de este año la cifra para 2017 destacaba un total de 57 femicidios, lo que da a entender que hay más de un caso por día.

Estos números llaman a la acción. Argentina tomó la iniciativa, las mujeres argentinas salieron a la calle poniendo voz y cara a unos patrones sociales con lo cuales no estaban de acuerdo. Si bien nuestra sociedad evolucionó en muchos aspectos, como por ejemplo la Ley de Matrimonio Igualitario, en otros aspectos se quedó estancada. En 2015 nace el “grito colectivo contra la violencia machista” como dice la página de #NiUnaMenos (http://niunamenos.com.ar). Una convocatoria de un grupo de periodistas, activistas y artistas que vieron la necesidad de hacer una causa como propia y generar una campaña colectiva. Una campaña que se transformó en éxito por el gran grado de adhesión de mujeres y hombres de todo el país y que, incluso, llegó a países limítrofes.

 

¿Qué es la violencia machista?

Escucho continuamente a muchos hombres ofenderse por escuchar la adjetivación de ‘machista’ a este tipo de violencia, bajo el argumento de que son hombres que nunca ofendieron ni denigraron a una mujer. Pero acaso, ¿no vivimos en una sociedad que por años fue construida bajo la dominación de hombres, y por qué no decirlo, hombres blancos, que desterraron a las mujeres y todo aquel a quien consideraban diferente de los ámbitos de poder, de los ámbitos de las toma de decisiones? ¿No vivimos en una sociedad en donde la mujer gana un sueldo menor que el hombre a pesar de tener la misma formación y el mismo cargo jerárquico? ¿No vivimos en una sociedad en donde la mujer es juzgada por cómo se viste, por cómo actúa y cómo es su vida sexual?

El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres.” – Simone de Beauvoir.

Suele acusarse a quién se declare feminista de estar en contra del género masculino. Pero eso habla de un alto nivel de ignorancia y desconocimiento. Según la RAE: “Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres”, esto significa que se iguale a las mujeres con los hombres, y no restar derechos a los hombres como muchos dicen. No se trata de una lucha de géneros, se trata de que el género deje de ser visto como un impedimento. Como lo explica claramente Emma Watson:

“Es conveniente recordar que el feminismo, por definición, es la creencia de que los hombres y las mujeres deberían tener iguales derechos y oportunidades. Es la teoría de la equidad política, económica y social de los sexos”.

Pero no sólo la violencia contra la mujer se ve en los asesinatos por cuestiones de género, se ve en acciones cotidianas. Vivimos en una sociedad que, a pesar de que luchemos continuamente y nos rasguemos las vestiduras para declarar que somos abiertos, que no discriminamos y que tenemos tolerancia, estamos rodeados de prejuicios. La violencia no necesariamente se da de forma física, existe la violencia simbólica, que no es menor, porque es la que sugestiona a las personas y limita su forma de actuar en los espacios públicos.

Los hombres hacen el código moral y que esperan que las mujeres lo aceptan. Ellos han decidido que es totalmente correcto y apropiado para los hombres para luchar por sus libertades y sus derechos, pero eso no es correcto y apropiado para las mujeres para luchar por ellos.” – Emmeline Pankhurst.

La violencia simbólica es aquella que constriñe libertades de forma indirecta, que genera que la propia persona no se permite ciertas acciones por temor o para evitar problemas. Esa violencia que se da todos los días, es la que mayor daño provoca. Es la que se transmite en la familia, en la educación, en los medios de comunicación y en los espacios públicos. Es nuestro trabajo disminuirla y hacerla desaparecer.

Por ahora es más lo que se ganó de derecho que de hecho.

El MERCOSUR ha muerto

Con más de 1 millones de kilómetros cuadrados, con un PBI de más de 4 billones de dólares y con una población de aproximadamente 275 millones de habitantes el MERCOSUR está caracterizado por una historia de impulsos y estancamientos. Después de nacer como un proceso que fue disruptivo para la época, y en especial, por marcar el fin de la tesis de enfrentamiento entre los dos países más grandes de América del Sur, fue perdiendo su impulso.

Durante el mes de marzo de 2016, el MERCOSUR tuvo su aniversario número 25, un evento que fue poco promocionado, que pasó casi inadvertido para la sociedad civil y al que los gobiernos no dieron mucha trascendencia. Los medios de comunicación, a pesar de que no hicieron referencia a dicho aniversario como un evento de trascendencia, lo recordaron en sus publicaciones con títulos que reflejan un ambiente pesimista: “25 años del MERCOSUR y muy poco para festejar” (La Nación, Argentina https://goo.gl/s2ju3R), “Un triste cumpleaños regional” (El Observador, Uruguay https://goo.gl/ENlIOL), “El MERCOSUR cumplirá 25 años de creación y será sin pena ni gloria” (ABC, Paraguay https://goo.gl/VxSKNE) o incluso Globo (Brasil https://goo.gl/YrL3E7) detalló que: “… el aniversario llega en medio de la crisis política de Brasil y del desgaste del bloque”. Sin embargo, hubo dos titulares optimistas: “MERCOSUR, 25 años de éxito” (La Razón https://goo.gl/3oomlE) de Bolivia, país que se encuentra en actual proceso de adhesión, y el de Telesur (https://goo.gl/fNrXXI): “MERCOSUR cumple 25 años apostando a la integración económica” destacando el avance en temáticas sociales y culturales que tuvo a lo largo de la primer década del Siglo XXI el proceso de integración.

Sin embargo, la coyuntura actual demuestra que hay una crisis y una oportunidad del proceso de integración, hay dos caminos posibles, la autocrítica y el llamado a acción, o la resignación. El sistema internacional hasta el 2016 demostraba la importancia de todo Estado de pertenecer a procesos de integración amplios y a grandes bloques económicos, ya que aumenta las posibilidades de transacción, con enormes oportunidades tanto políticas como económicas. Pero el año pasado fue todo un punto de inflexión en la historia de la integración. El Brexit y la elección de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos quien retiró al país del flamante Acuerdo Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) evidencia una incertidumbre en el área económica, geopolítica y también social, especialmente luego de una época en que la diplomacia y las negociaciones internacionales habían generado un ambiente propicio para los bloques económicos, desde el mismo Acuerdo Transpacífico hasta la Alianza del Pacífico, en una intención de enfocar la economía mundial en Asia-Pacífico, lo que se interpreta será el motor de la misma en los próximos años.

Según muchos analistas al MERCOSUR le llegó el momento del ‘Cisne Negro’. Esta teoría plantea la posibilidad de que situaciones inesperadas provoquen un renacer del bloque después de una larga hibernación en un contexto político y económico impredecible e incierto a nivel internacional. Este nuevo impulso tiene que ver, entre otras cosas, con la aparición en América Latina de un nuevo proceso de integración, la Alianza del Pacífico, que se autodenomina como innovador y que sigue a los patrones de la nueva realidad internacional dirigiéndose hacia el nuevo centro de la geopolítica y economía mundial. En contraste con el MERCOSUR que nace en 1991 inspirado en las ideas neoliberales, tras el cambio de clima político sólo hubo avances en la esfera social, cultural y, en algunos casos, política.

Es necesario que el MERCOSUR se adecue a la nueva coyuntura, tanto regional como internacional. Ya que nació en los ’90 en un contexto neoliberal, se desarrolló en los 2000 en un clima político enmarcado en el ‘Giro a la Izquierda’ y ahora se encuentra en un clima regional diferente con el denominado ‘Giro a la Derecha’ (1) y un clima internacional donde parece que el status quo se alterará impredeciblemente. Justamente esa es una de las debilidades del proyecto, que depende casi exclusivamente de la complementación ideológica, del extremo inter-presidencialismo y de los péndulos de las presidencias pro-témpores. Sin embargo, no debe olvidarse que esa sintonía entre gobiernos, esa diplomacia presidencial es el factor del éxito del bloque (2), un bloque que no encaja en los modelos de la integración clásica, porque no hay una institución significativa ni un nivel supranacional. Podríamos decir que el MERCOSUR sigue un modelo propio (3) que justamente es la causa de sus avances pero también de sus obstáculos. No existe un modelo único para los procesos de integración y cooperación, porque cada uno se ajusta a la realidad de sus miembros (4). Nace con la deficiencia de que siguió las prioridades y objetivos de los gobiernos de turno, por lo que ante cada cambio político, queda estancado.

Si nos posicionamos en la actualidad, es posible darse cuenta que después de la primer fase de complementación económica, el bloque no tuvo más avances en ese campo, pero sí atravesó con fortaleza la crisis de 2008 que tuvo origen en los países desarrollados, la congruencia de la política del ‘Giro a la Izquierda’ lo hizo avanzar en el plano social y cultural, y el liderazgo de Brasil primero a nivel regional, y segundo como potencia emergente (5) le dieron cierta dinámica al bloque pero que no pudo traspasar el cambio de clima político.

Hoy, el MERCOSUR se encuentra inmerso en una crisis, pero no es el único proceso de integración que la está atravesando, incluso la Unión Europea (UE) considerada el proceso de integración más profundo y el ejemplo a seguir está en su mayor crisis (6) o el Acuerdo Transpacífico a pocos meses de ver la luz ya atraviesa su primer momento de oscuridad. Sin embargo, el MERCOSUR se encuentra marcado por un cambio de coyuntura política del ‘Giro a la derecha’, el socio más fuerte, Brasil, en estado de crisis social, política y económica, Argentina políticamente dividida pero estable, Uruguay prudente, Paraguay expectante de la incorporación de Bolivia para poder aumentar los flujos comerciales y así salir de la prisión geoestratégica mutua, y el socio más problemático, Venezuela, que tras la muerte de Chávez entró en una crisis político-social que divide al país y hace que el miembro sea suspendido del bloque, pero teniendo la presidencia pro témpore, un desprolijidad que no es menor.

Es por esto que el MERCOSUR ha muerto, vive una crisis de credibilidad y de supervivencia. No supo adaptarse a la nueva época, a la nueva realidad internacional y regional, y tampoco hubo voluntad política de hacerlo ni de avanzar en la profundización económica. Es necesario que los proyectos traspasen las administraciones políticas y sean guiados por los deseos del pueblo, que en un primer momento fue olvidado. Y es necesaria una agenda externa común, ya que la misma es liderada por los socios mayoritarios (Brasil y Argentina) en beneficio de sus propios intereses, que a veces no son complementarios e incluso perjudican a los socios menores. Una agenda común le daría al bloque la herramienta para avanzar en nuevas negociaciones internacionales, profundizar las alianzas actuales y tener una voz propia en los foros internacionales. Con un Brasil inmiscuido en su esfera interna, parecería el momento de Argentina de ser quien lidere el proceso, pero para eso debe priorizar el interés del bloque al interés nacional, y generar instancias que permitan una mejor complementación tras los cambios de las administraciones.

Entre el 20 y 24 de marzo se desarrollará en Argentina la XXVII Ronda del Comité de Negociaciones Birregionales entre el MERCOSUR y la Unión Europea para impulsar las negociaciones comerciales que se encuentran estancadas. Pero el bloque también tiene varios frentes abiertos, negociaciones con la Asociación Europea de Libre Cambio (EFTA), y el acercamiento a Corea, China y Japón. En un Mundo Multiplex, todos los actores tienen posibilidades de aumentar su inserción internacional, siempre y cuando mantengan una estrategia clara (8), es momento de ver si el MERCOSUR puede lograr esa estrategia.

 

(1) Carné, Jonatán. “¿América Latina da un Giro a la Derecha?”, SABF Blog, 2016, http://blog.sabf.org.ar/2016/04/06/america-latina-da-un-giro-a-la-derecha/

(2) Malamud, Andrés. “La diplomacia presidencial y los pilares institucionales del MERCOSUR: un examen empírico”, Revista electrónica “Relaciones Internacionales”, 2010.

(3) Bizzozero, Lincoln. “Los primeros 20 años del Mercosur: del Programa de Liberalización Comercial al Plan Estratégico de Acción Social”, Revista Densidades, 2011.

(4) Peña, Felix. “Los 25 años del Mercosur y opciones en el camino de su evolución futura”, Newsletter, 2016.

(5) Carné, Jonatán. “¿Qué pasó con las potencias emergentes? El Caso de los BRICS.”, SABF Blog, 2016, http://blog.sabf.org.ar/2016/07/06/que-paso-con-las-potencias-emergentes-el-caso-de-los-brics/

(6) Domínguez, Emiliano. “La encrucijada europea: ampliación y Brexit”, SABF Blog, 2017, http://blog.sabf.org.ar/2017/01/30/la-encrucijada-europea-ampliacion-y-brexit/

(7) Acharya, Amitav. “From the Unipolar moment to a Multiplex World”, YaleGlobal Univertisty, 2014.

¿Qué pasó con las potencias emergentes? El caso de los BRICS.

El caso de los BRICS:

¿Qué pasó con las potencias emergentes?

Las potencias emergentes de este siglo parecen estar viviendo una etapa difícil. Los BRICS están atravesando el desafío que determinará su status como potencias emergentes o se transformarán en potencias ‘sumergentes’. ¿Deberán poner en orden sus casas para salir a jugar?

Desde inicios de este siglo parece existir un consenso generalizado de que el mundo se encuentra en una etapa en donde el poder está más desconcentrado, pero que no llega a ser un mundo multipolar. Ciertos países están en mejores condiciones para ascender a una categoría de poder superior a la que tuvieron en décadas anteriores.

Como ejemplo de estos países podemos encontrar al grupo BRICS. Esto nace como reacción a un estudio del grupo de inversión Goldman Sachs de 2001 sobre la capacidad económica, identificando a los mercados que, por su dimensión y crecimiento potencial, podrían lograr un influyente rol como motor de la economía global. Brasil, Rusia, India y China, actuaron como respuesta y vieron esta oportunidad para legitimar su pretensión de protagonismo en el sistema internacional, porque al ser considerados como los futuros motores de la economía mundial, ganaban un disparador para estructurar una estrategia de ascenso como potencias emergentes. Entonces el grupo BRICS surge en un sentido económico para luego transformarse en un foro informal de naciones que buscan incidir en los debates y decisiones de la gobernabilidad global. La incorporación de Sudáfrica, personificando la S del acrónimo BRICS, se da para ganar representatividad pero también obtener alcance político.

Los BRICS ganaron prestigio como las potencias emergentes del Siglo XXI. La atención inicial a sus capacidades reales como el territorio, la población y los recursos materiales, termina viéndose obnubilada por la actividad diplomática de sus funcionarios. Los discursos y análisis pecaron de optimismo sobre la proyección de ascenso de estos países como potencias emergentes. Hoy en día, a 15 años del estudio que dio nacimiento al grupo BRICS, poco se habla de este bloque y la realidad demuestra que cada uno de ellos está enfrentando retos propios y de coyuntura regional, que los llevan a enfocarse primordialmente en su esfera política interna.

Ascenso prematuro

Dentro de la estrategia de los BRICS por posicionarse como potencias emergentes y ser interlocutores válidos entre las ya consideradas potencias y países en desarrollo, se ve la necesidad de reafirmar la condición de ‘emergente’ a través de la construcción de una perspectiva que el resto del mundo tiene de estos países y su correlato en la propia imagen (1).

La mirada externa y la percepción propia construyen una retórica que se basó inicialmente en los recursos reales, pero que luego se transformó en una serie de promesas que no se tradujeron en verdaderas cuotas de poder. Esa tendencia a exagerar el poder, provocó que estas perspectivas proyecten el rol que debería ocupar el país en el futuro asumiendo una tendencia de crecimiento constante, generando la condición de ‘potencia prematura’ (2), sin tener en cuenta otras dimensiones como la política, la militar o la cultural. Continuar leyendo…

¿América Latina da un Giro a la Derecha?

La actual coyuntura latinoamericana es el escenario de amplios análisis por la coexistencia de sucesos que hace algunos años eran impensables y que hoy son la novedad, que despiertan expectativas encontradas y que generan un alto nivel de debate en la sociedad.

Los gobiernos latinoamericanos de inicios del Siglo XXI fueron caracterizados como un “Giro a la Izquierda” ya que no hacían referencia sólo a un cambio electoral, sino que compartieron un denominador común que fue la oposición al consenso político neoliberal de los años ’90 y se propusieron remediar los graves efectos sociales, políticos e institucionales que dejó de herencia dicha década en la región. Sin embargo, tras casi 15 años de gobiernos auto-denominados ‘progresistas’ es visible un fuerte agotamiento de estos modelos, lo que deja el camino libre a nuevas tendencias políticas, que emergieron a partir de la alternancia en el poder realizada por el voto popular. Esta alternancia parece dar inicio a una nueva etapa política que muchos analistas están denominando “Giro a la Derecha” ya que rechaza los postulados de los gobiernos predecesores.

GIRO A LA IZQUIERDA.

El tándem Chávez-Lula representó para las relaciones exteriores de América Latina el inicio de un nuevo período llamado ‘giro a la izquierda’, significó el intento de revisión del modelo neoliberal implementado por el Consenso de Washington.  Así se catapultó a Brasil y a Venezuela como las alternativas de gobierno de izquierda para la región, dos modelos que comparten algunos rasgos, pero diferentes en su metodología.

  • El modelo chavista contiene una tendencia más populista y rupturista, interpelando al pueblo, generando características emocionales, pero concentrando la toma de decisiones, aislando a la oposición y generando confrontación a nivel doméstico.
  • El modelo lulista puede considerarse más racional y gradualista, que aparentemente se abstuvo de no violentar las instituciones y las reglas de juego, se mantuvo el sistema de partidos como medio de representación política, y las decisiones se tomaron por consenso intra e interpartidario, lo cual requirió de una alta capacidad de negociación (1).

Estos modelos tienen eco en el resto de los países de la región, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina (2003-2015), Evo Morales en Bolivia (2006-), Correa en Ecuador (2007-), Lagos (2000-2006) y Bachelet en Chile (2006-2010/2014-), Mujica (2010-2015) y Tabaré Vázquez en Uruguay (2005-2010/2015-), Ortega en Nicaragua (2007-), Lugo en Paraguay (2008-2012), Funes en El Salvador (2009-2014), estos presidentes entre otros forman parte del llamado ‘giro a la izquierda’ a pesar de sus diferencias.

Los gobiernos profundizaron lazos sociales y relaciones mutuas, pero esta época se destacó por una dependencia constante a la exportación de productos primarios como la soja, el petróleo y el cobre, esas exportaciones a elevados precios generó una bonanza económica que generó una caída de la pobreza en un 20% entre 2000 y 2014 según la CEPAL, que se debió en gran parte a un presupuesto significativo para el gasto público, a subsidios, precios controlados y planes de asistencia social. Por otra parte, se legislaron leyes de relevancia y pioneras a nivel mundial, como la ley de matrimonio igualitario en Argentina en 2010 y la ley de identidad de género en 2012, la despenalización del aborto en Uruguay en 2012 y la legalización del cultivo y venta de marihuana en el mismo país en 2013.

Sin embargo, los gobiernos de izquierda sufrieron y aún sufren un grave desgaste. El elevado nivel de gasto público generó graves desequilibrios económicos, además de que no se logró superar la dependencia a la exportación de productos primarios, en un contexto en que uno de los principales socios económicos de la región como es China, y responsable del boom económico de la década, sufrió un estancamiento en su crecimiento. Esto desde el plano económico-comercial, pero desde el ámbito político-social la situación también es grave, hay u alto nivel de polarización de la sociedad que divide a la población y la obliga a elegir entre dos extremos políticos, como si no hubiese puntos medios. Sumado a los cada vez más asombrosos escándalos de corrupción que afectan a varios de los países de la región.

Hoy los países líderes de este ‘giro a la izquierda’ se encuentran sumidos en crisis internas de relevancia evidenciando el agotamiento de dicho modelo. Venezuela entró en una crisis política momentos antes de la muerte de Chávez, donde la caída de los precios del petróleo afectó el financiamiento gubernamental, haciendo que la economía entre en recesión en 2014, en un contexto de división social que persiste al día de hoy; Brasil supo ser la locomotora regional y alcanzar un status de global player, se está desgastando y hoy el ex presidente Lula quien fue en 2009 seleccionado como ‘personaje del año’ por el periódico francés Le Monde y el diario español El País, ‘protagonista de la década’ por el británico Financial Times, y en 2010 ‘personalidad más influyente del mundo’ por la revista estadounidense Time, hoy es investigado en la Operação Lava Jato por el escándalo de corrupción más relevante de la región, y su sucesora Dilma Rousseff perseguida por la posibilidad de un juicio político que amenaza con destituirla.

Si es posible considerar tanto a Chávez como a Lula como líderes carismáticos con capacidad de manejo de la comunicación, es evidente que el espectro que dejaron es de tal magnitud que fue imposible de superar por sus sucesores. Tras su salida de la presidencia, ese carisma no traspasó la gestión y no pudo ser heredado por sus respectivos sucesores, Maduro y Rousseff.

Esta situación que golpea a los líderes del ‘giro a la izquierda’ deja en orfandad al resto de los modelos de izquierda o progresistas, donde ya no sólo es un problema los obstáculos internos para la permanencia en el poder, sino también el escenario internacional, con especial relevancia en el contexto regional. Los gobiernos de izquierda ya no pueden identificarse con el slogan de ‘cambio’ porque llevan más de una década en el poder, esa estrategia es obsoleta, ya no pueden aludir a un anti-neoliberalismo porque su identidad ya está definida. Este desgaste de las izquierdas es paralelo y genera el ambiente propicio para el nacimiento de una nueva derecha (2).

¿GIRO A LA DERECHA?

Una nueva derecha que se diferencia de los parámetros del Siglo XX al no estar vinculada a las Fuerzas Armadas o al autoritarismo, sino que se reinventaron y son fervientes defensores de la democracia social y del liberalismo cultural. Estas derechas compiten con los gobiernos progresistas de izquierda con sus propuestas inclusivas, es una novedad política para América Latina la intención de la derecha de defender las ‘conquistas populares’ y de llegar a construir una sociedad sin tensiones. Sin embargo, dicha identificación no es asumida por los propios partidos/movimientos, sino que es atribuida por otros, generalmente los partidos de izquierda que buscan mantener el poder (3). Es necesario aclarar, hablar de ‘derecha’ política, no es hacer referencia a una doctrina concreta, sino a un conjunto de ideas y valores que se combinan con ciertos patrones de comportamiento para dar inicio a una corriente política, que se define a sí alejándose del otro, en este caso de la izquierda.

Hay determinados fenómenos políticos que dan sustento a la hipótesis de un paso a la derecha en el gobierno:

  • La elección de Mauricio Macri como presidente de Argentina es el acontecimiento que los analistas detectan como posible incubadora de un nuevo movimiento de tablero político en la región, al dar por finalizada la gestión de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner que supo ser un pilar del giro a la izquierda latinoamericana, dando un vuelco a la política exterior nacional de acercamiento a Estados Unidos y Europa, generando un efecto contagio en las políticas exteriores de los países contiguos.
  • La victoria de la oposición en las elecciones legislativas en Venezuela.
  • El resultado negativo del plebiscito por el cual Evo Morales no podrá ser reelecto presidente de Bolivia para un cuarto período.
  • La renuncia a la candidatura de Rafael Correa para mantener su cargo en el ejecutivo ecuatoriano.
  • El contexto regional donde las izquierdas de Brasil y Venezuela están en crisis, y donde se da un deshielo en las relaciones entre los dos ex archienemigos del continente Estados Unidos y Cuba, lo cual también es un golpe a las izquierdas latinoamericanas.

En un contexto internacional donde aparecen populismos, pero populismos de derecha, incentivados por la coyuntura internacional de movimientos migratorios masivos, especialmente de refugiados, por nuevos golpes terroristas en territorios nacionales, estancamiento económico, que dan a estos movimientos la retórica necesaria para engendrarse, como los candidatos presidenciales Donald Trump en Estados Unidos y Marine Le Pen en Francia, a nivel latinoamericano Keiko Fujimori, hija del ex-presidente peruano condenado a prisión por crímenes de lesa humanidad.

CONCLUSIONES.
No es posible dar una respuesta absoluta a la pregunta inicial de este artículo, por varios motivos. Primero, es un fenómeno político-social que aún está en proceso. Segundo, las ciencias sociales no pueden predecir el futuro de las sociedades sino que lo explican. Tercero, es importante entender que todos los acontecimientos enumerados para evidenciar un ‘giro a la derecha’ son hechos disímiles, desde elecciones presidenciales hasta elecciones legislativas, pasando por plebiscitos y decisiones unilaterales de candidatos; sin hacer referencia a las elecciones en Haití que se realizaron bajo la intervención de la Misión de las Naciones Unidas Minustah. Cuarto, tal vez la Adminstración Macri no es el punto inicial de este movimiento en el péndulo político latinoamericano, según Emir Sander las elecciones presidenciales de 2014 en Brasil con una reñida segunda vuelta donde Aecio Neves no logró la victoria “fue un campo de ensayo para el esquema político que terminó resultando en Argentina” (4) o como detalló Álvaro Vargas Llosa la elección de Sebastián Piñera (2010-2014) en Chile podría empujar a la región en la dirección opuesta a la centro-izquierda (5). Lo cierto es que no es posible forzar una conexión entre estos hechos que valide dichas opiniones.

Finalmente, en 2016, además del plebiscito en Bolivia, habrá elecciones en 7 países latinoamericanos: Chile y Costa Rica con elecciones municipales, México con elecciones estaduales y locales, Nicaragua, República Dominicana y Perú con elecciones presidenciales. Elecciones que dejarán certeza si realmente se está llevando a cabo un giro a la derecha latinoamericana.

 

Referencias:

  1. MOREIRA, C; RAUS, D. Y GÓMEZ LEYTON, JC. “La nueva política en América Latina. Rupturas y continuidades”, Ediciones Trilce, 2008.
  2. STEFANONI, P. “La lulización de la izquierda latinoamericana”, Le Monde Diplomatique – Edición Cono Sur -, 2014.
  3. GIORDANO, V. “¿Qué hay de nuevo en las «nuevas derechas»?”, Nueva Sociedad Nº 254, 2014.
  4. “¿América Latina ahora irá hacia la derecha?”, Semana, 28 de noviembre de 2015. Disponible en: http://goo.gl/5BQW2B
  5. VARGAS LLOSA, A. “¿Vuelco a la derecha en América Latina?”, ABC.es, 9 de enero de 2010. Disponible en: http://goo.gl/yK8dhM