SABF Author

Jonatán Carné

SABF Blog

Archive

El MERCOSUR ha muerto

Con más de 1 millones de kilómetros cuadrados, con un PBI de más de 4 billones de dólares y con una población de aproximadamente 275 millones de habitantes el MERCOSUR está caracterizado por una historia de impulsos y estancamientos. Después de nacer como un proceso que fue disruptivo para la época, y en especial, por marcar el fin de la tesis de enfrentamiento entre los dos países más grandes de América del Sur, fue perdiendo su impulso.

Durante el mes de marzo de 2016, el MERCOSUR tuvo su aniversario número 25, un evento que fue poco promocionado, que pasó casi inadvertido para la sociedad civil y al que los gobiernos no dieron mucha trascendencia. Los medios de comunicación, a pesar de que no hicieron referencia a dicho aniversario como un evento de trascendencia, lo recordaron en sus publicaciones con títulos que reflejan un ambiente pesimista: “25 años del MERCOSUR y muy poco para festejar” (La Nación, Argentina https://goo.gl/s2ju3R), “Un triste cumpleaños regional” (El Observador, Uruguay https://goo.gl/ENlIOL), “El MERCOSUR cumplirá 25 años de creación y será sin pena ni gloria” (ABC, Paraguay https://goo.gl/VxSKNE) o incluso Globo (Brasil https://goo.gl/YrL3E7) detalló que: “… el aniversario llega en medio de la crisis política de Brasil y del desgaste del bloque”. Sin embargo, hubo dos titulares optimistas: “MERCOSUR, 25 años de éxito” (La Razón https://goo.gl/3oomlE) de Bolivia, país que se encuentra en actual proceso de adhesión, y el de Telesur (https://goo.gl/fNrXXI): “MERCOSUR cumple 25 años apostando a la integración económica” destacando el avance en temáticas sociales y culturales que tuvo a lo largo de la primer década del Siglo XXI el proceso de integración.

Sin embargo, la coyuntura actual demuestra que hay una crisis y una oportunidad del proceso de integración, hay dos caminos posibles, la autocrítica y el llamado a acción, o la resignación. El sistema internacional hasta el 2016 demostraba la importancia de todo Estado de pertenecer a procesos de integración amplios y a grandes bloques económicos, ya que aumenta las posibilidades de transacción, con enormes oportunidades tanto políticas como económicas. Pero el año pasado fue todo un punto de inflexión en la historia de la integración. El Brexit y la elección de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos quien retiró al país del flamante Acuerdo Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) evidencia una incertidumbre en el área económica, geopolítica y también social, especialmente luego de una época en que la diplomacia y las negociaciones internacionales habían generado un ambiente propicio para los bloques económicos, desde el mismo Acuerdo Transpacífico hasta la Alianza del Pacífico, en una intención de enfocar la economía mundial en Asia-Pacífico, lo que se interpreta será el motor de la misma en los próximos años.

Según muchos analistas al MERCOSUR le llegó el momento del ‘Cisne Negro’. Esta teoría plantea la posibilidad de que situaciones inesperadas provoquen un renacer del bloque después de una larga hibernación en un contexto político y económico impredecible e incierto a nivel internacional. Este nuevo impulso tiene que ver, entre otras cosas, con la aparición en América Latina de un nuevo proceso de integración, la Alianza del Pacífico, que se autodenomina como innovador y que sigue a los patrones de la nueva realidad internacional dirigiéndose hacia el nuevo centro de la geopolítica y economía mundial. En contraste con el MERCOSUR que nace en 1991 inspirado en las ideas neoliberales, tras el cambio de clima político sólo hubo avances en la esfera social, cultural y, en algunos casos, política.

Es necesario que el MERCOSUR se adecue a la nueva coyuntura, tanto regional como internacional. Ya que nació en los ’90 en un contexto neoliberal, se desarrolló en los 2000 en un clima político enmarcado en el ‘Giro a la Izquierda’ y ahora se encuentra en un clima regional diferente con el denominado ‘Giro a la Derecha’ (1) y un clima internacional donde parece que el status quo se alterará impredeciblemente. Justamente esa es una de las debilidades del proyecto, que depende casi exclusivamente de la complementación ideológica, del extremo inter-presidencialismo y de los péndulos de las presidencias pro-témpores. Sin embargo, no debe olvidarse que esa sintonía entre gobiernos, esa diplomacia presidencial es el factor del éxito del bloque (2), un bloque que no encaja en los modelos de la integración clásica, porque no hay una institución significativa ni un nivel supranacional. Podríamos decir que el MERCOSUR sigue un modelo propio (3) que justamente es la causa de sus avances pero también de sus obstáculos. No existe un modelo único para los procesos de integración y cooperación, porque cada uno se ajusta a la realidad de sus miembros (4). Nace con la deficiencia de que siguió las prioridades y objetivos de los gobiernos de turno, por lo que ante cada cambio político, queda estancado.

Si nos posicionamos en la actualidad, es posible darse cuenta que después de la primer fase de complementación económica, el bloque no tuvo más avances en ese campo, pero sí atravesó con fortaleza la crisis de 2008 que tuvo origen en los países desarrollados, la congruencia de la política del ‘Giro a la Izquierda’ lo hizo avanzar en el plano social y cultural, y el liderazgo de Brasil primero a nivel regional, y segundo como potencia emergente (5) le dieron cierta dinámica al bloque pero que no pudo traspasar el cambio de clima político.

Hoy, el MERCOSUR se encuentra inmerso en una crisis, pero no es el único proceso de integración que la está atravesando, incluso la Unión Europea (UE) considerada el proceso de integración más profundo y el ejemplo a seguir está en su mayor crisis (6) o el Acuerdo Transpacífico a pocos meses de ver la luz ya atraviesa su primer momento de oscuridad. Sin embargo, el MERCOSUR se encuentra marcado por un cambio de coyuntura política del ‘Giro a la derecha’, el socio más fuerte, Brasil, en estado de crisis social, política y económica, Argentina políticamente dividida pero estable, Uruguay prudente, Paraguay expectante de la incorporación de Bolivia para poder aumentar los flujos comerciales y así salir de la prisión geoestratégica mutua, y el socio más problemático, Venezuela, que tras la muerte de Chávez entró en una crisis político-social que divide al país y hace que el miembro sea suspendido del bloque, pero teniendo la presidencia pro témpore, un desprolijidad que no es menor.

Es por esto que el MERCOSUR ha muerto, vive una crisis de credibilidad y de supervivencia. No supo adaptarse a la nueva época, a la nueva realidad internacional y regional, y tampoco hubo voluntad política de hacerlo ni de avanzar en la profundización económica. Es necesario que los proyectos traspasen las administraciones políticas y sean guiados por los deseos del pueblo, que en un primer momento fue olvidado. Y es necesaria una agenda externa común, ya que la misma es liderada por los socios mayoritarios (Brasil y Argentina) en beneficio de sus propios intereses, que a veces no son complementarios e incluso perjudican a los socios menores. Una agenda común le daría al bloque la herramienta para avanzar en nuevas negociaciones internacionales, profundizar las alianzas actuales y tener una voz propia en los foros internacionales. Con un Brasil inmiscuido en su esfera interna, parecería el momento de Argentina de ser quien lidere el proceso, pero para eso debe priorizar el interés del bloque al interés nacional, y generar instancias que permitan una mejor complementación tras los cambios de las administraciones.

Entre el 20 y 24 de marzo se desarrollará en Argentina la XXVII Ronda del Comité de Negociaciones Birregionales entre el MERCOSUR y la Unión Europea para impulsar las negociaciones comerciales que se encuentran estancadas. Pero el bloque también tiene varios frentes abiertos, negociaciones con la Asociación Europea de Libre Cambio (EFTA), y el acercamiento a Corea, China y Japón. En un Mundo Multiplex, todos los actores tienen posibilidades de aumentar su inserción internacional, siempre y cuando mantengan una estrategia clara (8), es momento de ver si el MERCOSUR puede lograr esa estrategia.

 

(1) Carné, Jonatán. “¿América Latina da un Giro a la Derecha?”, SABF Blog, 2016, http://blog.sabf.org.ar/2016/04/06/america-latina-da-un-giro-a-la-derecha/

(2) Malamud, Andrés. “La diplomacia presidencial y los pilares institucionales del MERCOSUR: un examen empírico”, Revista electrónica “Relaciones Internacionales”, 2010.

(3) Bizzozero, Lincoln. “Los primeros 20 años del Mercosur: del Programa de Liberalización Comercial al Plan Estratégico de Acción Social”, Revista Densidades, 2011.

(4) Peña, Felix. “Los 25 años del Mercosur y opciones en el camino de su evolución futura”, Newsletter, 2016.

(5) Carné, Jonatán. “¿Qué pasó con las potencias emergentes? El Caso de los BRICS.”, SABF Blog, 2016, http://blog.sabf.org.ar/2016/07/06/que-paso-con-las-potencias-emergentes-el-caso-de-los-brics/

(6) Domínguez, Emiliano. “La encrucijada europea: ampliación y Brexit”, SABF Blog, 2017, http://blog.sabf.org.ar/2017/01/30/la-encrucijada-europea-ampliacion-y-brexit/

(7) Acharya, Amitav. “From the Unipolar moment to a Multiplex World”, YaleGlobal Univertisty, 2014.

¿Qué pasó con las potencias emergentes? El caso de los BRICS.

El caso de los BRICS:

¿Qué pasó con las potencias emergentes?

Las potencias emergentes de este siglo parecen estar viviendo una etapa difícil. Los BRICS están atravesando el desafío que determinará su status como potencias emergentes o se transformarán en potencias ‘sumergentes’. ¿Deberán poner en orden sus casas para salir a jugar?

Desde inicios de este siglo parece existir un consenso generalizado de que el mundo se encuentra en una etapa en donde el poder está más desconcentrado, pero que no llega a ser un mundo multipolar. Ciertos países están en mejores condiciones para ascender a una categoría de poder superior a la que tuvieron en décadas anteriores.

Como ejemplo de estos países podemos encontrar al grupo BRICS. Esto nace como reacción a un estudio del grupo de inversión Goldman Sachs de 2001 sobre la capacidad económica, identificando a los mercados que, por su dimensión y crecimiento potencial, podrían lograr un influyente rol como motor de la economía global. Brasil, Rusia, India y China, actuaron como respuesta y vieron esta oportunidad para legitimar su pretensión de protagonismo en el sistema internacional, porque al ser considerados como los futuros motores de la economía mundial, ganaban un disparador para estructurar una estrategia de ascenso como potencias emergentes. Entonces el grupo BRICS surge en un sentido económico para luego transformarse en un foro informal de naciones que buscan incidir en los debates y decisiones de la gobernabilidad global. La incorporación de Sudáfrica, personificando la S del acrónimo BRICS, se da para ganar representatividad pero también obtener alcance político.

Los BRICS ganaron prestigio como las potencias emergentes del Siglo XXI. La atención inicial a sus capacidades reales como el territorio, la población y los recursos materiales, termina viéndose obnubilada por la actividad diplomática de sus funcionarios. Los discursos y análisis pecaron de optimismo sobre la proyección de ascenso de estos países como potencias emergentes. Hoy en día, a 15 años del estudio que dio nacimiento al grupo BRICS, poco se habla de este bloque y la realidad demuestra que cada uno de ellos está enfrentando retos propios y de coyuntura regional, que los llevan a enfocarse primordialmente en su esfera política interna.

Ascenso prematuro

Dentro de la estrategia de los BRICS por posicionarse como potencias emergentes y ser interlocutores válidos entre las ya consideradas potencias y países en desarrollo, se ve la necesidad de reafirmar la condición de ‘emergente’ a través de la construcción de una perspectiva que el resto del mundo tiene de estos países y su correlato en la propia imagen (1).

La mirada externa y la percepción propia construyen una retórica que se basó inicialmente en los recursos reales, pero que luego se transformó en una serie de promesas que no se tradujeron en verdaderas cuotas de poder. Esa tendencia a exagerar el poder, provocó que estas perspectivas proyecten el rol que debería ocupar el país en el futuro asumiendo una tendencia de crecimiento constante, generando la condición de ‘potencia prematura’ (2), sin tener en cuenta otras dimensiones como la política, la militar o la cultural. Continue reading…

¿América Latina da un Giro a la Derecha?

La actual coyuntura latinoamericana es el escenario de amplios análisis por la coexistencia de sucesos que hace algunos años eran impensables y que hoy son la novedad, que despiertan expectativas encontradas y que generan un alto nivel de debate en la sociedad.

Los gobiernos latinoamericanos de inicios del Siglo XXI fueron caracterizados como un “Giro a la Izquierda” ya que no hacían referencia sólo a un cambio electoral, sino que compartieron un denominador común que fue la oposición al consenso político neoliberal de los años ’90 y se propusieron remediar los graves efectos sociales, políticos e institucionales que dejó de herencia dicha década en la región. Sin embargo, tras casi 15 años de gobiernos auto-denominados ‘progresistas’ es visible un fuerte agotamiento de estos modelos, lo que deja el camino libre a nuevas tendencias políticas, que emergieron a partir de la alternancia en el poder realizada por el voto popular. Esta alternancia parece dar inicio a una nueva etapa política que muchos analistas están denominando “Giro a la Derecha” ya que rechaza los postulados de los gobiernos predecesores.

GIRO A LA IZQUIERDA.

El tándem Chávez-Lula representó para las relaciones exteriores de América Latina el inicio de un nuevo período llamado ‘giro a la izquierda’, significó el intento de revisión del modelo neoliberal implementado por el Consenso de Washington.  Así se catapultó a Brasil y a Venezuela como las alternativas de gobierno de izquierda para la región, dos modelos que comparten algunos rasgos, pero diferentes en su metodología.

  • El modelo chavista contiene una tendencia más populista y rupturista, interpelando al pueblo, generando características emocionales, pero concentrando la toma de decisiones, aislando a la oposición y generando confrontación a nivel doméstico.
  • El modelo lulista puede considerarse más racional y gradualista, que aparentemente se abstuvo de no violentar las instituciones y las reglas de juego, se mantuvo el sistema de partidos como medio de representación política, y las decisiones se tomaron por consenso intra e interpartidario, lo cual requirió de una alta capacidad de negociación (1).

Estos modelos tienen eco en el resto de los países de la región, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina (2003-2015), Evo Morales en Bolivia (2006-), Correa en Ecuador (2007-), Lagos (2000-2006) y Bachelet en Chile (2006-2010/2014-), Mujica (2010-2015) y Tabaré Vázquez en Uruguay (2005-2010/2015-), Ortega en Nicaragua (2007-), Lugo en Paraguay (2008-2012), Funes en El Salvador (2009-2014), estos presidentes entre otros forman parte del llamado ‘giro a la izquierda’ a pesar de sus diferencias.

Los gobiernos profundizaron lazos sociales y relaciones mutuas, pero esta época se destacó por una dependencia constante a la exportación de productos primarios como la soja, el petróleo y el cobre, esas exportaciones a elevados precios generó una bonanza económica que generó una caída de la pobreza en un 20% entre 2000 y 2014 según la CEPAL, que se debió en gran parte a un presupuesto significativo para el gasto público, a subsidios, precios controlados y planes de asistencia social. Por otra parte, se legislaron leyes de relevancia y pioneras a nivel mundial, como la ley de matrimonio igualitario en Argentina en 2010 y la ley de identidad de género en 2012, la despenalización del aborto en Uruguay en 2012 y la legalización del cultivo y venta de marihuana en el mismo país en 2013.

Sin embargo, los gobiernos de izquierda sufrieron y aún sufren un grave desgaste. El elevado nivel de gasto público generó graves desequilibrios económicos, además de que no se logró superar la dependencia a la exportación de productos primarios, en un contexto en que uno de los principales socios económicos de la región como es China, y responsable del boom económico de la década, sufrió un estancamiento en su crecimiento. Esto desde el plano económico-comercial, pero desde el ámbito político-social la situación también es grave, hay u alto nivel de polarización de la sociedad que divide a la población y la obliga a elegir entre dos extremos políticos, como si no hubiese puntos medios. Sumado a los cada vez más asombrosos escándalos de corrupción que afectan a varios de los países de la región.

Hoy los países líderes de este ‘giro a la izquierda’ se encuentran sumidos en crisis internas de relevancia evidenciando el agotamiento de dicho modelo. Venezuela entró en una crisis política momentos antes de la muerte de Chávez, donde la caída de los precios del petróleo afectó el financiamiento gubernamental, haciendo que la economía entre en recesión en 2014, en un contexto de división social que persiste al día de hoy; Brasil supo ser la locomotora regional y alcanzar un status de global player, se está desgastando y hoy el ex presidente Lula quien fue en 2009 seleccionado como ‘personaje del año’ por el periódico francés Le Monde y el diario español El País, ‘protagonista de la década’ por el británico Financial Times, y en 2010 ‘personalidad más influyente del mundo’ por la revista estadounidense Time, hoy es investigado en la Operação Lava Jato por el escándalo de corrupción más relevante de la región, y su sucesora Dilma Rousseff perseguida por la posibilidad de un juicio político que amenaza con destituirla.

Si es posible considerar tanto a Chávez como a Lula como líderes carismáticos con capacidad de manejo de la comunicación, es evidente que el espectro que dejaron es de tal magnitud que fue imposible de superar por sus sucesores. Tras su salida de la presidencia, ese carisma no traspasó la gestión y no pudo ser heredado por sus respectivos sucesores, Maduro y Rousseff.

Esta situación que golpea a los líderes del ‘giro a la izquierda’ deja en orfandad al resto de los modelos de izquierda o progresistas, donde ya no sólo es un problema los obstáculos internos para la permanencia en el poder, sino también el escenario internacional, con especial relevancia en el contexto regional. Los gobiernos de izquierda ya no pueden identificarse con el slogan de ‘cambio’ porque llevan más de una década en el poder, esa estrategia es obsoleta, ya no pueden aludir a un anti-neoliberalismo porque su identidad ya está definida. Este desgaste de las izquierdas es paralelo y genera el ambiente propicio para el nacimiento de una nueva derecha (2).

¿GIRO A LA DERECHA?

Una nueva derecha que se diferencia de los parámetros del Siglo XX al no estar vinculada a las Fuerzas Armadas o al autoritarismo, sino que se reinventaron y son fervientes defensores de la democracia social y del liberalismo cultural. Estas derechas compiten con los gobiernos progresistas de izquierda con sus propuestas inclusivas, es una novedad política para América Latina la intención de la derecha de defender las ‘conquistas populares’ y de llegar a construir una sociedad sin tensiones. Sin embargo, dicha identificación no es asumida por los propios partidos/movimientos, sino que es atribuida por otros, generalmente los partidos de izquierda que buscan mantener el poder (3). Es necesario aclarar, hablar de ‘derecha’ política, no es hacer referencia a una doctrina concreta, sino a un conjunto de ideas y valores que se combinan con ciertos patrones de comportamiento para dar inicio a una corriente política, que se define a sí alejándose del otro, en este caso de la izquierda.

Hay determinados fenómenos políticos que dan sustento a la hipótesis de un paso a la derecha en el gobierno:

  • La elección de Mauricio Macri como presidente de Argentina es el acontecimiento que los analistas detectan como posible incubadora de un nuevo movimiento de tablero político en la región, al dar por finalizada la gestión de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner que supo ser un pilar del giro a la izquierda latinoamericana, dando un vuelco a la política exterior nacional de acercamiento a Estados Unidos y Europa, generando un efecto contagio en las políticas exteriores de los países contiguos.
  • La victoria de la oposición en las elecciones legislativas en Venezuela.
  • El resultado negativo del plebiscito por el cual Evo Morales no podrá ser reelecto presidente de Bolivia para un cuarto período.
  • La renuncia a la candidatura de Rafael Correa para mantener su cargo en el ejecutivo ecuatoriano.
  • El contexto regional donde las izquierdas de Brasil y Venezuela están en crisis, y donde se da un deshielo en las relaciones entre los dos ex archienemigos del continente Estados Unidos y Cuba, lo cual también es un golpe a las izquierdas latinoamericanas.

En un contexto internacional donde aparecen populismos, pero populismos de derecha, incentivados por la coyuntura internacional de movimientos migratorios masivos, especialmente de refugiados, por nuevos golpes terroristas en territorios nacionales, estancamiento económico, que dan a estos movimientos la retórica necesaria para engendrarse, como los candidatos presidenciales Donald Trump en Estados Unidos y Marine Le Pen en Francia, a nivel latinoamericano Keiko Fujimori, hija del ex-presidente peruano condenado a prisión por crímenes de lesa humanidad.

CONCLUSIONES.
No es posible dar una respuesta absoluta a la pregunta inicial de este artículo, por varios motivos. Primero, es un fenómeno político-social que aún está en proceso. Segundo, las ciencias sociales no pueden predecir el futuro de las sociedades sino que lo explican. Tercero, es importante entender que todos los acontecimientos enumerados para evidenciar un ‘giro a la derecha’ son hechos disímiles, desde elecciones presidenciales hasta elecciones legislativas, pasando por plebiscitos y decisiones unilaterales de candidatos; sin hacer referencia a las elecciones en Haití que se realizaron bajo la intervención de la Misión de las Naciones Unidas Minustah. Cuarto, tal vez la Adminstración Macri no es el punto inicial de este movimiento en el péndulo político latinoamericano, según Emir Sander las elecciones presidenciales de 2014 en Brasil con una reñida segunda vuelta donde Aecio Neves no logró la victoria “fue un campo de ensayo para el esquema político que terminó resultando en Argentina” (4) o como detalló Álvaro Vargas Llosa la elección de Sebastián Piñera (2010-2014) en Chile podría empujar a la región en la dirección opuesta a la centro-izquierda (5). Lo cierto es que no es posible forzar una conexión entre estos hechos que valide dichas opiniones.

Finalmente, en 2016, además del plebiscito en Bolivia, habrá elecciones en 7 países latinoamericanos: Chile y Costa Rica con elecciones municipales, México con elecciones estaduales y locales, Nicaragua, República Dominicana y Perú con elecciones presidenciales. Elecciones que dejarán certeza si realmente se está llevando a cabo un giro a la derecha latinoamericana.

 

Referencias:

  1. MOREIRA, C; RAUS, D. Y GÓMEZ LEYTON, JC. “La nueva política en América Latina. Rupturas y continuidades”, Ediciones Trilce, 2008.
  2. STEFANONI, P. “La lulización de la izquierda latinoamericana”, Le Monde Diplomatique – Edición Cono Sur -, 2014.
  3. GIORDANO, V. “¿Qué hay de nuevo en las «nuevas derechas»?”, Nueva Sociedad Nº 254, 2014.
  4. “¿América Latina ahora irá hacia la derecha?”, Semana, 28 de noviembre de 2015. Disponible en: http://goo.gl/5BQW2B
  5. VARGAS LLOSA, A. “¿Vuelco a la derecha en América Latina?”, ABC.es, 9 de enero de 2010. Disponible en: http://goo.gl/yK8dhM