El costo ético de la tecnología

La cuestión de lo correcto e incorrecto nunca es blanca y negra, y el público general asocia la cuestión de la ética en la misma categoría. Si buscas en Google “correcto e incorrecto”, el buscador automáticamente genera “ética correcta e incorrecta”. No hace mucho tiempo alguien me preguntó, “¿Cuál es la diferencia entre la moral y la ética al tomar decisiones?”. Según el Diccionario de Oxford, ética es “el conjunto de principios morales que gobiernan el comportamiento de una persona o de un grupo de personas” y moral es “el conjunto de normas de comportamiento o de creencias que una persona tiene acerca de lo que ésta considera aceptable o no hacer”. Después de investigar sobre este tema llegué a la conclusión que la moral cambia la ética. La ética es la derivada de la moral. Cuando la tecnología es introducida a la cuestión ética, se agrega una nueva dimensión a analizar.

Mientras escribía sobre este tema, me preguntaba sobre el costo de cada búsqueda que realicé en Google para buscar información. Actualmente,etica-tecnologia cada vez que el público usa Google, acepta entregar información a ese buscador para que sea la utilizada para algún fin comercial. No puedo recordar el número exacto de búsquedas en Google que hice hoy, pero estoy seguro que fue más de cincuenta. Si cada vez que lo utilizo Google almacena información sobre mi búsqueda, ubicación, idioma, enlaces en los que haya hecho click, tiempo permanecido en cada enlace, y quién sabe qué más; eso me hace un cliente valioso. Lo más interesante es que estoy completamente de acuerdo con esto, porque acepto utilizar este servicio gratis a cambio de mi información. Encuentro fascinante que mi información sea, en su propia manera, un tipo de moneda. No sólo mi información concreta es valiosa, sino que mis opiniones proveen otro conjunto de información. Incluso si mis opiniones cambian luego de un mes, mi opinión en ese instante ayuda a crear información que alguien encontró valiosa.

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La economía de tu vida (y de tu mundo)

El pasado 7 de octubre se realizó la segunda jornada del ciclo de charlas organizado por el SABF. En esta ocasión hemos recibido a Tomás Bulat, economista y autor de “Economía Descubierta” y “La Economía de tu Vida”. En la charla Tomás habló principalmente dos temas: cómo la economía afecta nuestra vida, y cómo será el desarrollo del mundo y sus implicancias en los próximos 40 años.

 

La Economía de tu Vida

La vida está conformada por decisiones. Algunas son grandes decisiones: ¿dónde estudio?, ¿con quién me caso? Sin embargo, la gran mayoríabulat1_opt de las decisiones son pequeñas: ¿salgo a comer afuera?, ¿me endeudo?, ¿voy al cine?. Muchas de estas decisiones son decisiones económicas. Pero, mucha gente suele decir “yo no entiendo nada de economía”. No saber cómo funciona un motor no impide que la gente maneje. Lo mismo sucede con la economía; no saber cómo funciona no impide que hagamos economía, ya que la toma de decisiones económicas implica el ejercicio de la economía.

Tomás sostiene que para poder tomar mejores decisiones económicas debemos entender mejor la economía. Inflación, control cambiario, convertibilidad; son ejemplos de términos económicos que hemos escuchado muchas veces. Pero, ¿sabemos realmente qué significan? O más importante aún, ¿sabemos qué implican?  El comprender la economía, según Tomás, conlleva a que las personas puedan cuidar sus ahorros, defender lo suyo. En sus libros, él busca proveer a los lectores de herramientas y consejos… pero no soluciones ya que, aunque a todos nos pasa lo mismo, somos todos distintos, y la mejor decisión depende de la situación en las que nos encontremos.

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El hambre no fue al colegio

En cualquier curso básico de Introducción al Derecho se explica por qué existen las normas (leyes, decretos, ordenanzas, disposiciones, etc.) que rigen nuestra vida diaria. Y aunque uno estudie paisajismo, ingeniería o diagnóstico por imágenes, no resulta difícil de entender: vivimos en sociedad y no podemos comportarnos de cualquier manera. En un sistema democrático, parte de los representantes del pueblo se abocan a la complicada tarea de describir las actitudes que – como sociedad – consideramos aceptables y aquellas que no. Es decir que en este sistema, el pueblo deposita la confianza en un grupo de personas para que determine las reglas bajo las cuales tenemos que comportarnos cuando salimos a la calle. Una ley no es más que eso: la disposición de nuestros derechos y obligaciones para poder llevar adelante nuestra vida de manera tranquila, aceptando que el resto de la población vela por lo mismo.

En Argentina (y seguramente en muchos otros países), todos los días vivenciamos situaciones que no entran, desafortunadamente, en la categoría de socialmente aceptables, tal como piden esos textos. Y no me refiero particularmente a aquellos graves hechos delictivos, que implican daños a la integridad física de alguna persona (como robos violentos, secuestros, violaciones, asesinatos, etc.). Tampoco a situaciones de extrema posición filosófica (eutanasia, aborto, fertilización asistida, etc.). Existen por doquier situaciones menores, pero no por ello menos importantes, que no podemos considerar aceptables para nuestra sociedad. Para estos casos,  sería interesante analizar dos cosas:

  1.    Por qué ocurren
  2.    Qué podríamos hacer para mejorar

Las situaciones a las que me refiero son variadas: no levantar la caca del perro, tirar basura en la vía pública, aceptar que un desconocido nos pida plata para “cuidarnos” el auto, ocupar la mitad de la vereda para vender mercadería… etc. Todas cosas que ocurren diariamente y que son practicadas por ciudadanos. Ciudadanos como yo,… como vos, como todos (al mejor estilo Leon Gieco). Gente que es parte de esta sociedad y decide voluntariamente no comportarse como debería…(al menos según nuestra propia ley).

Tomemos el último ejemplo: vendedores ambulantes que ocupan la mitad de una vereda para promocionar sus productos. Discusión interminable sobre la aceptabilidad de esta situación. Por un lado, los vendedores: alegan que están en su derecho de realizar una actividad comercial que les permita llevar un plato de comida a su casa. No sabrán ni conocerán otra forma de hacerlo que no sea esa. Del otro lado, la ley… la regulación de la vida en sociedad: es claro que es ilegal desde varios puntos de vista (impositivo, civil y comercial).

manteros

¿Es necesario que quede escrito en algún lado que esta actividad debería ser considerada socialmente inaceptable? Interrumpir o dificultar la circulación en vía pública, no pagar impuestos, no registrar las ventas, competir de manera injusta con comercios del mismo rubro… (¡y ni hablar si la mercadería no es de origen lícito!). Las razones por las cuales esta actividad no debería ser considerada aceptable por todos nosotros son varias; y todas están basadas en valores que – como sociedad – defendemos y fomentamos. [Si alguno está pensando “mostrame un ejemplo de ley que lo diga”, aquí le dejo una para la Ciudad de Buenos Aires: Ley 1166 del Código de Habilitaciones de la Ciudad de Buenos Aires, Capítulo 11.1, “Permisos de uso en el Espacio Público”, artículo 11.1.17].

A mi entender, es claro: esto no debería ser aceptado. Sin embargo, sigue ocurriendo y lo seguirá haciendo. ¿Es justificable realizar una actividad ilegal para un buen fin? “Es mi única fuente de ingreso y con esto le doy de comer a mis hijos”, ¿es suficiente? Validando este punto de vista, ¿no deberíamos validar el de quien sale a robar para poder comer? Por supuesto, una situación es más grave que la otra… pero son igual de ilegales… igual de socialmente inaceptables.

¿Por qué ocurren estas situaciones? Cuando la excusa es el hambre y el sustento familiar, parece que los valores bajo los cuales construimos nuestra vida en sociedad quedan desautorizados (manteros, cuida-coches, etc.). Y peor aún, algunos valores se pierden sin siquiera tener una excusa (tirar basura en la calle, no levantar la caca del perro, etc.)… Y estoy hablando sólo de situaciones menores, en las que la propiedad privada y la integridad física de cada uno no se ven comprometidas.

Si entendemos de una vez que lo más importante a enseñarle a una persona son las actitudes que aceptamos como sociedad, vamos a dejar de pelear por los contenidos técnicos de una currícula y vamos a empezar a llevarnos mejor. Realmente me pregunto: ¿tan difícil es? ¿Se necesitan estudios de alto grado para comprender que lo que importa es que eduquemos actitudes y no que forcemos conocimientos? Discutimos miles de reglas complejas, pero ninguna de convivencia básica…