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Catalina Galvez

Blog Team 2017

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Me gradué… y, ¿ahora qué?

Existen varios tipos de crisis en este mundo y todos hemos experimentado alguna en nuestras vidas. Está el síndrome del nido vacío que sufren los padres al ver a sus hijos partir, está la crisis nerviosa que te da esperando saber la nota de tu último final, también hemos vivido como sociedad crisis políticas, socioeconómicas, financieras y hasta algunas más personales, las crisis existenciales. Pero nadie te anticipa la crisis que vas a vivir cuando ya pasaste la mitad de tus veinte… llegando a los 30.

Estamos determinados a seguir un patrón establecido de cumplimiento de etapas a medida que nos vamos desarrollando. Tenemos una guía desde nuestra infancia que nos va diciendo cuál es la siguiente fase que debemos superar. Pero, ¿qué pasa cuando ya terminas el ciclo por el que todos nos vemos inmersos?

Saber el rumbo, esa es la cuestión

Luego de mucho esfuerzo, tazas de café y noches en vela, terminas la carrera que te hicieron escoger a la temprana edad de 18. Consigues trabajo, te independizas y vives tu día a día. Suena como que has llegado a la cima, pero la verdad es que recién te estás empezando a conocer. Ya no hay más patrón que seguir. Estás tú. Solo tú y tus decisiones.

En mi caso personal, sufrí a los 26 un replanteo muy fuerte en mi vida. Me gradué y me vine a vivir a Buenos Aires a los 23. El irte de tu país y dejarlo todo, hace que vivas más intensamente en qué deparará tu vida. Si bien estaba estable con un buen trabajo y un departamento temporal donde vivir, mis actividades con amigos y uno que otro paseo de vez en cuando, me sentía profundamente vacía. Ahí es cuando viene la inminente pregunta… ¿hacia dónde voy? Y es que el fin de la adolescencia eterna te golpea fuerte. Según el Dr. Ricardo Rubinstein, Psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina, “vivimos en épocas caracterizadas por quemar etapas y la urgencia. Hay una presión social de lograr todo ya”. Después de pasar varias semanas encerrada y haberme terminado casi las 10 temporadas de Friends en una sentada, decidí que tenía que hacer un cambio. Ese cambio iba a depender de mí y solo de mí.

Las preguntas del millón

Antes de cualquier decisión hay que saber ordenarse y priorizar. ¿Qué me apasiona?, ¿cuál es mi talento?, ¿en qué estoy invirtiendo tanto mi dinero como mi tiempo?, ¿qué me hace feliz?. Éstas fueron algunas de las interrogantes que me planteé para empezar este nuevo camino. Suena muy cliché, pero si no empezamos a cuestionarnos esto es difícil llegar a un objetivo.

En mi caso sentía una fuerte necesidad por aprender cosas nuevas y me di cuenta que ya no era tan sencillo como lo era en el pasado. Me metí a clases de ukelele que, a pesar de que soy pésima, me distrajeron de mis obligaciones y pude exponer mi cerebro a actividades que requerían una atención distinta. Al finalizar cada clase me sentía exhausta lo que  era de esperar ya que tocar música es para el cerebro el equivalente a un entrenamiento físico completo.

Dentro de mi aventura para innovarme, me metí a clases de UX Design. Me intrigaba aprender a programar y sabía que para llegar a eso, tenía que empezar desde lo más básico. Aún sigo en proceso de alcanzar ese objetivo, pero ponerse pequeñas metas a corto plazo facilita no perderse en el camino.

Como no todo es uno y quería ayudar dentro de lo que estuviera a mi alcance a mi comunidad, decidí meterme en el mundo de TED. Saqué la licencia para organizar TEDxRecoleta y con un grupo de amigos llevamos a cabo la primer edición de este evento. Esto me mantuvo siete meses ocupada en una actividad completamente extraprogramática con el fin de traerle algo positivo a mi entorno. Pudimos organizar un evento para 100 personas que fue un exitazo y la satisfacción que se siente luego de haberlo logrado es indescriptible (¡mira las charlas aquí!).

Como me apasiona viajar decidí conocer al menos 3 lugares nuevos por año. No tenían por qué ser lejanos, solo destinos que jamás hubiera visitado antes. En algunos paseos estuve sola y en otros acompañada, pero jamás dejé de lado lo que me hace vibrar que es viajar. En esta etapa también cambié de trabajo y ahora me desempeño en una área completamente distinta de la que venía acostumbrada. Tengo desafíos constantes que me ponen a prueba en todas mis capacidades y me ha ayudado a conocerme en facetas que jamás había experimentado.

Este mes fui a una Caminata de Mentoreo de Vital Voices Global Partnership, que se desarrolla en forma simultánea en más de 80 ciudades del mundo. La iniciativa consiste en el trabajo de duplas conformadas por mujeres jóvenes con potencial de liderazgo y líderes destacadas de diversos ámbitos, en la que ambas se involucran en la reflexión sobre sus desafíos profesionales y personales. Una experiencia única donde pude compartir con mi mentora las problemáticas que tengo actualmente en todo ámbito de mi vida. Fue ella quien me metió en mi disco duro mental una nueva interrogante que será mi pregunta del 2017… el para qué de las cosas que hago.

Es importante saber que hay años que hacen preguntas y años que dan las respuestas. Sólo se recupera el control si se empieza a vivir la vida más centrada a tus intereses y valores. Son las pequeñas metas que nos proponemos las que nos define y es necesario tener ese punto de inflexión para decidir qué rumbo se tomará. No tengamos miedo de haber perdido esa guía que tuvimos antes y aprovechemos cada oportunidad para reinventarnos cada día.

¿Y si hacemos que todo el mundo ande en pijamas por la calle?

Entrevista a Augusto Mustafá, creador de Elepants

 

Después de un día agotador en el trabajo o en la facultad, llegas a casa con ganas de lanzarte en tu cama, encender el televisor, agarrar algo fresco de la heladera y tirar lejos tu ropa para ponerte tu prenda favorita. La pregunta es, ¿por qué esperar hasta terminar el día para estar cómodo cuando podrías estarlo cuando quieras?

Esto mismo se planteó Augusto Mustafá, creador de Elepants, una empresa argentina de pantalones escoceses o tipo pijama. Él utilizaba este estilo de pantalón cuando se le antojaba sin importar la actividad u hora del día, ya fuera después de sus prácticas de rugby o cuando salía de fiesta por las noches. Muchas veces recibió críticas por parte de sus pares. Lo tildaban de “ridículo” y fue esto lo que lo motivó a llevar este estilo al siguiente nivel. “Haré que todo el mundo los use”, fue su respuesta. IMG-20160718-WA0021.jpg

 

“No quiero el negocio familiar, quiero algo propio”

Después de terminar el colegio, Augusto (23) empezó a trabajar en la empresa de su familia, pero esto no llenaba al cien por ciento sus días. “Yo quería hacer algo personal, que me conocieran por mérito propio. Quería romper el estereotipo de lo que hay que usar o no en la calle”, cuenta. Fue así como a sus 19 años, sin conocimiento alguno de vestuario ni ventas, consiguió telas y talleres para confeccionar sus famosos pantalones a cuadrados. Comenzó vendiendo a sus amigos y conocidos a través de las redes sociales y usando su casa como tienda, pero al poco tiempo esta moda se expandió a otros sectores y la demanda aumentó. Al año y medio de esto, se asoció con un amigo y junto a un empleado fundaron “Elepants”. “Trabajábamos de ocho de la mañana hasta las diez de la noche de lunes a lunes. Tenía ganas de darle vida a esto ya que tenía una muy buena respuesta, pero se necesitaba de mucha dedicación para lograrlo”, comenta Augusto o “Tito” como lo llaman sus amigos.

 

¿Cómo pensar en grande siendo tan chicos?

Como el negocio iba viento en popa, el equipo de trabajo también se amplió. La base del emprendimiento es ser una empresa de jóvenes para jóvenes, siendo 27 años el promedio de edad de los empleados. Con el tiempo fueron aprendiendo a responder acorde a las exigencias de lo que supone ser una marca de moda y le dieron la importancia de reunirse una vez a la semana con objetivos por equipo y área, con distintas metodologías de organización y, por sobre todo, que cada sector fuera dueño de sus proyectos. “Tuve que aprender a delegar, a no tener que estar en todos lados y a liderar equipos con gente profesional y más capacitada que yo”, indica Augusto.IMG-20160718-WA0022.jpg

Actualmente, Elepants cuenta con 43 empleados y 100 puntos de venta en todo Argentina, y este año se abrió al mercado paraguayo. En total hay alrededor de 200.000 “Elepants” dando vueltas por el mundo. La empresa se está acomodando y armando equipos para expandirse internacionalmente. “Una persona que tiene voluntad y ganas, puede lograr todo lo que quiera. Hay que preguntar, averiguar, equivocarse siempre, aprender de los errores… el problema es cuando uno tropieza con la misma piedra”, agrega Augusto.

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