Desde el equipo del SABF 2026 venimos hace un tiempo pensando en cómo algunas conversaciones muy relevantes para la actualidad se pierden al convertirse en lo cotidiano. En esta ocasión decidimos enfocarnos en algo que, de una forma u otra, nos impacta a todos: las redes sociales, su diseño y los efectos indeseados que pueden tener en nuestra vida.

La era digital trajo consigo una transformación sin precedentes en casi todos los aspectos de la vida humana. El trabajo, la educación, las economías y las relaciones interpersonales se vieron revolucionadas con la masificación de internet y los dispositivos móviles. Pero quizás el mayor impacto ocurrió en el tiempo de ocio y en nuestra relación con nosotros mismos.

Las redes sociales construyeron un mundo paralelo donde la mirada externa dicta el valor de lo que somos. Pero en un entorno donde se premia lo perfecto, lo genuino queda atrás, y en esa brecha aparecen la ansiedad y la inseguridad. Si bien esto podría parecer un fenómeno meramente cultural, tiene también una fuente neurológica: cada notificación libera dopamina, y el cerebro aprende a pedir más.

Las plataformas no son ajenas a esto. El scroll infinito, la reproducción automática, los videos cortos y la promesa de próximas recompensas son parte de la ingeniería del producto, basadas en psicología del comportamiento y neurociencia.  Lo que se busca es maximizar el tiempo en pantalla para convertirlo en datos, los datos en publicidad, y la publicidad en ganancias. La mayoría de nosotros podemos admitir, aunque cueste, ser víctimas de esto.

En marzo de 2026, un jurado de Los Ángeles declaró a Meta y YouTube responsables de haber diseñado deliberadamente productos adictivos que causaron daño a una joven usuaria, en lo que fue el primer juicio de este tipo en llegar a un veredicto en Estados Unidos. El jurado determinó que ambas empresas fueron negligentes y las condenó a pagar seis millones de dólares en total, de los cuales tres corresponden a daños punitivos. 

Es tentador leer esto como una señal de que algo está cambiando. Y quizás sea así. Pero también vale la pena preguntarse qué pasaría en ese caso. ¿Sería suficiente regular los algoritmos y eliminar el scroll infinito? No estamos tan seguros. Una sociedad acostumbrada a estos mecanismos no se cambia de un día para otro solo porque cambien las reglas; aunque la “jaula dorada” se abra, su brillo nos sigue atrayendo.

Y acá es donde aparecen las preguntas incómodas: ¿realmente queremos que existan estas regulaciones? Y aunque queramos, ¿estamos dispuestos a resignar la comodidad y estímulos que nos dan estas plataformas? Nos encontramos frente a un escenario paradójico, sin soluciones claras. ¿Elegimos delegar la regulación al Estado, arriesgando a que se desmantelen los sistemas en los que dependemos? ¿O aun es posible tomar nuestro rol como responsables de nuestra propia liberación? No tenemos las respuestas, pero creemos que el desafío de los años venideros es encontrar un balance justo de responsabilidades entre ambas partes.


Bibliografía:

Diseño adictivo y neurociencia del comportamiento: https://www.annalembke.com/dopamine-nation
Juicio contra Meta y YouTube en Los Ángeles: https://cactus24.com.ve/2026/03/25/meta-debera-indemnizar-a-una-joven-adicta-a-instagram/
Detalles del veredicto y daños punitivos: https://www.eldiario.net/portal/2026/03/26/jurado-dictamina-que-meta-debera-indemnizar-a-joven-adicta-a-instagram/