Riesgo país en América Latina: imprevisible

Incluso hablar de riesgo país en los países de América Latina es imprevisible. Pese a que las agencias de calificación de riesgos prevén un mejor panorama económico para la región durante este año y el próximo, el contexto político de muchos países lo ponen en duda.



Como es sabido, agencias como Egan-Jones, Standard & Poor’s, Moody’s Investors Service y Fitch Ratings hacen una valoración del potencial económico de los diferentes países del mundo cada año para determinar cuán arriesgada sería una inversión en tal o cual territorio. Así, en sus análisis actuales, casi todas coinciden en que la región crecerá 3,6% durante este año y 3,7% el siguiente.

Esta mejora económica se dará gracias al dinamismo de la demanda interna en la mayoría de países y por un mantenimiento de unos niveles altos de precios de las principales materias primas de exportación como petróleo, soja y cobre. Destacará el crecimiento de los países andinos: Chile con un 4,8%; Colombia con un 4,1%; y, en especial, Perú con un 6,5%. Paraguay, por su parte, tendrá un repunte de 10,2%, luego de superar los efectos de la sequía, y Panamá de un 6,3%, debido a una fuerte inversión en proyectos de infraestructura. En el siguiente cuadro de BBVA Research se puede observar el mencionado crecimiento

Cuadro 1

Pero, en América Latina el “riesgo país” no debe entenderse por sí solo, sino que es necesario tener en cuenta el “riesgo político”, puesto que es una región impredecible, en la que un cambio radical en el manejo de los sistemas de gobiernos puede suponer el fracaso de lo que fue alguna vez un éxito económico. Las calificadoras de riesgo solo hacen un análisis del contexto económico, debido a que el político no se puede prever por la volatilidad misma que rige en la región.

Aquí no pasa lo que en otros lugares sí, donde las reglas del juego, establecidas desde un inicio, se respetan; donde las relaciones de intercambio se basan en esa virtud tan preciada llamada ‘confianza’. La experiencia muestra que, en este lugar del mundo, se suele politizar la economía y se hace con ella lo que los gobiernos de turno quieran. No se respetan las reglas de la economía de mercado. Existen aún muchos países cuyos gobiernos no creen en el modelo capitalista por considerarlo nefasto (hablan del “capitalismo salvaje”) y se autodenominan “antiimperialistas norteamericanos”, por mostrarse opuestos a la inversión extranjera, ya que creen en una posible invasión y dominación estadounidense o de primer mundo.

Aunque parezca obvio señalar que la confianza es muy importante en las relaciones comerciales, es necesario recalcarlo, ya que es evidente que muchos gobiernos latinoamericanos aún no lo entienden. Aquí los acuerdos y pactos sociales, políticos y económicos pueden romperse de la noche a la mañana, cuando los gobernantes de turno cambian arbitrariamente el rumbo del país.

Ejemplos de estos sobran. En Venezuela, la patria del fallecido Chávez, se han nacionalizado más de diez empresas privadas con firmas extranjeras, entre las que destacan el grupo CANTV, la Electricidad de Caracas (EDC), la Faja Petrolífera del Orinoco, la Siderúrgica del Orinoco y el Banco de Venezuela. En Bolivia, bajo el poder de Evo Morales, se han nacionalizado la Mina de Estaño de Huanuni, la compañía telefónica Entel, la Compañía Logística de Hidrocarburos Boliviana (CLHB), la petrolera Andina, la suministradora de combustibles de aviación en los aeropuertos AIR BP Bolivia y SABSA (Servicios Aéreos Bolivianos Sociedad Anónima). En Argentina, el último caso que ha generado polémica en los medios ha sido la expropiación de la petrolífera YPF¹.

Las empresas multinacionales suelen estar muy pendientes de estas situaciones y de los análisis de riesgo país que hacen las calificadoras, para entrar en los distintos mercados del mundo. Y, mientras confían mucho en los resultados o calificaciones que se hacen a los países de Europa, América del Norte, Oceanía e, incluso, Asia (que ha comenzado a abrirse al mundo para negociar)², dudan de las calificaciones hechas a los países de América Latina; hay una desconfianza en la inversión en estos países por las medidas arbitrarias que muchas veces toman los gobiernos, en los que, paradójicamente, no impera el imperio de la ley.

Esto definitivamente pone en alerta a los inversionistas extranjeros, quienes muchas veces piden garantías para invertir, pues no se atreven a hacer una inversión directa. Malas políticas como las latinoamericanas ahuyentan a los inversores, en lugar de atraerlos. No está de más aclarar que una de las vías para lograr emerger una economía es a través de la inversión extranjera, ya que esto permite la entrada de capital de todo el lado del mundo, además de generar más empleo. Por más que algunos lunáticos gobernantes de turno, opuestos a estas políticas, señalen que la inversión extranjera perjudica a las poblaciones de países en vías de desarrollo en tanto que creen que hay una expropiación de los recursos por parte de las compañías del exterior, la experiencia se ha encargado de mostrar que los países más beneficiados son justamente los que están en vías de crecimiento.

Singapur, Malasia, Taiwán, los países de Europa del Este, entre otros, son el claro ejemplo de desarrollo a partir de la inversión extranjera³. Estos países se abrieron al mundo, decidieron entrar a la economía de mercado, se suscribieron a estrictas normas y acuerdos basados en el respeto, y ahora gozan de tener los mejores niveles de vida del mundo. Es verdad que la economía no soluciona todos los problemas, pero el hecho de manejarla adecuadamente permite mejorar en los otros aspectos políticos, sociales, educativos, jurídicos, tecnológicos e, incluso, medio ambientales.

Lamentablemente, en América Latina aún no se entiende esto, pues todavía se cree en la concepción mesiánica del presidente que salvará al país, y es así como surgen los caudillos, que con su doctrina populista prometen vilmente una mejor vida a la ingenua población. Incluso los países del segundo mundo, que adoptaron el comunismo como sistema de gobierno luego de la Guerra Fría, se han comenzado a abrir al mundo y aplicar la economía de mercado: han decidido despolitizar la economía y se han adherido a las reglas de mercado. China es el mejor ejemplo de ello.

Entonces, ¿cómo solucionar este problema en América Latina? Como el rechazo a la inversión extranjera persistirá, tal vez se debería considerar la solución planteada por Chile en 1980, cuando la economía de mercado se elevó a rango constitucional. La medida tomada fue el santo remedio para la fatiga política que se vivía en Chile desde hacía varias décadas atrás, con constantes golpes de estados y dictaduras en el poder. El hecho de considerar a la economía de mercado como parte de la constitución permitió el despegue económico del país, pues hacía que cualquier presidente, por más socialista o izquierdista que fuere, respetara las reglas establecidas, al menos que quisiera ser inconstitucional y atentar contra el imperio de la ley, lo que traería consigo una sublevación del pueblo (ya se sabe que todo lo ‘inconstitucional’ genera rechazo por las masas). Además, el tener una estricta ley obligaría contar con una gran mayoría en el parlamento para poder cambiar las reglas, y eso sería muy complicado. Si los demás gobiernos latinoamericanos comenzaran a considerar esta alternativa, tal vez se verían grandes cambios en poco tiempo. Chile ya les ha dado una lección.

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¹Para mayor información sobre la nacionalización de empresas latinoamericanas, se puede leer el documento Nacionalizaciones en América Latina: ¿Una vuelta al pasado? de la revista Entelequia. Disponible en: http://www.eumed.net/entelequia/pdf/2011/e13a19.pdf

² Y digo “incluso Asia”, ya que muchos de los países que lo conforman pasaron de ser considerados “inseguros para la inversión extranjera” a ser de los “más seguros” para este fin, debido a la apertura económica mundial que han tenido en los últimos años. Claro está que todavía hay países de este continente, en especial los de Medio Oriente, en los que existe una situación de inseguridad por encontrarse en constante conflicto armado, a los que las empresas diría un “No” rotundamente ante la propuesta de invertir en ellos.

³Hay que aclarar también que, además de la inversión extranjera, se tomaron otras medidas que ayudaron a emerger a estas economías, pero todas ellas están relacionadas con el principio de “libre mercado” y “respeto por las normas”.