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El ser (in)humano

Muchas veces vivimos sin realmente ponernos a pensar lo ello que significa. La gran mayoría vive un conjunto repetitivo de 5 días laborales y 2 en los que intentan descansar de esos previos. Y, si todo va bien, a fin de mes no les falta ni pan ni techo, ni ropa ni salud. Teniendo en cuenta que somos más de 7 mil millones de personas a comportarnos más o menos de esta manera (o un poco menos, considerando el infortunio de quienes deben vivir otro tipo de vida por haber nacido o quedado fuera de este mecanismo repetitivo), es inevitable pensar que el mundo funciona en piloto automático, producto de un sistema.

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Sudamérica, ese fenómeno – Parte 2

Cuando hablábamos el otro día de Sudamérica, mencionamos una tesis básica que de alguna manera, nos permite comprender aspectos de la realidad sociopolítica del subcontinente. Mencionamos ciertos factores institucionales que se repitieron en Sudamérica para permitir oscilaciones tales como el paso de una situación de inestabilidad presidencial, donde se pone en jaque a la principal característica del presidencialismo (la duración fija de los mandatos), a la emergencia de liderazgos personalistas que hacen de las debilidades institucionales y del sistema de partidos su fuente de poder, permitiendo un avasallamiento de los derechos y libertades de partes de la población.

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El hambre no fue al colegio

En cualquier curso básico de Introducción al Derecho se explica por qué existen las normas (leyes, decretos, ordenanzas, disposiciones, etc.) que rigen nuestra vida diaria. Y aunque uno estudie paisajismo, ingeniería o diagnóstico por imágenes, no resulta difícil de entender: vivimos en sociedad y no podemos comportarnos de cualquier manera. En un sistema democrático, parte de los representantes del pueblo se abocan a la complicada tarea de describir las actitudes que – como sociedad – consideramos aceptables y aquellas que no. Es decir que en este sistema, el pueblo deposita la confianza en un grupo de personas para que determine las reglas bajo las cuales tenemos que comportarnos cuando salimos a la calle. Una ley no es más que eso: la disposición de nuestros derechos y obligaciones para poder llevar adelante nuestra vida de manera tranquila, aceptando que el resto de la población vela por lo mismo.

En Argentina (y seguramente en muchos otros países), todos los días vivenciamos situaciones que no entran, desafortunadamente, en la categoría de socialmente aceptables, tal como piden esos textos. Y no me refiero particularmente a aquellos graves hechos delictivos, que implican daños a la integridad física de alguna persona (como robos violentos, secuestros, violaciones, asesinatos, etc.). Tampoco a situaciones de extrema posición filosófica (eutanasia, aborto, fertilización asistida, etc.). Existen por doquier situaciones menores, pero no por ello menos importantes, que no podemos considerar aceptables para nuestra sociedad. Para estos casos,  sería interesante analizar dos cosas:

  1.    Por qué ocurren
  2.    Qué podríamos hacer para mejorar

Las situaciones a las que me refiero son variadas: no levantar la caca del perro, tirar basura en la vía pública, aceptar que un desconocido nos pida plata para “cuidarnos” el auto, ocupar la mitad de la vereda para vender mercadería… etc. Todas cosas que ocurren diariamente y que son practicadas por ciudadanos. Ciudadanos como yo,… como vos, como todos (al mejor estilo Leon Gieco). Gente que es parte de esta sociedad y decide voluntariamente no comportarse como debería…(al menos según nuestra propia ley).

Tomemos el último ejemplo: vendedores ambulantes que ocupan la mitad de una vereda para promocionar sus productos. Discusión interminable sobre la aceptabilidad de esta situación. Por un lado, los vendedores: alegan que están en su derecho de realizar una actividad comercial que les permita llevar un plato de comida a su casa. No sabrán ni conocerán otra forma de hacerlo que no sea esa. Del otro lado, la ley… la regulación de la vida en sociedad: es claro que es ilegal desde varios puntos de vista (impositivo, civil y comercial).

manteros

¿Es necesario que quede escrito en algún lado que esta actividad debería ser considerada socialmente inaceptable? Interrumpir o dificultar la circulación en vía pública, no pagar impuestos, no registrar las ventas, competir de manera injusta con comercios del mismo rubro… (¡y ni hablar si la mercadería no es de origen lícito!). Las razones por las cuales esta actividad no debería ser considerada aceptable por todos nosotros son varias; y todas están basadas en valores que – como sociedad – defendemos y fomentamos. [Si alguno está pensando “mostrame un ejemplo de ley que lo diga”, aquí le dejo una para la Ciudad de Buenos Aires: Ley 1166 del Código de Habilitaciones de la Ciudad de Buenos Aires, Capítulo 11.1, “Permisos de uso en el Espacio Público”, artículo 11.1.17].

A mi entender, es claro: esto no debería ser aceptado. Sin embargo, sigue ocurriendo y lo seguirá haciendo. ¿Es justificable realizar una actividad ilegal para un buen fin? “Es mi única fuente de ingreso y con esto le doy de comer a mis hijos”, ¿es suficiente? Validando este punto de vista, ¿no deberíamos validar el de quien sale a robar para poder comer? Por supuesto, una situación es más grave que la otra… pero son igual de ilegales… igual de socialmente inaceptables.

¿Por qué ocurren estas situaciones? Cuando la excusa es el hambre y el sustento familiar, parece que los valores bajo los cuales construimos nuestra vida en sociedad quedan desautorizados (manteros, cuida-coches, etc.). Y peor aún, algunos valores se pierden sin siquiera tener una excusa (tirar basura en la calle, no levantar la caca del perro, etc.)… Y estoy hablando sólo de situaciones menores, en las que la propiedad privada y la integridad física de cada uno no se ven comprometidas.

Si entendemos de una vez que lo más importante a enseñarle a una persona son las actitudes que aceptamos como sociedad, vamos a dejar de pelear por los contenidos técnicos de una currícula y vamos a empezar a llevarnos mejor. Realmente me pregunto: ¿tan difícil es? ¿Se necesitan estudios de alto grado para comprender que lo que importa es que eduquemos actitudes y no que forcemos conocimientos? Discutimos miles de reglas complejas, pero ninguna de convivencia básica…

VI Congreso Internacional: Cultura del Trabajo

Inclusión Social Sustentable lanzó las inscripciones para el VI Congreso Internacional “Cultura del Trabajo: Jóvenes, Valores y Educación”. Las mismas se pueden realizar completando un formulario a través de la web hasta el día Lunes 26 de abril. Todos los interesados en concurrir al evento deben imprimir el comprobante de inscripción que les llegará a su casilla de correo electrónico.

Esta sexta edición tiene como objetivo presentar iniciativas del ámbito empresarial, público y de la sociedad civil que contribuyan a mejorar la calidad educativa de nuestros jóvenes. Para ello, además de las disertaciones de especialistas, se realizarán actividades de taller -workshops- multidisciplinarios, destinados a jóvenes, funcionarios, empresarios, miembros de organizaciones de la sociedad civil, docentes y a la comunidad. También se expondrán los trabajos preseleccionados del Concurso de Ponencias 2010.

Recordamos que el valor de la entrada consiste en un útil escolar, que será destinado a una colecta para escuelas del país.