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Sudamérica, ese fenómeno – Parte 2

Cuando hablábamos el otro día de Sudamérica, mencionamos una tesis básica que de alguna manera, nos permite comprender aspectos de la realidad sociopolítica del subcontinente. Mencionamos ciertos factores institucionales que se repitieron en Sudamérica para permitir oscilaciones tales como el paso de una situación de inestabilidad presidencial, donde se pone en jaque a la principal característica del presidencialismo (la duración fija de los mandatos), a la emergencia de liderazgos personalistas que hacen de las debilidades institucionales y del sistema de partidos su fuente de poder, permitiendo un avasallamiento de los derechos y libertades de partes de la población.

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Sudamérica, ese fenómeno

Un origen común, varios intentos de constituirse, una realidad que se repite, en medio de dicotomías, a lo largo de toda la cordillera y hacia la línea marítima. En Latinoamérica, y aún más en la región Sur, la raíz política e histórica es una. La colonización hispánica, con el consecuente saqueo y extracción de recursos, y la configuración de un esquema de poder que se mantuvo con la independencia y emancipación, al menos política, que el continente atravesó durante el siglo XIX, es un factor común de indudable peso en la explicación del escenario actual. Por otro lado, la dependencia se mantuvo en lo económico y productivo, mientras que la desigualdad social se acentuaba. Hoy, nuestro continente quiere ser protagonista global y pugna por alzarse como aquel actor que pudo y quiere ser. En el siglo XIX, sin embargo, la perspectiva era otra.

La génesis política

 

La llama encendida por los revolucionarios franceses y norteamericanos prendió entre las élites ilustradas del continente. Bajo el pretexto de preservar la autonomía mientras el imperio napoleónico se hacía con el poder de las coronas europeas, Latinoamérica se levantó en luchas y gestas por la independencia. Continue reading…

Una vida estándar en un país estándar

Francia posee 29273 kilómetros de líneas ferroviarias. A ver, esto es como ir desde Buenos Aires a Chicago, volver a la capital argentina, y luego re-retornar al Estado de Illinois. Todos los días circulan 15000 formaciones (un promedio de más de 10 por minuto, y de 5.5 millones al año), que cubren alrededor de 3000 ciudades del territorio galo.

A simple vista es de esperar que, con una red de tal magnitud, sólo el mantenimiento de las vías implique un gran trabajo; y que la enorme cantidad de conexiones/trasbordos pueda provocar retrasos o desempeños no esperados. Sin ir más lejos, en el año 2013 la Société Nationale des Chemins de Fer (SNCF), principal compañía ferroviaria del país, reportó un total de 22 accidentes. Entre 2013 y 2014, uno de cada diez pasajeros “sufrió” un retraso de al menos 5 minutos en algún tren de la red.

Los pasajeros y usuarios regulares no dudan un segundo en hacer catarsis y expresar sus quejas en los diferentes medios que la web 2.0 les ofrece: foros, redes sociales, sitios oficiales, etc. Todos juntos aunados por la queja: ¡no es aceptable que un tren se retrase más de 5 minutos! Mucho menos si hay un accidente: ¡¿qué clase de empresa es esta en la que viajamos!?

Por mucho tiempo creí que estos eran – entre otros – problemas “primermundistas”. Como ellos nunca tuvieron la oportunidad de viajar en el subterráneo de Buenos Aires en hora pico (cuyo problema principal es la falta de frecuencia por no contar con suficientes formaciones y una red no-optimizada), solía creer que sus pedidos y reclamos se podían catalogar como “menores”.  En mi antiguo razonar, si un tren de media distancia Montpellier – París se retrasaba 15 minutos, yo no veía problema alguno. Ni quejas, ni reclamos, ni suspiros: paciencia y aceptación.

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Pero después me puse a pensar un poco más allá: intenté entender las razones por las cuales los países en vías de desarrollo, como los latinoamericanos, no lograban tener una infraestructura como aquella. Y aún un poquito más lejos: por qué la calidad de vida (ya en un sentido más amplio) lograba a veces ser tan diferente. ¿Es tan alejada una realidad de la otra? Sin entrar en cuestiones políticas – que implicarían interminables análisis sobre la toma de decisiones de un tal o cual – me di cuenta de que mi postura pasada era un poco errada.

Quizás esta reflexión sea un poco simplista, pero creo casi firmemente de que la diferencia fundamental yace en una cuestión educacional y cultural, y es – quizás lo más fuerte – totalmente independiente del poderío económico o fortaleza política del país. La diferencia existe porque tanto Francia como otros países desarrollados han establecido un estándar de condiciones de vida. Han logrado definir qué es aceptable y qué no, como sociedad, como grupo de convivencia humana.

stopHoy, si un francés va manejando por la calle y ve una señal de “PARE”, no lo duda: desacelera, casi hasta el punto muerto, mira a ambos lados, y recién ahí vuelve a acelerar. No importa si ya sabe que no viene nadie; no importa si es innecesario que, de hecho, pare. El conductor respeta esa señal tal cual se lo enseñaron. ¿Será porque le quitan puntos si lo agarran en contravención? No: es indistinto si hay o no un policía vigilante. Lo hace porque así considera que debe hacerse: porque eso es lo que considera aceptable como conducta. Ni una excelente, ni una pésima conducta: una aceptable, esperable, una conducta estándar.

Y así ocurre con todo… (bueno, con casi todo). Desde por qué se quejan si hay un retraso, o un accidente de tren (aunque las estadísticas anteriores muestren que 22 accidentes en 5.5 millones de trayectos equivalgan a 1 en 248 863), hasta por qué esperan que el agua y el pan se sirvan gratis en un restaurant. Es lo que ellos consideran la base de lo razonablemente aceptable para vivir en sociedad. Esto no quita que las cosas puedan hacerse aún mejor, ni mucho menos que estos países no tengan problemas… por supuesto que los tienen.

La International Organization for Standarization (ISO) ha definido a lo largo de la historia todo un conjunto de normas para establecer un nivel de aceptación común en la industria: el nivel estándar. No es el nivel al que hay que aspirar: por supuesto que se puede ir más lejos. Pero definitivamente no es el nivel para estar por debajo.

¿Deberíamos pedirle a esta empresa que cree una norma ISO-N0001, para dejar en claro cómo queremos vivir? Quizás deberíamos empezar a reclamar más y dejar de aceptar tanto. Pasar a la acción y no apagarnos en la palabra. Una barrera más alta sea quizás la fuerza impulsora hacia el cambio que necesitamos los países en vías de desarrollo.

El avión que me llevó al “resto de mi vida”

fundacionbotinLos 40 más brillantes”, “Los 40 mejores de Latinoamérica”, “El talento personificado en 40 jóvenes”… me causaba gracia que estos fueran los saludos de buenos días que recibíamos durante dos meses en el Programa para el Fortalecimiento de la Función Pública que imparte la Fundación Botín de España. Sabía que el formar parte de la segunda edición era un logro importante, pues competí contra más de mil estudiantes de todo Latinoamérica con fuerte vocación al servicio público. Pero la verdad es que nunca me sentí así como me etiquetaban.

Y es que desde mi adolescencia siempre estuve inserta en el mundo de la acción social, ya fuere asistiendo a Misiones Católicas,fbotin2 compartiendo desayunos y comida con gente que habitaba en las calles, dando clases en distintas materias a niños de colegios con riesgo social. Ya más grande, formé parte de proyectos sociales y fundaciones como Directora de Comunicaciones, pues al ser periodista y comunicadora social, me apasionaba desde mi área poder informarle a la gente nuestras actividades y planes, entre otras funciones.

Pero todo cambió cuando recibí el email en junio del 2011 que me informaba que había sido seleccionada para ser parte del programa de la Fundación Botin. Yo sabía que esta oportunidad era única y que habría un antes y un después en mi vida luego de asistir. Pero para ser sincera, jamás pensé que influiría tanto en formar y guiar lo que es mi vida hoy en día.

Este programa de dos meses reúne a 40 jóvenes universitarios de Latinoamérica con buen expediente académico, experiencia y participación en asociaciones sociales y políticas. No sólo los lleva a Estados Unidos, España y Bélgica – a importantes instituciones internacionales, donde los capacitan y potencian su talento, convirtiéndolo en riqueza social, cultural y económica para la región – sino que les da una experiencia de vida única. Comparten cada segundo de los 60 días con 39 almas, convirtiéndose más que en meros amigos, sino que en verdaderos hermanos.

Trabajar en equipo en las noches de las montañas del Valle del Nansa al norte de España, hacer actividades grupales y de liderazgo mientras se recorre el Camino de Santiago de Compostela, visitar el Parlamento Europeo y la sede de la OTAN, asistir a clases de política en la prestigiosa Universidad de Brown, tener coaching personal y grupal, contar con exponencias de ex presidentes de la región y grandes personalidades del mundo político son sólo algunos de los beneficios que el programa brinda. Todo siempre está enfocado a generar fuertes lazos entre los becarios con la acción social, motivando a que los mejores se interesen firmemente en, finalizados sus estudios universitarios, dedicarse a lo público. Otro de los objetivos es impulsar el desarrollo de la región por medio de la creación de esta potente red de servidores públicos con alta capacitación y verdadero compromiso con el interés general.

Sé de varios becarios que sí decidieron seguir adelante por el camino del servicio público, poniendo todos sus talentos y habilidades para fortalecer las instituciones de sus respectivos países. Por mi parte, estoy eternamente agradecida con todo lo que el programa me entregó. Me dio orden y dirección en mi vida, aprovechando al máximo mis fortalezas y haciéndome ver mis debilidades tanto personales como profesionales.

fbotin1Me atrevo a decir que “el resto de mi vida” comenzó cuando me subí al avión que me llevó a España en octubre del 2011, donde conocí, viví y experimenté momentos que parecían sueños, abriendo mi mente al mundo, conociendo otras realidades y culturas, visitando y palpando con mis propias manos la diferencias de Latino e Iberoamérica. Sin duda alguna modificó mis objetivos en la vida, impulsando a apasionarme por el emprendimiento y la tecnología, entregándome los networks iniciales para postular y ser seleccionada a toda una seguidilla de aventuras, conferencias y programas internacionales en los años venideros. Es así como hoy me encuentro viviendo y trabajando en otro país en lo que más me gusta. Sé que le debo a la Beca toda la energía y motivación a dar este gran paso en mi vida, pues reestructuró mi forma de ser, ver y vivir.

Se puede decir que el programa ha sido todo un éxito. Este año ya está reclutando a los estudiantes para su quinta edición. El 2013 se postularon 7.600 alumnos, subiendo considerablemente la competencia cada año. Somos ya más de 150 jóvenes beneficiados con la experiencia Botin y, cada vez que puedo, recomiendo a aquellos que tienen vocación al servicio público o interés en potenciar sus habilidades y conocimientos en lo social y/o político, postulen a esta iniciativa. Además de ayudarlos en lo profesional y darles formación académica, les hará tener la experiencia más grandiosa y completa existente, haciéndolos llevarse a casa aprendizajes y momentos inigualables y, lo más importante, amigos y hermanos para toda la vida.

Riesgo país en América Latina: imprevisible

Incluso hablar de riesgo país en los países de América Latina es imprevisible. Pese a que las agencias de calificación de riesgos prevén un mejor panorama económico para la región durante este año y el próximo, el contexto político de muchos países lo ponen en duda.

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