Sociedad

La industrialización del descuidado médico

El fin de semana pasado tuve que visitar una clínica médica. Por supuesto que no fue por placer: ver gente sufriendo por dolores propios y ajenos no es lo mío. Además, casi que por definición, esos lugares son lúgubres, tristes, antinaturales. Todas luces artificiales, máquinas, computadoras que mantienen vivas a las personas, espacios a los cuales no se puede entrar…

Estar en una clínica más de dos horas es una experiencia en sí misma. Al menos, estando de observador. Una cantidad de fenómenos sociales destapa una realidad del genotipo humano no vista en cualquier otro ámbito. Quizás sea porque la necesidad apremia y en esos momentos uno se muestra como realmente es, sin pensar que esos comportamientos los guarda en un cajón cuando sale a la calle.

Paseemos un rato por los pasillos de una clínica privada que tiene de todo: desde emergencia quirúrgica, hasta guardia ginecológica. Es moderna, tiene equipos que realizan exámenes costosos, un personal supuestamente calificado, un laboratorio interno, camilleros, seguridad propia… Todo para que un enfermo se sienta cuidado, cómodo, e ilusionado con curarse.

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¿Diversidad cultural?

No hay culturas mejores que otras. Nadie tiene la verdad sobre qué reglas deben de regir en una sociedad. En ciertos lugares priman determinados valores, que bien pueden ser similares a los nuestros o bien pueden ser muy distintos. Lo importante ante todo es respetar al prójimo, aceptar las diferencias. Entender que no hay culturas mejores ni culturas peores, simplemente hay culturas diferentes.

Si estás en una mesa de extraños y querés quedar bien, ya tenés tu discurso. No solo suena profundo y lindo, sino que está de moda… es cool!

Ahora bien, me pregunto cuánto hay de cierto en eso… ¿Puede reducirse todo a cuestiones relativas?

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Artículo de opinión: La respuesta al desarrollo del mundo

El siguiente texto expone la opinión respecto la temática central del SABF 2011 “Afrontando tiempos exponenciales” por parte de uno de nuestros delegados, Wandile Mamba, de la Universidad de Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

La pobreza mundial y la degradación ambiental son los factores que se interponen entre nuestros éxitos y fracasos en el mundo. De acuerdo con Anup Shah, el 80% de las personas vive con menos de 10 dólares diarios, y el África sub-Sahariana es claro ejemplo de pobreza y subdesarrollo. En segundo lugar, se encuentra el Sudeste de Asia donde hay altas tasas de mortalidad infantil y 22.000 niños mueren debido a la pobreza diariamente Hay 72 millones de niños que deberían estar en la escuela primaria en los países en desarrollo y no lo están.

Todos estos datos nos transmiten un mensaje muy desalentador: aún cuando el mundo transita tiempos y momentos de increíble crecimiento económico, los países en desarrollo siguen retrasándose y, de esta manera, una gran parte de lo que debemos hacer para enfrentar el crecimiento exponencial es desafiar las realidades del analfabetismo, pobreza, salud y enfermedades, en lugar de aumentar la participación de los países en desarrollo en el mundo y la humanidad.

Como seres humanos estamos ligados por los valores de Ubuntu (una Filosofía Africana): la empatía, bondad, colectividad y amor por la humanidad tienen un rol integral al desafiar los tiempos exponenciales en el desarrollo. Muchas veces, el proceso de globalización contribuye a la fuga de cerebros de los países en desarrollo y pérdida de mano de obra calificada en sus respectivas comunidades y países de origen. A su vez, se convierte en una fuente de intelecto para países europeos y otros países desarrollados, dejando a países de África, del Sur de Asia y de América Latina áridos en términos de capacidad intelectual, herramienta indispensable para administrar exitosamente los recursos (salud, agricultura, minería, suelo), mejorando las vidas de ciudadanos y la humanidad.

En conclusión, yo considero que para alcanzar el desarrollo, debemos asegurarnos adecuadamente que los frutos del desarrollo y del cambio estén distribuidos equitativamente y que lo que hagamos contribuya a hacer del mundo un lugar mejor para todos. Por ejemplo, los 20000 estudiantes graduados que dejan África todos los años (producto del poder de la persuasión, globalización y la búsqueda de una “mejor” vida) deben ser alentados a quedarse en casa y usar sus habilidades para construir una mejor sociedad. Uno de los desafíos radica en cómo alentamos la mano de obra calificada para que usemos el nuevo conocimiento para mejorar la humanidad antes que utilizarlo en pos de intereses individuales.

Wandile Mamba

Cultura… ¿Cimiento de las sociedades?

Hay pueblos que valoran la educación, la ética del trabajo, el ahorro y la inversión por encima de otras virtudes. La organización y la disciplina son causas de su buen progreso como sociedades. Este pensamiento puede parecer etnocentrista. Pero no se trata de eso, sino que es un mensaje para tomar conciencia sobre la distancia de Argentina con respecto a otros pueblos.

A continuación citaré valores que para Lawrence Harrison distinguen las culturas progresistas de las estáticas. La primera es el enfoque en el tiempo futuro, ¿con cuánta frecuencia líderes políticos “construyen” desde el pasado histórico? La siguiente actitud es el trabajo, que no sólo genera recompensas financieras sino respeto por las personas, ¿algunos políticos no buscan quitarle la dignidad a ciertos sectores, no sólo no permitiendo el acceso a fuentes de trabajo sino aumentando la cultura del mínimo esfuerzo? La educación y el mérito en este proceso es clave, en cambio, en las sociedades estáticas lo verdaderamente importante son las familias y los contactos que uno tenga para progresar.

El código de ética, la justicia y el juego limpio que condenan la corrupción son mentalidades de las sociedades progresistas, ¿qué ocurre aquí?

Para ir concluyendo, no pretendo ser fatalista ni pesimista y tengo la convicción de que muchas personas quieren transformar la sociedad Argentina, pero de eso se trata, de un colectivismo que se cambia de abajo hacia arriba y no al revés. Por eso para cambiar, no sólo sirve no hacer lo mismo que antes, sino, saber hacia dónde vamos.

S.O.S… Los bullies atacan

Analía Mariela Gómez Vidal estudia Economía en la Universidad Torcuato Di Tella y participó en las últimas dos ediciones del SABF. En el artículo a continuación analiza la fragmentada sociedad actual y los desafíos a los que ésta se enfrenta.

Domingo a la tarde. Hastiada del intento fallido de estudio, me tiré a ver la televisión. Clásico zapping mediante, me encontré en MTV con algo que me llamó la atención. Un especial sobre bullies en los colegios, enfocado desde la óptica de chicos de América Latina. Me quedé escuchando lo que decían. Justo entonces empezaba una suerte de foro entre chicos de Argentina reunidos en un aula del Colegio Pellegrini que intentaba descifrar cuál es el problema, dónde surge y dónde está la solución. Para mi (grato) asombro, escuché palabras y conceptos que comparto. Para hacer corta una historia un poco más larga, las conclusiones presentaron varios puntos importantes. En primer lugar, efectivamente si existe un problema de “bullismo”. Sin embargo, todos hemos sido parte de él, como victimas o victimarios. A su vez, si bien ha existido siempre esta problemática, los estudiantes consideraban que esta cuestión se engendra como reflejo de la situación social actual en la que viven. Por último, consideraban que la violencia escolar debería encontrar su solución en el mismo lugar donde se generó: la sociedad.

Tratando de seguir entonces el razonamiento y las ideas que surgieron de este debate (que pudo haber sido mucho más duradero y rico en conceptos, pero en televisión el tiempo es tirano y el editor se encargó de hacerlo notar), escribo para esbozar lo que es una suerte de disparador para el debate a partir de lo visto.

En la próxima edición del SABF, el tema central es “Nuevos Paradigmas, Nuevos Desafíos”. Entonces, ¿Cuál es nuestro paradigma actual? Una sociedad que sufre una división transversal que afecta cada aspecto de nuestras vidas, justificada mediante la fragilidad institucional que nos caracteriza en estos momentos. Esta fragilidad que se ve plasmada en nuestro día a día, en el que cuestionamos toda autoridad, desde el policía que nos multa, hasta el médico que nos atiende, con esa soberbia implícita del que cree que podría hacerlo mejor, aún sin saber sobre el tema. Esta sociedad se refleja en las aulas, donde los chicos ya no tienen limites ni respeto por sus autoridades, sean sus padres o sus maestros. Pero por sobretodo, una sociedad fragmentada bajo la noción de que el distinto es inferior, y por ello debe ser ignorado, criticado y/o instigado hasta el punto de la violencia física o psicológica.

A partir de esto, ¿Cuál es nuestro desafío? Esta es la pregunta que debemos contestar, porque entonces estaremos contestando lo que podemos hacer para cambiar esta realidad que nos afecta a todos. Uno de los chicos que participaba del debate televisado mencionó la educación como pilar para el cambio de esta problemática. Concuerdo con él, y no dudo que la educación y formación académica del ciudadano puede ayudarnos a cambiar. Sin embargo, prefiero ir un poco más allá de lo que las instituciones educativas pueden hacer. Concretamente, creo que la base para el cambio de este problema se encuentra en la educación en los valores, haciendo énfasis en uno en particular. Aquél valor que permite que convivamos pacíficamente como sociedad y podamos aceptar al otro, distinto en tantos aspectos, pero con el mismo derecho que todos a ser tratado dignamente. Estoy hablando de la TOLERANCIA. Este valor que se enseña desde que somos chicos, en el seno familiar, y que se desarrolla y aprende en la interacción con el otro a diario.

No hay dudas de que estamos en medio de una crisis. Una más, pero no menos importante. Una crisis, por sobretodo, de valores. Este es nuestro desafío como sociedad. Fortalecer aquellos valores que hoy parecen desvanecerse rápidamente y transmitirlos, para evitar que generaciones futuras sufran este tipo de problemas sociales que no generan más que caos y confusión. Para evitar que en el futuro las grietas se profundicen. Y por sobretodo, para poder sentar las bases para el crecimiento y desarrollo sostenible que tanto buscamos conseguir.