Opinión

El líder eficaz y su realización humana

Guillermo Abel Rodriguez tiene una Maestría en Coaching Organizacional por la USAL, DPME del IAE, es Ingeniero Mecánico por la UTN. Es además Acompañante Espiritual y consta con 35 años de experiencia organizacional. Ha dictado diversos cursos de formación en Liderazgo y motivación humana. Guillermo innova en la propuesta de encontrar sentido para las acciones que a diario desarrollamos en las organizaciones. Es autor del libro “Liderazgo y Espiritualidad, la eficacia esencial”.

En el mundo de los negocios:
¿Es posible ser eficaz y al mismo tiempo promotor de Paz, Armonía y Amor?

Al plantearnos una pregunta de esta amplitud se desprende casi inmediatamente, la controversia en la que nos desplazamos diariamente: ¿es el contexto el que nos configura o somos llamados a configurar el contexto? Muchas opiniones coincidirán en afirmar que, en general, el contexto nos condiciona. Brota así la adaptación de la personalidad a los diferentes entornos. Resulta sencillo en estas primeras pinceladas delinear los espacios por entre los cuales iremos construyendo la respuesta al cuestionamiento principal. Actuamos, es decir nos expresamos, de acuerdo al impulso de nuestra personalidad o, de acuerdo a la adaptabilidad que desarrollamos para lidiar con el entorno en que nos encontramos.

Nuestra personalidad parece expresarse de manera diferente según el día de la semana, el horario, si se trata de esparcimiento, trabajo, reunión con amigos, rito religioso, etc. Quienes nos observan podrían emitir comentarios tales como: “los viernes se lo ve mejor”, “hoy tiene cara de lunes”, “no se le puede hablar hasta después del desayuno”, “tratemos que la reunión sea después del almuerzo así su ánimo mejora”, “dejemos los aspectos personales fuera del trabajo”, “tratemos de no llevar el trabajo a casa todo el tiempo”, “necesito estar solo y en silencio aunque sea por un rato”, etc.

De esta manera se configuran espacios más relajados o expansivos que otros. “Necesito estar en casa para relajarme”, podría ser una expresión de uso popular. Distinguimos espacios donde sentimos que podemos abrirnos y compartir, a diferencia de espacios donde es conveniente protegerse o resguardarse. Se configuran así modelos mentales que incrementan los condicionamientos externos con condicionamientos adaptativos individuales.

Tendemos a cuidar la imagen pública, es decir, la imagen que nos parece será conducente al medio. Aquella imagen que será aceptada, apreciada, reconocida o destacada. De alguna forma apreciamos que el cuidado de la imagen pública también conocido como “el qué dirán” contribuirá a nuestra efectividad. Culturalmente hemos aprendido que es “natural” que mi mundo interno permanezca oculto a la mayoría de las personas con que me relaciono, “no es conveniente que te des a conocer con cualquiera”, se escucha decir. “Pueden dañarte o deteriorar tu imagen” es otro tipo difundido de recomendación protectora.

En otras palabras, ser “transparente” puede convertirse en un calvario en cambio de un beneficio. A consecuencia de estas experiencias nos convertimos en seres que mutamos nuestras capacidades humanas. Abandonamos la interioridad como riqueza que se comparte y nos concentramos en mantener los esfuerzos que se requieren para sostener las corazas con que defendemos nuestra imagen pública.

¿Cuál es el resultado de tamaña sumisión?

Nos resignamos a imaginar que existen espacios donde la Paz, la Armonía y el Amor son posibles y otros dónde la práctica de estos principios es casi imposible. Esta sapiencia existe mayoritariamente en el ámbito laboral de nuestros días. Es resignación que se convierte en cultura social y es válida tanto para empleados, como jefes, gerentes, directores o accionistas. De la única forma que se justifica semejante sacrificio, representado por la renuncia a lo único que nos interesa en verdad (Paz, Armonía, Amor) es el precio que me pagarán, el precio que exigiré o con el que me conformaré según sea la época. Cabe entonces reflexionar acerca del precio que le exigimos a nuestro empleo, a la empresa, al capital. ¿Qué calidad y cantidad de jugo tendrá que proveer esta naranja? Es la clase de conversación que sin expresarse formalmente se ventea en los ambientes laborales.
Se configuran contextos de extracción y no de contribución. Así se definen muchísimas inversiones de la nueva economía.

Se vislumbra por medio del relato que la imposibilidad de una determinada práctica termina por impulsar otras. A falta de Paz, Armonía y Amor ¿qué prácticas surgen en esos entornos? Las contrapuestas quedan representadas por el estrés, el desencuentro o la pérdida de la confianza y la división. División que es contrapartida a la Unión. Una Unión que sólo se abastece en el Amor.

Luego de esta detallada y al mismo tiempo sintética descripción del fenómeno parece necesario “virar” abruptamente para hacernos cargo de la afirmación que sostenemos: Sin Paz, Armonía y Amor destruimos valor, tanto organizacional como personal.

¿Estamos entonces en condiciones de promover otras alternativas? ¿Cuál sería el cambio que es necesario implementar?

Abandonar el culto de la personalidad iluminándola, es decir llevando a la cotidianeidad lo profundo que nos configura, un despertar que revalorice aquello que en verdad somos, un despertar que deje ver la dimensión humana que se manifiesta cuando dejamos de sostener las apariencias. Este es el sendero que propiciamos.

No estamos recomendando un reemplazo del cuidado de la imagen con formalismos de “con o sin saco y corbata” o “casual de día viernes extensivo a la semana”. Proponemos incentivar la expresión de la riqueza que se anida en lo profundo de lo que somos. Buscamos promover la cultura que nos mantiene conectados en todo espacio sin ninguna necesidad de aparentar para obtener, esta cultura que entrelaza el Ser en el quehacer.

Este cambio se fundamenta en la explosión de nuestra interioridad que se irradia en el mundo exterior potenciando –sin pretenderlo– todas las acciones que desarrollamos. Vale la pena citar aquí las palabras de Lao Tzé: “el que vence a sus enemigos es fuerte, pero el que se vence a sí mismo es poderoso”.

La integridad, la coherencia, la práctica de las virtudes humanas fundamentales como la prudencia, la justicia, la fortaleza y la perseverancia se convierten en indicadores que señalan la Presencia que todo lo ilumina y que vive en tu interior. Es Paz, Armonía y es Amor. Sólo tú puedes manifestarlo, animándote, viviendo de una manera que valga la pena. Esta es Efectividad Pura.

Liderazgo universal: el camino hacia la totalidad

El siguiente artículo fue escrito por Adriana Méndez, quien se desempeña como facilitadora de procesos de cambio y comunicación humana. Para mayor información pueden visitar el sitio web oficial de Adriana. En nombre de todo el equipo del SABF, le agradecemos por su contribución.

Después de muchos años de trabajar como capacitadora en empresas y capacitando tanto a líderes como a futuros líderes de empresas he conocido todas las clases de liderazgo que describen mucha de la literatura que existe en el mercado.

Nuestras sociedades requieren rápidamente de un cambio paradigmático en el orden de liderazgo. Un cambio de rumbo.  Hay muchos líderes, capacitadores, científicos de distintas áreas que hablan ya y desde hace tiempo que nuestro mundo necesita otro tipo de líderes y lo explican y describen con toda claridad pero ¿qué pasa que no podemos ponerlo en práctica? Esto está a la vista ya que el mundo y nuestra sociedad sufre la falta de líderes que realmente se interesen por el bienestar de la gente a quienes guían poniendo por encima sus propios y egoístas intereses.
Voy a desarrollar brevemente los trabajos de dos autores que me gustan mucho: Fred Kofman y Joseph Jaworski.

 
Uno de los conceptos que deberíamos empezar a tener en cuenta y a dejar de practicar es el de la fragmentación la cual crea barreras entre las personas. Casi todo lo que hacemos está basado en este concepto cuando la naturaleza nos muestra lo opuesto: LA TOTALIDAD.  Nuestro cerebro-mente-espíritu funciona como un todo unido, igual que el universo todo. ¿Por qué entonces nos hemos empeñado en fragmentarlo todo durante tantos siglos? ESTE ES EL CAMBIO DEL QUE HABLO Y DEL QUE HABLAN muchos autores.

Jaworski habla del camino interior hacia el liderazgo. Yo no podría estar más de acuerdo y la disciplina de comunicación humana a la que yo me dedico habla del cambio comenzando por uno mismo.

Jaworski, en uno de sus libros “Sincronicidad”,  enumera las siguientes características para un líder distinto:
• Autoconocimiento
• Valoración de la naturaleza del liderazgo
• Focalización en conceptos que favorezcan la INTERCONEXIÓN y no la actual fragmentación o separación (comunidades, nación, disciplinas, campos, etc)
• Desarrollo de una interdependencia y una perspectiva que abarque a la totalidad del mundo.
• Atención como centro en los valores: Preguntarse ¿Por qué? y ¿para qué?
• Aprendizaje para hacer cambios y no sólo describir lo que pasa sino favorecer rumbos distintos y crear para ello condiciones distintas
• Adquisición de responsabilidad en cada acción
• Conciencia del entorno en el que cada líder actúa.

David Bohm, otro de los grandes científicos y pensadores del siglo XX, dijo:
“La totalidad es necesaria para la comprensión de las partes y las partes son necesarias para la comprensión del todo. El universo en su totalidad influye en los sucesos locales. TU ERES TODA LA HUMANIDAD.  La capacidad individual de ser sensible a la CONCIENCIA es la clave del cambio humano.” Cuando la gente opera en un nivel de interrelación mutua, se pone en marcha un mecanismo mágico y fuerte que hace que todo fluya de una manera muy distinta a la actual.

Bohm añade: “Tienes que prestar mucha atención a la conciencia. Esta es una de las cosas que nuestra sociedad ignora. Se asume que la conciencia no requiere atención. Pero la conciencia es lo que DA la atención. La conciencia misma requiere una conciencia muy alerta porque de otro modo simplemente se destruye a sí misma. Es un mecanismo muy delicado. Tenemos que pensar con todo lo que tenemos. Tenemos que pensar con nuestros músculos. Tenemos que pensar, como dijo Einstein, con lo que sentimos en nuestros músculos. Piensa con todo. Es un proceso de flujo que va hacia dentro y hacia fuera, posibilitando la comunicación.” Y también dice. “tenemos capacidades dentro nuestro que no reconocemos.”  Por eso yo creo que es fundamental en estos tiempos entrenarse en temas que son comunes a cualquier disciplina y que es la comunicación humana: una disciplina que está por sobre cualquier otra y que muchas veces se la desestima o se la da por obvia y por lo general lo “obvio” es lo que no se dice o muestra y muchas veces es donde residen las dificultades para poner en práctica mucho de lo expuesto aquí.

Para desarrollar también el tema de la CONCIENCIA, es que Fredy Kofman en su libro “La Empresa Consciente” desarrolla conceptos e ideas que para mí resultan maravillosas y que por supuesto sugiero fuertemente su lectura y práctica.
Para Kofman poner en práctica esta conciencia requiere de las siguientes cualidades:
• Responsabilidad incondicional, para convertirse en protagonista de la propia vida
• Integridad esencial, para alcanzar el éxito más allá del éxito.
• Humildad ontológica
Estas tres primeras son atributos de la personalidad
• Comunicación auténtica, para decir la propia verdad y permitir que otros digan la suya.
• Negociación constructiva
• Coordinación impecable.
Estas tres son habilidades interpersonales.

Y luego la séptima cualidad es la condición que hace posible las otras seis:
MAESTRIA EMOCIONAL para generar un liderazgo honesto, porque SER, más que HACER, es el camino básico hacia la excelencia.

Finalmente, debería ser algo obvio que “si los directivos no ven a los trabajadores como individuos únicos y valiosos sino como herramientas que pueden descartarse cuando ya no son necesarias, los empleados tampoco verán a la empresa como algo con más valor o significado que ser una máquina de librar cheques para el pago de sueldos. En tales condiciones es difícil hacer un buen trabajo y más aún, disfrutar de la propia tarea”  Mihaly Csikszentmihalyi.

S.O.S… Los bullies atacan

Analía Mariela Gómez Vidal estudia Economía en la Universidad Torcuato Di Tella y participó en las últimas dos ediciones del SABF. En el artículo a continuación analiza la fragmentada sociedad actual y los desafíos a los que ésta se enfrenta.

Domingo a la tarde. Hastiada del intento fallido de estudio, me tiré a ver la televisión. Clásico zapping mediante, me encontré en MTV con algo que me llamó la atención. Un especial sobre bullies en los colegios, enfocado desde la óptica de chicos de América Latina. Me quedé escuchando lo que decían. Justo entonces empezaba una suerte de foro entre chicos de Argentina reunidos en un aula del Colegio Pellegrini que intentaba descifrar cuál es el problema, dónde surge y dónde está la solución. Para mi (grato) asombro, escuché palabras y conceptos que comparto. Para hacer corta una historia un poco más larga, las conclusiones presentaron varios puntos importantes. En primer lugar, efectivamente si existe un problema de “bullismo”. Sin embargo, todos hemos sido parte de él, como victimas o victimarios. A su vez, si bien ha existido siempre esta problemática, los estudiantes consideraban que esta cuestión se engendra como reflejo de la situación social actual en la que viven. Por último, consideraban que la violencia escolar debería encontrar su solución en el mismo lugar donde se generó: la sociedad.

Tratando de seguir entonces el razonamiento y las ideas que surgieron de este debate (que pudo haber sido mucho más duradero y rico en conceptos, pero en televisión el tiempo es tirano y el editor se encargó de hacerlo notar), escribo para esbozar lo que es una suerte de disparador para el debate a partir de lo visto.

En la próxima edición del SABF, el tema central es “Nuevos Paradigmas, Nuevos Desafíos”. Entonces, ¿Cuál es nuestro paradigma actual? Una sociedad que sufre una división transversal que afecta cada aspecto de nuestras vidas, justificada mediante la fragilidad institucional que nos caracteriza en estos momentos. Esta fragilidad que se ve plasmada en nuestro día a día, en el que cuestionamos toda autoridad, desde el policía que nos multa, hasta el médico que nos atiende, con esa soberbia implícita del que cree que podría hacerlo mejor, aún sin saber sobre el tema. Esta sociedad se refleja en las aulas, donde los chicos ya no tienen limites ni respeto por sus autoridades, sean sus padres o sus maestros. Pero por sobretodo, una sociedad fragmentada bajo la noción de que el distinto es inferior, y por ello debe ser ignorado, criticado y/o instigado hasta el punto de la violencia física o psicológica.

A partir de esto, ¿Cuál es nuestro desafío? Esta es la pregunta que debemos contestar, porque entonces estaremos contestando lo que podemos hacer para cambiar esta realidad que nos afecta a todos. Uno de los chicos que participaba del debate televisado mencionó la educación como pilar para el cambio de esta problemática. Concuerdo con él, y no dudo que la educación y formación académica del ciudadano puede ayudarnos a cambiar. Sin embargo, prefiero ir un poco más allá de lo que las instituciones educativas pueden hacer. Concretamente, creo que la base para el cambio de este problema se encuentra en la educación en los valores, haciendo énfasis en uno en particular. Aquél valor que permite que convivamos pacíficamente como sociedad y podamos aceptar al otro, distinto en tantos aspectos, pero con el mismo derecho que todos a ser tratado dignamente. Estoy hablando de la TOLERANCIA. Este valor que se enseña desde que somos chicos, en el seno familiar, y que se desarrolla y aprende en la interacción con el otro a diario.

No hay dudas de que estamos en medio de una crisis. Una más, pero no menos importante. Una crisis, por sobretodo, de valores. Este es nuestro desafío como sociedad. Fortalecer aquellos valores que hoy parecen desvanecerse rápidamente y transmitirlos, para evitar que generaciones futuras sufran este tipo de problemas sociales que no generan más que caos y confusión. Para evitar que en el futuro las grietas se profundicen. Y por sobretodo, para poder sentar las bases para el crecimiento y desarrollo sostenible que tanto buscamos conseguir.