S.O.S… Los bullies atacan

Analía Mariela Gómez Vidal estudia Economía en la Universidad Torcuato Di Tella y participó en las últimas dos ediciones del SABF. En el artículo a continuación analiza la fragmentada sociedad actual y los desafíos a los que ésta se enfrenta.

Domingo a la tarde. Hastiada del intento fallido de estudio, me tiré a ver la televisión. Clásico zapping mediante, me encontré en MTV con algo que me llamó la atención. Un especial sobre bullies en los colegios, enfocado desde la óptica de chicos de América Latina. Me quedé escuchando lo que decían. Justo entonces empezaba una suerte de foro entre chicos de Argentina reunidos en un aula del Colegio Pellegrini que intentaba descifrar cuál es el problema, dónde surge y dónde está la solución. Para mi (grato) asombro, escuché palabras y conceptos que comparto. Para hacer corta una historia un poco más larga, las conclusiones presentaron varios puntos importantes. En primer lugar, efectivamente si existe un problema de “bullismo”. Sin embargo, todos hemos sido parte de él, como victimas o victimarios. A su vez, si bien ha existido siempre esta problemática, los estudiantes consideraban que esta cuestión se engendra como reflejo de la situación social actual en la que viven. Por último, consideraban que la violencia escolar debería encontrar su solución en el mismo lugar donde se generó: la sociedad.

Tratando de seguir entonces el razonamiento y las ideas que surgieron de este debate (que pudo haber sido mucho más duradero y rico en conceptos, pero en televisión el tiempo es tirano y el editor se encargó de hacerlo notar), escribo para esbozar lo que es una suerte de disparador para el debate a partir de lo visto.

En la próxima edición del SABF, el tema central es “Nuevos Paradigmas, Nuevos Desafíos”. Entonces, ¿Cuál es nuestro paradigma actual? Una sociedad que sufre una división transversal que afecta cada aspecto de nuestras vidas, justificada mediante la fragilidad institucional que nos caracteriza en estos momentos. Esta fragilidad que se ve plasmada en nuestro día a día, en el que cuestionamos toda autoridad, desde el policía que nos multa, hasta el médico que nos atiende, con esa soberbia implícita del que cree que podría hacerlo mejor, aún sin saber sobre el tema. Esta sociedad se refleja en las aulas, donde los chicos ya no tienen limites ni respeto por sus autoridades, sean sus padres o sus maestros. Pero por sobretodo, una sociedad fragmentada bajo la noción de que el distinto es inferior, y por ello debe ser ignorado, criticado y/o instigado hasta el punto de la violencia física o psicológica.

A partir de esto, ¿Cuál es nuestro desafío? Esta es la pregunta que debemos contestar, porque entonces estaremos contestando lo que podemos hacer para cambiar esta realidad que nos afecta a todos. Uno de los chicos que participaba del debate televisado mencionó la educación como pilar para el cambio de esta problemática. Concuerdo con él, y no dudo que la educación y formación académica del ciudadano puede ayudarnos a cambiar. Sin embargo, prefiero ir un poco más allá de lo que las instituciones educativas pueden hacer. Concretamente, creo que la base para el cambio de este problema se encuentra en la educación en los valores, haciendo énfasis en uno en particular. Aquél valor que permite que convivamos pacíficamente como sociedad y podamos aceptar al otro, distinto en tantos aspectos, pero con el mismo derecho que todos a ser tratado dignamente. Estoy hablando de la TOLERANCIA. Este valor que se enseña desde que somos chicos, en el seno familiar, y que se desarrolla y aprende en la interacción con el otro a diario.

No hay dudas de que estamos en medio de una crisis. Una más, pero no menos importante. Una crisis, por sobretodo, de valores. Este es nuestro desafío como sociedad. Fortalecer aquellos valores que hoy parecen desvanecerse rápidamente y transmitirlos, para evitar que generaciones futuras sufran este tipo de problemas sociales que no generan más que caos y confusión. Para evitar que en el futuro las grietas se profundicen. Y por sobretodo, para poder sentar las bases para el crecimiento y desarrollo sostenible que tanto buscamos conseguir.

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