Sociedad

El ser (in)humano

Muchas veces vivimos sin realmente ponernos a pensar lo ello que significa. La gran mayoría vive un conjunto repetitivo de 5 días laborales y 2 en los que intentan descansar de esos previos. Y, si todo va bien, a fin de mes no les falta ni pan ni techo, ni ropa ni salud. Teniendo en cuenta que somos más de 7 mil millones de personas a comportarnos más o menos de esta manera (o un poco menos, considerando el infortunio de quienes deben vivir otro tipo de vida por haber nacido o quedado fuera de este mecanismo repetitivo), es inevitable pensar que el mundo funciona en piloto automático, producto de un sistema.

Continuar leyendo…

Sudamérica, ese fenómeno – Parte 2

Cuando hablábamos el otro día de Sudamérica, mencionamos una tesis básica que de alguna manera, nos permite comprender aspectos de la realidad sociopolítica del subcontinente. Mencionamos ciertos factores institucionales que se repitieron en Sudamérica para permitir oscilaciones tales como el paso de una situación de inestabilidad presidencial, donde se pone en jaque a la principal característica del presidencialismo (la duración fija de los mandatos), a la emergencia de liderazgos personalistas que hacen de las debilidades institucionales y del sistema de partidos su fuente de poder, permitiendo un avasallamiento de los derechos y libertades de partes de la población.

Continuar leyendo…

Salvar vidas: ¿elegirías hacerlo? Explicando un mundo sin donantes

Dinamarca tenía un grave problema. Siendo un país altamente desarrollado, educado y con niveles de vida que cualquier otro país del mundo envidiaría, tenía ciudadanos muriendo todos los días por falta de donadores de órganos. Solo un 4,25% de la población estaba inscrita como donante. Incontables campañas, programas de educación, propaganda y nada daba resultado. Suecia alcanzaba un 85,9% de la población como donantes, por lo tanto era difícil sostener que eran factores culturales los que prevenían a la gente de Dinamarca donar voluntariamente. Cuando dos investigadores del “Center for Decision Sciences” de la Universidad de Columbia entraron a buscar las causas, se encontraron con motivos verdaderamente sorprendentes e inesperados que dejan entrever las falencias que existe en aquello que conocemos como razón y voluntad.

Continuar leyendo…

Sudamérica, ese fenómeno

Un origen común, varios intentos de constituirse, una realidad que se repite, en medio de dicotomías, a lo largo de toda la cordillera y hacia la línea marítima. En Latinoamérica, y aún más en la región Sur, la raíz política e histórica es una. La colonización hispánica, con el consecuente saqueo y extracción de recursos, y la configuración de un esquema de poder que se mantuvo con la independencia y emancipación, al menos política, que el continente atravesó durante el siglo XIX, es un factor común de indudable peso en la explicación del escenario actual. Por otro lado, la dependencia se mantuvo en lo económico y productivo, mientras que la desigualdad social se acentuaba. Hoy, nuestro continente quiere ser protagonista global y pugna por alzarse como aquel actor que pudo y quiere ser. En el siglo XIX, sin embargo, la perspectiva era otra.

La génesis política

 

La llama encendida por los revolucionarios franceses y norteamericanos prendió entre las élites ilustradas del continente. Bajo el pretexto de preservar la autonomía mientras el imperio napoleónico se hacía con el poder de las coronas europeas, Latinoamérica se levantó en luchas y gestas por la independencia. Continuar leyendo…

¿Nos aliamos o nos alienamos?

salvesequienpuedaVivimos tiempos en los que la humanidad pareciera moverse al sonido de “sálvese quien pueda” y donde el egoísmo como antivalor muchas veces predomina ante el compañerismo, la solidaridad y el amor al prójimo. La esperanza de vivir en un  mundo mucho más inclusivo y multipolar se asoma como un hecho no aislado que debe ser fortalecido con acciones, con palabras, haciendo lo que según nuestro sistema de creencias es correcto y asumiendo las consecuencias de nuestros actos, desde lo individual a lo colectivo. Es en este sentido hacia donde debe apuntalar nuestro quehacer diario, es decir, a mantener  una actitud permanente de servicio hacia el trabajo, la familia, o cualquier ámbito de nuestras vidas.

Continuar leyendo…

Actos terroristas: ¿qué podemos hacer?

El ataque terrorista sucedido hace algunos días en Charlie Hebdo está en boca de todos. Ya sea para repudiar la violencia, repudiar a los musulmanes, defender a los musulmanes no extremistas, defender la libertad de expresión, y/o comentar las publicaciones de la revista. Se han elaborado distintas teorías: que los musulmanes buscan acabar con el mundo occidental, que los radicales se ofendieron con los retratos satíricos del profeta Mohammed, que los radicales terroristas buscan mediante el ataque generar Islamofobia para ganar más adeptos, etc etc etc.

Continuar leyendo…

Queremos ser Nación

La Argentina tiene dos grandes problemas de los cuales poco escuchamos y que se encuentran visiblementebandera-argentina-1 encubiertos. La demografía y la ecología: el estudio de la sociedad y del espacio. Para introducir la cuestión diremos que la composición de la población y su integración, su distribución y participación en el aparato productivo, su pertenencia al sentimiento de “nosotros” así como la sustentabilidad de las actividades económicas y el desarrollo de áreas marginales son problemáticas por lo menos a plantear y dilucidar.

Continuar leyendo…

No necesito nada más que esto

El 5 de diciembre se celebra año a año e internacionalmente el día del voluntariado, una fecha  que “celebra la participación de las personas que contribuyen al cambio a nivel local, nacional y global” según menciona la Organización de las Naciones Unidas y en la que se conmemora especialmente a aquellas actividades e iniciativas que trabajan por una transformación positiva de la sociedad.

Es un día, entonces, para celebrar y reconocer el trabajo de millones de personas que toman la decisión de resignar una recompensa económica por un trabajo que puede ser más o menos exigente o requerir de ellos más o menor compromiso, y realizar tareas que repercuten en varios ámbitos y niveles. Los ejemplos son innumerables: desde los bomberos voluntarios, hasta el de una organización barrial, pasando por organizaciones como el SABF. ¿Por qué es importante el voluntariado?

Continuar leyendo…

El hambre no fue al colegio

En cualquier curso básico de Introducción al Derecho se explica por qué existen las normas (leyes, decretos, ordenanzas, disposiciones, etc.) que rigen nuestra vida diaria. Y aunque uno estudie paisajismo, ingeniería o diagnóstico por imágenes, no resulta difícil de entender: vivimos en sociedad y no podemos comportarnos de cualquier manera. En un sistema democrático, parte de los representantes del pueblo se abocan a la complicada tarea de describir las actitudes que – como sociedad – consideramos aceptables y aquellas que no. Es decir que en este sistema, el pueblo deposita la confianza en un grupo de personas para que determine las reglas bajo las cuales tenemos que comportarnos cuando salimos a la calle. Una ley no es más que eso: la disposición de nuestros derechos y obligaciones para poder llevar adelante nuestra vida de manera tranquila, aceptando que el resto de la población vela por lo mismo.

En Argentina (y seguramente en muchos otros países), todos los días vivenciamos situaciones que no entran, desafortunadamente, en la categoría de socialmente aceptables, tal como piden esos textos. Y no me refiero particularmente a aquellos graves hechos delictivos, que implican daños a la integridad física de alguna persona (como robos violentos, secuestros, violaciones, asesinatos, etc.). Tampoco a situaciones de extrema posición filosófica (eutanasia, aborto, fertilización asistida, etc.). Existen por doquier situaciones menores, pero no por ello menos importantes, que no podemos considerar aceptables para nuestra sociedad. Para estos casos,  sería interesante analizar dos cosas:

  1.    Por qué ocurren
  2.    Qué podríamos hacer para mejorar

Las situaciones a las que me refiero son variadas: no levantar la caca del perro, tirar basura en la vía pública, aceptar que un desconocido nos pida plata para “cuidarnos” el auto, ocupar la mitad de la vereda para vender mercadería… etc. Todas cosas que ocurren diariamente y que son practicadas por ciudadanos. Ciudadanos como yo,… como vos, como todos (al mejor estilo Leon Gieco). Gente que es parte de esta sociedad y decide voluntariamente no comportarse como debería…(al menos según nuestra propia ley).

Tomemos el último ejemplo: vendedores ambulantes que ocupan la mitad de una vereda para promocionar sus productos. Discusión interminable sobre la aceptabilidad de esta situación. Por un lado, los vendedores: alegan que están en su derecho de realizar una actividad comercial que les permita llevar un plato de comida a su casa. No sabrán ni conocerán otra forma de hacerlo que no sea esa. Del otro lado, la ley… la regulación de la vida en sociedad: es claro que es ilegal desde varios puntos de vista (impositivo, civil y comercial).

manteros

¿Es necesario que quede escrito en algún lado que esta actividad debería ser considerada socialmente inaceptable? Interrumpir o dificultar la circulación en vía pública, no pagar impuestos, no registrar las ventas, competir de manera injusta con comercios del mismo rubro… (¡y ni hablar si la mercadería no es de origen lícito!). Las razones por las cuales esta actividad no debería ser considerada aceptable por todos nosotros son varias; y todas están basadas en valores que – como sociedad – defendemos y fomentamos. [Si alguno está pensando “mostrame un ejemplo de ley que lo diga”, aquí le dejo una para la Ciudad de Buenos Aires: Ley 1166 del Código de Habilitaciones de la Ciudad de Buenos Aires, Capítulo 11.1, “Permisos de uso en el Espacio Público”, artículo 11.1.17].

A mi entender, es claro: esto no debería ser aceptado. Sin embargo, sigue ocurriendo y lo seguirá haciendo. ¿Es justificable realizar una actividad ilegal para un buen fin? “Es mi única fuente de ingreso y con esto le doy de comer a mis hijos”, ¿es suficiente? Validando este punto de vista, ¿no deberíamos validar el de quien sale a robar para poder comer? Por supuesto, una situación es más grave que la otra… pero son igual de ilegales… igual de socialmente inaceptables.

¿Por qué ocurren estas situaciones? Cuando la excusa es el hambre y el sustento familiar, parece que los valores bajo los cuales construimos nuestra vida en sociedad quedan desautorizados (manteros, cuida-coches, etc.). Y peor aún, algunos valores se pierden sin siquiera tener una excusa (tirar basura en la calle, no levantar la caca del perro, etc.)… Y estoy hablando sólo de situaciones menores, en las que la propiedad privada y la integridad física de cada uno no se ven comprometidas.

Si entendemos de una vez que lo más importante a enseñarle a una persona son las actitudes que aceptamos como sociedad, vamos a dejar de pelear por los contenidos técnicos de una currícula y vamos a empezar a llevarnos mejor. Realmente me pregunto: ¿tan difícil es? ¿Se necesitan estudios de alto grado para comprender que lo que importa es que eduquemos actitudes y no que forcemos conocimientos? Discutimos miles de reglas complejas, pero ninguna de convivencia básica…

Una vida estándar en un país estándar

Francia posee 29273 kilómetros de líneas ferroviarias. A ver, esto es como ir desde Buenos Aires a Chicago, volver a la capital argentina, y luego re-retornar al Estado de Illinois. Todos los días circulan 15000 formaciones (un promedio de más de 10 por minuto, y de 5.5 millones al año), que cubren alrededor de 3000 ciudades del territorio galo.

A simple vista es de esperar que, con una red de tal magnitud, sólo el mantenimiento de las vías implique un gran trabajo; y que la enorme cantidad de conexiones/trasbordos pueda provocar retrasos o desempeños no esperados. Sin ir más lejos, en el año 2013 la Société Nationale des Chemins de Fer (SNCF), principal compañía ferroviaria del país, reportó un total de 22 accidentes. Entre 2013 y 2014, uno de cada diez pasajeros “sufrió” un retraso de al menos 5 minutos en algún tren de la red.

Los pasajeros y usuarios regulares no dudan un segundo en hacer catarsis y expresar sus quejas en los diferentes medios que la web 2.0 les ofrece: foros, redes sociales, sitios oficiales, etc. Todos juntos aunados por la queja: ¡no es aceptable que un tren se retrase más de 5 minutos! Mucho menos si hay un accidente: ¡¿qué clase de empresa es esta en la que viajamos!?

Por mucho tiempo creí que estos eran – entre otros – problemas “primermundistas”. Como ellos nunca tuvieron la oportunidad de viajar en el subterráneo de Buenos Aires en hora pico (cuyo problema principal es la falta de frecuencia por no contar con suficientes formaciones y una red no-optimizada), solía creer que sus pedidos y reclamos se podían catalogar como “menores”.  En mi antiguo razonar, si un tren de media distancia Montpellier – París se retrasaba 15 minutos, yo no veía problema alguno. Ni quejas, ni reclamos, ni suspiros: paciencia y aceptación.

subte2

Pero después me puse a pensar un poco más allá: intenté entender las razones por las cuales los países en vías de desarrollo, como los latinoamericanos, no lograban tener una infraestructura como aquella. Y aún un poquito más lejos: por qué la calidad de vida (ya en un sentido más amplio) lograba a veces ser tan diferente. ¿Es tan alejada una realidad de la otra? Sin entrar en cuestiones políticas – que implicarían interminables análisis sobre la toma de decisiones de un tal o cual – me di cuenta de que mi postura pasada era un poco errada.

Quizás esta reflexión sea un poco simplista, pero creo casi firmemente de que la diferencia fundamental yace en una cuestión educacional y cultural, y es – quizás lo más fuerte – totalmente independiente del poderío económico o fortaleza política del país. La diferencia existe porque tanto Francia como otros países desarrollados han establecido un estándar de condiciones de vida. Han logrado definir qué es aceptable y qué no, como sociedad, como grupo de convivencia humana.

stopHoy, si un francés va manejando por la calle y ve una señal de “PARE”, no lo duda: desacelera, casi hasta el punto muerto, mira a ambos lados, y recién ahí vuelve a acelerar. No importa si ya sabe que no viene nadie; no importa si es innecesario que, de hecho, pare. El conductor respeta esa señal tal cual se lo enseñaron. ¿Será porque le quitan puntos si lo agarran en contravención? No: es indistinto si hay o no un policía vigilante. Lo hace porque así considera que debe hacerse: porque eso es lo que considera aceptable como conducta. Ni una excelente, ni una pésima conducta: una aceptable, esperable, una conducta estándar.

Y así ocurre con todo… (bueno, con casi todo). Desde por qué se quejan si hay un retraso, o un accidente de tren (aunque las estadísticas anteriores muestren que 22 accidentes en 5.5 millones de trayectos equivalgan a 1 en 248 863), hasta por qué esperan que el agua y el pan se sirvan gratis en un restaurant. Es lo que ellos consideran la base de lo razonablemente aceptable para vivir en sociedad. Esto no quita que las cosas puedan hacerse aún mejor, ni mucho menos que estos países no tengan problemas… por supuesto que los tienen.

La International Organization for Standarization (ISO) ha definido a lo largo de la historia todo un conjunto de normas para establecer un nivel de aceptación común en la industria: el nivel estándar. No es el nivel al que hay que aspirar: por supuesto que se puede ir más lejos. Pero definitivamente no es el nivel para estar por debajo.

¿Deberíamos pedirle a esta empresa que cree una norma ISO-N0001, para dejar en claro cómo queremos vivir? Quizás deberíamos empezar a reclamar más y dejar de aceptar tanto. Pasar a la acción y no apagarnos en la palabra. Una barrera más alta sea quizás la fuerza impulsora hacia el cambio que necesitamos los países en vías de desarrollo.