Reflexión

Capitalismo somos todos

Capitalismo somos nosotros

El mundo es terriblemente cruel. Una de cada ocho personas padece hambre. Cada año, más de 165 millones de niños sufren de desnutrición y otras 250.000 personas mueren por consumo de drogas. La riqueza está distribuida de manera muy muy desigual, el 1% de la población tiene el 50% de la riqueza, mientras que el 99% restante pelea por la otra mitad. Guerras, enfermedades, castigos, sufrimientos; infinitas cosas que es mejor ni plantearse. Pensar que todo esto está sucediendo acá y ahora es terrible. Es realmente difícil asumirlo, y en tal caso, casi imposible soportarlo. Por eso preferimos entretenernos con otras cosas, mirar un poco la tele, jugar a la pelota, charlar con amigos, tomar unos mates. Mientras más cosas y más apurados estemos, mejor: menos tiempo para pensar todo lo que sabemos que está pasando mientras estamos en casa leyendo esto.

De hecho, ahora muchos de ustedes estarán enojados conmigo. Unos me dirán: “¿Y para qué pensar en esto ahora si estaba tan tranquilo con el mate y las medialunas?”, y otros tantos pensarán, “¿¿Y yo qué culpa tengo??”. A los primeros les pido disculpas, sigan con sus medialunas (y si pueden ¡agréguenle dulce de leche!). Si sos de los segundos, estás condenado a leer lo que sigue:

 

¿Quién tiene la culpa?

Echarle la culpa al capitalismo es fácil. Maldito sistema, que oprime a los más necesitados, que margina a los sectores más pobres, que permite que unos pocos se enriquezcan a costa de otros tantos, que incentiva las guerras encubriendo grandes intereses económicos, que está creado para saciar las ambiciones infinitas de los capitalistas y su incansable afán de riqueza. Digo, poner la culpa afuera, en algo donde pareciera que no tenemos ningún margen de acción, es sencillo. Nos libera de cualquier culpa o responsabilidad por todos esos terribles sucesos que acontecen a diario; incluso nos brinda un enemigo lo suficientemente ambiguo para combatir a la manera que nos parezca. Un enemigo tan poderoso que no sólo justifica el no hacer nada (todo lo que pasa es culpa del sistema) sino que, mejor aún, podemos pretender que estamos combatiendo todos esos males levantando bandera contra ese monstruo. Cada vez más, afirmar que estamos en contra del sistema capitalista nos libera de culpa. Pareciera que pegarle al capitalismo es ayudar a los más necesitados, que maldecir nos vuelve del lado de los sectores marginados.

Contra esa postura tan cómoda como seductora, me parece importante reconocer lo siguiente: quienes vivimos en este mundo somos nosotros (yo, vos, tu amigo que está ahí cerca, tu viejo que está laburando, etc, etc). Digo, en el mundo no hay más que personas de carne y hueso. Asumamos, entonces, que la responsabilidad de todas -o mejor dicho, de la gran mayoría- las cosas que pasan en nuestro mundo recae en las personas. Quienes sentimos, pensamos y actuamos somos nosotros. Luego, lo que ocurre en el mundo es el resultado de las infinitas interacciones de acciones y decisiones que tomamos todos nosotros a cada momento.

 

¿Con esto quiero decir que toda la “culpa” de lo que sucede la tenemos nosotros?

Con esto quiero decir que es absurdo dejarnos a nosotros –individuos- a un costado. Está claro que la responsabilidad de lo queCapitalism is Dead sucede en la sociedad está dentro de la sociedad y no afuera. Está en nosotros, humanos, y no en el “capitalismo”, sistema.

Según entiendo, el capitalismo somos nosotros. Eso que llamamos sistema no es más que una forma de coordinar las infinitas decisiones que tomamos los 7.200 millones de personas a cada segundo (al menos aquellas relacionadas con la producción, el intercambio y la distribución). En este sentido, reconozcamos que quienes actuamos, decimos y decidimos somos nosotros y, por lo tanto –y por favor-, no le echemos la culpa al capitalismo, ni al neoliberalismo (ni a los intereses ocultos, ni a las fuerzas del mal).

Escuchar “el capitalismo nos vuelve egoístas” me resulta simplista, facilista. Contemplemos, al menos por un momento, la posibilidad  de que la relación sea inversa. Que no sean las personas las que se adaptan al sistema, sino el sistema el que se adapta a cómo son las personas. Pensemos, entonces, que cabe la posibilidad de que el ser egoístas nos vuelva capitalistas.

En 1973 Alemania estaba dividida en dos: la parte occidental (capitalista) y la parte oriental (comunista). Entre ellas había un muro que impedía el paso de un lugar a otro. Del lado oriental, ese muro estaba rodeado de gente tratando de treparse y pasar al otro lado. Del lado occidental, nadie. Sucede que, si bien los sistemas alternativos al capitalismo suenan muy seductores (prometen un gran bienestar social, terminar con el hambre, la marginalidad, la pobreza, y todas esas cosas que suenan muy bien y que a todos nos gustaría) requiere de un compromiso social impensable. Requiere de individuos dispuestos a trabajar por el bienestar colectivo. De individuos dispuestos a esforzarse por el prójimo tanto, o más, que por ellos mismos. De individuos que hoy no existen.

 

Tampoco exageremos

Ok, es cierto; es necesario reconocer que el problema no está afuera sino adentro. Considero fundamental aceptar que la responsabilidad principal de lo que sucede en nuestro querido planeta está en nosotros y no en ciertos conceptos abstractos y grandilocuentes. Pero tampoco quiero exagerar. Si bien creo que la culpa –o responsabilidad- es principalmente nuestra como sociedad, pienso que, a la vez, no lo es tanto en cuanto a nosotros como individuos particulares. Digo, ninguno de nosotros  (ni yo, ni vos, ni tu amigo) tenemos la posibilidad de alcanzar grandes cosas actuando de manera distinta. Si cada uno decidiese cambiar su forma de actuar, el resultado global sería prácticamente el mismo (los niños seguirían sufriendo hambre, la desigualdad sería la misma, mismos niveles de contaminación, mismas niveles de violencia, etc, etc). Haciendo una estimación vaga e injusta, el peso de nuestras acciones y decisiones sería aproximadamente del 0,000014% (1/población mundial – el link muestra el minuto a minuto de la población mundial. ¡Es apasionante, no se lo pierdan! En este momento vamos por 7.229.195.231…! ).

En ese sentido, sacate el exceso de culpa que tengas y guárdate solo ese 0,000014%. Pero ojo, tampoco te vayas a tomar un mate como si nada. Acabamos de acordar que para que las cosas cambien se necesita de un cambio social, y para eso, el cambio individual es esencial. Pero como el impacto de nuestras acciones individuales es prácticamente nulo, actuar de manera distinta y responsable requiere de un gran compromiso (conciencia-respeto-tolerancia-paciencia). Así que cuando termines el mate tirá la yerba en donde corresponda; cuando te den vuelto demás devolvé la parte que no te corresponde; cuando veas a un niño en problemas fijate cómo podés ayudarlo; y cuando estés caminando por la calle sonreile al diariero como si fuera tu amigo. Todo eso a sabiendas de que no va a cambiar nada. Todo eso hay que hacerlo; aunque sólo sea por respeto a nuestros ideales, aunque sólo sea por amor al arte.

¿Puede un ratón competir con un gigante petrolero?

Así lo planteaba el reconocido PhD José Cordeiro, Presidente de la Sociedad Mundial del Futuro – Filial Venezuela y docente de la mickeymouseSingularity University. Cordeiro no se refería a cualquier ratón, sino a Mickey Mouse, cuya marca registrada forma parte del gigante corporativo “The Walt Disney Company”, transnacional que ha conseguido materializar formidables ganancias procesando los recursos naturales exportados por empresas Latinoamericanas como la estatal venezolana PDVSA. ¿Cuál es el secreto? Agregan valor.

Es innumerable la cantidad de productos que podemos encontrar relacionados con este personaje animado: corbatas, relojes, sombreros, juguetes, entre otros, son comercializados alrededor del mundo. Latinoamérica es parte importante de la cadena logística de generación de valor que llevan estos productos aportando la materia prima, en el caso de Venezuela exportando su petróleo cuyos derivados, como el plástico, son indispensables para prácticamente todos los productos relacionados con Mickey Mouse.

Si observamos las ganancias de PDVSA, un barril de 159 litros oscila entre los 90 y 110 dólares en el mercado mundial, por lo que el ingreso por barril exportado se encuentra dentro de este margen. Por otra parte, un juguete plástico de Mickey Mouse cuesta aproximadamente 11,50 dólares. Cabe cuestionarse: ¿cuántos juguetes plásticos de Mickey se pueden obtener usando como materia prima un barril de petróleo? Podemos estar seguros que los suficientes para superar varias veces las ganancias que obtiene la gigante petrolera por cada barril exportado.

El ascenso de las economías emergentes de Asia ha reforzado nuestro papel de exportadores de materias primas, rol al que nos hemos aferrado sin internalizar la importancia de diversificar hacia actividades intensivas en conocimiento y tecnología. Allí es donde se generan más y mejores oportunidades que sacarían de la pobreza a la población, a través de empleos estables y bien remunerados. Cordeiro plantea: “PDVSA cuenta con unas reservas impresionantes de petróleo, el pobre Mickey Mouse no tiene ningún recurso natural. Todo el poder de Mickey está en su mente, en su cerebro, en su imaginación, en su capacidad de crear e innovar”.

Según el informe de Perspectivas Económicas de América Latina 2014 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el 60% de los bienes que exporta América Latina terminan siendo recursos naturales sin mayor valor añadido. En el caso de Venezuela, se exporta mayormente gas y petróleo; este último, luego de ser exportado, es procesado y apalanca el crecimiento de otros países. Las naciones emergentes aprovechan nuestras materias primas para producir bienes elaborados y generan cada día más y mejores empleos, ¿por qué no lo hacemos nosotros?.

Así como lo planteó el gran escritor venezolano Uslar Pietri, hay que “sembrar el petróleo”, refiriéndose al caso de Venezuela. En nuestras regiones debemos exigir que el uso de nuestras riquezas naturales sea una plataforma para desarrollar procesos basados en tecnología y conocimiento, dejando de lado la política para dedicarnos a ser más productivos. La colaboración entre la empresa privada y el Estado es indispensable para que exista crecimiento económico y así competirle al “ratón más conocido del mundo” con los productos del conocimiento y la creatividad “Made in América Latina”.

Los que quedamos en el medio

Hoy voy a contarles algo que me pasa a mí, pero que también le esta pasando a mucha otra gente de mi edad. Siento que soy parte de la generación de los que “quedamos en el medio”. Gente de 24 – 27 años, que elegimos una carrera larga, que estamos por terminar, pero que cada día que pasa se nos hace más cuesta arriba llegar a esa ansiada graduación.

Pensamos que si estuviésemos en los primeros años dejaríamos la carrera y haríamos una más corta, vemos que personas cada vez más jóvenes comienzan a frecuentar los espacios en los que nos queremos involucrar. Hacemos muchas cosas a la vez, estudiamos, trabajamos, participamos de organizaciones o tenemos vocación social, pero, por sobre todo, tenemos ganas de emprender nuestro propio proyecto. Y vemos que, por como esta dada la educación hoy en día, ya no importa tanto lo que estudias, sino lo que haces.

Hoy, el acceso a la información y los avances tecnológicos permiten validar hipótesis mucho más rápidamente. De repente, el concepto “Lean” que últimamente se viene mencionando mucho en el ámbito emprendedor, tiene sentido también en la vida real y en la educación. ¿Para qué voy a estar viendo teoría durante 5 o 6 años, si hoy puedo validar mi proyecto en semanas, días o incluso horas?

Un ejemplo es el de Jack Andraka, que a los 15 años, googleando, encontró una forma de detectar el cáncer de2014-04-15-jack-andraka páncreas en forma temprana, no invasiva, con un costo significativamente menor y una precisión casi perfecta. Él utilizó una herramienta a la cual hoy (casi) todos tenemos acceso, procesó esa información, la analizó, y desarrolló los primeros estudios. De nuevo, suena mucho al concepto Lean.

Está claro que esta “crisis de los veintitantos” se va a seguir repitiendo e incluso magnificando en los próximos años. Hace un tiempo escuchaba a Gerry Garbulsky decir que para él no falta mucho para que el próximo Premio Nobel tenga menos de 20 años, o para que el siguiente presidente de una potencia mundial sea un treintañero.

Y en este punto, en donde vemos que todo avanza velozmente, que los tiempos cada vez se acortan más, la educación sigue siendo la misma de hace cientos de años. Las causas son muchas: estructuras grandes sumamente lentas y con mucha resistencia al cambio, personas que gestionan que son de una generación diferente a la nuestra, profesores que enseñan temas ya obsoletos y no conocen las últimas tecnologías, etc. ¿Cómo puede ser que en una materia como Procesos Industriales, en donde se enseñan todos los procesos a los que son sometidos los diferentes materiales, no se mencione en todo el año, ni una vez, la impresión 3D? Algo que, hoy en día, nadie pone en duda que va a revolucionar la industria en los próximos años. Los contenidos de las materias deben ser dinámicos, deben revisarse anualmente, deben adaptarse a los cambios que se dan en el mundo y el mercado.

Como estudiantes vivimos en un mundo en el que, además de ir a la universidad, trabajamos y tenemos miles de estímulos alrededor que desvían nuestra atención. Pero como mencionamos, el sistema educativo, en la mayoría de los casos, se mantiene intacto. Y, para muchos jóvenes, la universidad se empieza a convertir más en un limitante que en una generadora de herramientas y oportunidades. En mi caso, me encanta lo que estudio (Ingeniería Industrial), participo activamente en eventos de mi facultad y soy un agradecido de todo lo que me da. Pero a la vez siento que hace tiempo llegué a un techo, que ya estoy listo para dar el salto y que mi tiempo lo puedo estar aprovechando para hacer cosas que tengan un impacto real. Y creo que esta sensación se va a ir acrecentando para las próximas generaciones.

El colegio técnico y la universidad me dieron otra forma de pensar. Para mí, esa es la clave de la educación para los próximos años. Inevitablemente debe virar hacia algo personalizado, en donde nosotros, ya sea física o virtualmente, podamos elegir qué contenidos queremos aprender. La información está disponible con solo tipear ciertas palabras clave en un buscador en Internet, no necesitamos “comernos” veinte libros con teoría que nunca vamos a llevar a la práctica porque es obsoleta, o simplemente porque es información que vamos a tener al alcance de la mano en el momento en el que la necesitemos. La educación nos debería dar la base, las herramientas, para que nosotros podamos procesar toda esa información y usarla para nuestro beneficio.

Hagamos de la educación algo más práctico y menos teórico. Que la carrera sea un constante proyecto en el cual aprendamos por las acciones que tomamos, en el que equivocarnos no esté mal sino sea parte del aprendizaje necesario. Construyamos una universidad que no sea una fábrica de profesionales estándar preparados para el mundo empresarial, sino que sea una formadora, un acompañante en la búsqueda de la profesión de cada uno de sus estudiantes.

Hacernos cargo

“Yo soy, porque nosotros somos”

Suele pensarse al siglo XXI como el siglo del individualismo, una época en la cual el hombre es estigmatizado como un “hombre-masa”, pero con una fuerte tendencia a una construcción relativa de la verdad. Esto sin embargo, por muy  contraproducente que parezca, puede ser positivo. Un individuo con sus capacidades desarrolladas al máximo, puede generar grandes cambios. Si pensamos, todos los seres humanos quieren diferenciarse, y se creen diferentes, esto corresponde a una forma de automotivación. Por otro lado, el individualismo extremo se convierte en un culto al orgullo propio y se traduce en un desinterés en el contexto social.

Pensemos en una analogía para poder entender esto. Una caja cerrada, con un gato en su interior, con una botella de gas venenoso y un dispositivo con una partícula que tiene una probabilidad del 50% de desintegrarse, y si se desintegra, el veneno se libera y el gato muere. Hay 50% de probabilidades de que el veneno se haya activado y un 50% de probabilidades de que el gato esté vivo. Entonces al momento de abrir la caja, podemos decir que el gato está vivo y muerto al mismo tiempo. Esto es conocido como el experimento del Gato de Schrödinger. Te propongo que pensemos una analogía, una comunidad específica, una forma de comportamiento y un individuo. Hay un 50% de probabilidades de que el individuo haga prosperar a la comunidad y un 50% de que el individuo la perjudique. El individualismo puede determinar el futuro de la comunidad, por lo cual, la comunidad está viva y muerta al mismo tiempo, el individuo es la variante que puede hacer la diferencia.

El individuo está determinado por su situación de vivir en acciones recíprocas con otros, por lo cual, toda la actividad humana transcurre dentro de la sociedad. La socialización, como señaló Georg Simmel, se da cuando la convivencia de los individuos adopta la forma de la cooperación y colaboración bajo el concepto de una acción recíproca como hilos entretejidos. Aunque el individuo esté aislado, sigue formando parte de la sociedad.

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Todo lo que suceda en la sociedad nos va a afectar directa o indirectamente, y todos somos, por lo menos en una mínima parte, responsables de ello. No podemos dejar de ignorar que nuestras acciones pueden hacer la diferencia, no podemos quedarnos a esperar que otros hagan las tareas más difíciles, porque, no sólo que de eso depende un mayor bienestar social, sino que depara un mayor bien individual. Pero generalmente se tiene la costumbre de realizar críticas y hablar de los fracasos de las políticas de los gobiernos, de las empresas, de las ONGs, o de cualquiera que haya intentado modificar positivamente el statu quo. Es hora de preguntarnos: ¿qué hicimos y/o hacemos nosotros para evitar que esas políticas e ideas fracasen?

Tomemos un solo ejemplo. El próximo año se cumple el tiempo fijado para alcanzar los conocidos “Objetivos de Desarrollo del Milenio” establecidos en el marco de la Organización de Naciones Unidas. Estos objetivos representan la oportunidad de vivir “en el cambio de siglo”, superando atrocidades que sucedieron en los siglos anteriores, tiempos repletos de conflictos bélicos, de subordinación de los derechos a los intereses. Representan la oportunidad de lograr mejores condiciones de vida para toda la sociedad, de lograr el pleno cumplimiento de los derechos de cada uno de las personas que habitamos este planeta. Si bien están determinados por un optimismo antropológico, las buenas perspectivas hoy cambiaron un poco, y nosotros, ¿que estamos haciendo para que estos objetivos no fracasen?

¿Todos los individuos somos responsables de lo que ocurra en la sociedad? No lo voy a responder, eso queda a opinión y conjetura de cada uno de los lectores. Voy a cerrar este artículo con una regla ética sudafricana, que sintetiza todo esto en una sola frase:

“UBUNTU. Yo soy, porque nosotros somos”.

Bárbara conferencia bávara

Asistir a una conferencia internacional en Alemania sin duda fue una experiencia única. Si bien creía que no iba a poder sorprenderme al haber participado en el SABF el año pasado, descubrí cosas muy diferentes. Tanto el World Business Dialogue (WBD) como el SABF son experiencias especiales e incomparables.

Participé del SABF en la edición 2013 y acabo de participar del WBD edición 2014. En primer lugar, soy estudiante de Buenos Aires, por lo que ya de por sí fue una gran experiencia convivir en un hostel con otros participantes, algo que no había podido vivir durante el SABF. Compartí el cuarto con chicas de Vietnam, República Dominicana y Bosnia, sin duda mi experiencia arrancó con mucha diversidad. Conocer a participantes de todas partes del mundo me ayudó mucho a conocer otras culturas y escuchar otros puntos de vista.

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El tema central de la conferencia fue Innovaciones Disruptivas y se llevaron a cabo diferentes charlas y talleres que giraban en torno a ello en todas las industrias. Me sorprendió mucho ver los grandes avances tecnológicos que se están llevando a cabo en todo el mundo, en especial en el ámbito de la educación y la medicina. Aprendí sobre los avances de estas nuevas tecnologías en los países más desarrollados. Creo que esto fue una gran experiencia, ya que tuve acceso a avances tecnológicos que no sé si hubiera podido conocer sin asistir a esta conferencia.

Sin embargo, me di cuenta que, mientras que en los países del “Primer Mundo” se invierten millones en las más altas tecnologías que van a cambiar drásticamente a la sociedad, la mayoría de estos países ignora las dificultades básicas que sufrimos los países subdesarrollados. De esta manera, mientras en Europa y EE.UU. se preocupan por extender la vida humana hasta la inmortalidad, en muchos otros países, chicos mueren de hambre todos los días. Me angustió un poco darme cuenta que nuestros problemas sociales y económicos casi no ocupan lugar en las agendas de los más poderosos desarrolladores de tecnología.

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Afortunadamente, también me sorprendí al darme cuenta de que nosotros, los jóvenes, somos parte de otra generación, una generación globalizada y consciente. La fuerte participación de estudiantes de países subdesarrollados y el interés de estudiantes de países desarrollados sobre nuestros problemas, sin duda me dio mucha esperanza. Además, tuve la oportunidad de conocer algunos líderes que hoy sí están usando las más altas tecnologías para cambiar las realidades de los que menos tienen.

Las más avanzadas tecnologías están transformando drásticamente nuestra sociedad y revolucionando todas las industrias. Son herramientas muy poderosas, que deben tratarse con mucho cuidado, ya que pueden traer efectos secundarios inimaginables. Depende de nosotros, los jóvenes, aprovechar al máximo estas herramientas para una mejor evolución de nuestra sociedad, no solo pensando en el desarrollo de una elite sino de todas las personas.

Conferencias como el SABF y el WBD, que reúnen a los líderes de hoy con los de mañana, cumplen un rol fundamental en estimular a las nuevas generaciones en tomar acción para mejorar la realidad. Son experiencias que nos nutren y transforman la forma de ver las cosas y nos llenan de energía para ejercer un rol activo en la sociedad. Creo que son experiencias que todos los jóvenes deberían vivir, sin importar etnia religión o estudios que practican. Cuantos más seamos los que participemos de estos foros, mejor va a ser el futuro que nos espera a todos nosotros. El SABF, por ejemplo, cierra sus aplicaciones el 4 de mayo… ¡todavía hay tiempo!

Reflexión: El valor del tiempo

La_Persistencia_de_la_MemoriaComo licenciada en administración, me veo repetidas veces intentando darle valor a las cosas intangibles. No hablo de un valor monetario, o en especias, sino de un valor algo más abstracto: el valor que subjetivamente le damos a las cosas.

Especialmente, me da curiosidad las discrepancias en el valor que le damos al tiempo, cada uno de nosotros: hombres, mujeres, argentinos, tailandeses, europeos, campesinos, empresarios, deportistas, políticos. Todos y cada uno de nosotros, damos al tiempo valores tan diversos como personas hay en el mundo.

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