Opinión

La encrucijada europea: ampliación y Brexit

El proceso de incorporación de un Estado a la Unión Europea es complejo y prolongado. La salida parecería serlo, de igual modo, aunque no existe precedente alguno. La admisión requiere la aplicación de los criterios de Copenhague que se resumen en instituciones democráticas estables, estado de derecho, economía de mercado y la aceptación de la legislación europea. Tales requisitos no parecen fáciles de cumplir por muchos de los candidatos. Por más obvio que parezca la admisión de un nuevo Estado requiere que el mismo sea europeo. Antecedente de esto es la fallida solicitud de adhesión del Reino de Marruecos en 1987 a la Comunidad Europea.

Dentro del actual universo de candidatos a la incorporación como miembros debemos hacer una diferencia entre los candidatos oficiales que se encuentran en proceso de negociación o a la espera de iniciarlas, como lo son Turquía (que cumple pocos de los requisitos del compromiso por lo cual su candidatura avanza a paso glacial desde 2005 y que vista la realidad política actual no puede vislumbrarse un cambio de la situación en el corto o mediano plazo), Montenegro (desde 2005), Serbia (desde 2012), Macedonia (desde 2005) y Albania (desde 2003) y candidatos potenciales con o sin solicitud formal presentada como Bosnia y Herzegovina y Kosovo.

La Unión Europea ha recorrido un largo y complejo camino desde la Comunidad Europea del carbón y el acero de los años 50 hasta el tratado de  Lisboa generando una reglamentación estricta y necesaria para su continua ampliación. Pero esto no debe ser lo único a tener en cuenta.

No debe de perderse los valores fundacionales de la Unión cuyas bases constituyen el alma de la Europa de hoy en día. La Unión Europea fue concebida más allá de la integración económica desde un criterio moral y a partir de las cenizas de dos guerras mundiales que cambiaron la historia y configuración del mundo. Son los principios humanistas y democráticos de Konrad Adenaeur, Jean Monnet, Alcide de Gasperini, Robert Schuman entre muchos otros los que deben guiar el devenir de la Unión.

La Unión Europea representa un caso único de integración en la historia mundial que ha establecido paz y prosperidad en un continente golpeado por las luchas de predominancia y hegemonía en los últimos 500 años.

La salida del Reino Unido es asimismo una nueva oportunidad para avanzar hacia una integración más plena y un concepto de Europa más integral. La misión de la Unión no debe verse limitada frente al criterio de incorporación de miembros ni disminuida en cuanto a objetivos en base a la falta de compromiso de los estados actuales o potenciales miembros.

La Unión Europea es una entidad abierta a los estados europeos pero no tiene por ello una misión ecuménica en el viejo continente. Quienes puedan comprometerse con los valores fundacionales de la Unión y quieran correr el riesgo de una integración plena serán aquellos que deberían gozar de los beneficios y virtudes que 50 años de integración han cosechado.

El futuro de Europa depende de ello. De no perderse ante el paradigma de creer que más cantidad es mejor sino que quienes puedan comprometerse convencidamente con los principios y valores europeos sean aquellos llamados a ser parte de la integración europea.

Lo que un día fue una utopía hoy es una realidad. Su futuro depende de la integridad con los principios de su alma fundacional, aquellos sembrados en la cenizas de la Segunda Guerra Mundial, y presentes en el imaginario de todo los europeos desde mucho tiempo antes.

“Un día llegará en el que las bombas serán reemplazadas por el venerable arbitraje de un Senado soberano que será para Europa lo que la Asamblea es para Francia. Un día vendrá en que habrá dos grupos inmensos, los Estados Unidos de América y los Estados Unidos de Europa, situados uno frente al otro y se tenderán la mano sobre el mar. En el siglo XX habrá una nación extraordinaria que tendrá por capital París pero no se llamará Francia, sino Europa. Se llamará Europa en el siglo XX y en los siguientes y aún transfigurada se llamará Humanidad”.

Victor Hugo, Congreso de Paris de 1849. Discours d’ouverture, congrès de la paix

Progreso social superficial

¿Qué tal si todo nuestro progreso relacionado con derechos humanos, racismo, igualdad de género y derechos de las minorías de las últimas décadas fuese una gran mentira? Se me ocurre que tal vez lo sea. Siempre me consideré como alguien que ve el vaso mitad lleno, que vio a nuestra raza en constante progreso y mejora. Esto puede ser cierto, pero sólo a nivel muy superficial.

El verdadero cambio no se nota en lo que vemos y expresamos. Es más complicado, no puede ser medido por estadísticas de ONGs o entidades privadas o gubernamentales. El progreso real es algo intangible. Sólo se lo puede medir en nuestras propias conciencias, es nuestra voz interna que nos dice qué está bien o mal. Es aquello en lo que realmente creemos, lo que nos hace aceptar o amar a personas de diferente raza, género o preferencia sexual sin importar qué, porque son un ser humano como uno.

Es por esto que nuestro progreso es, en gran medida, superficial. No digo que no se haya hecho un progreso real, por supuesto que se hizo. Sin embargo, ciertos eventos nos muestran lo superfluo que fue: cómo cambiamos solamente la ética en nuestras sociedades, el código que dice qué está bien y qué está mal. Si sos racista, la gente te va a despreciar. Si golpeás a tu esposa o acosás sexualmente a tu secretaria, vas a ir preso. Pero eso no es un cambio real. La mentalidad no cambia, sólo cambia la noción de qué está bien o mal para la sociedad, y ese es el gran problema.

Intuyo que es por esto que ganó Donald Trump. Sí, un tipo racista, misógino, homofóbico, y probablemente con carencia de pensamiento crítico por negar el cambio climático. Entre otras cosas, pasó el Brexit, el partido neonazi entró al parlamento en Grecia y en Austria, y Le Pen es la candidata preferida en Francia. Estos eventos sucedieron gracias a la genialidad de la gente detrás de ellos, que entendió lo antes explicado y lo usó en su ventaja. Ellos apuntaron a las masas que sólo habían modificado sus posiciones a nivel superficial. Estas personas convirtieron a lo no ético en ético nuevamente.   

Todos aquellos que creyeran en algo pero no lo pudiesen expresar por nuestro progreso superficial pudieron alzar sus voces nuevamente gracias a estos personajes. Y entonces el racismo, sexismo, homofobia, islamofobia y xenofobia inundaron nuevamente nuestras sociedades y nuestras calles.

Mi madre una vez me contó que hay una famosa frase que dice “Cada pueblo tiene el gobierno que merece”. Luego, la corrigió: “Cada pueblo tiene el gobierno al que se le parece”. Y tenía razón. El Brexit y Donald Trump nos mostraron que un gran porcentaje de nuestra sociedad nunca dejó de discriminar y estar lleno de odio hacia el prójimo. Todos estos eventos nos muestran cómo el nacionalismo populista sigue siendo una gran manera de ganar elecciones, cómo el odio es una herramienta poderosa para mover multitudes.

Otro problema que facilita que extremistas de ultraderecha tengan tal cantidad de poder alrededor del mundo es la población apolítica. Por ejemplo, en EEUU el 43% del padrón electoral decidió no votar. En el Reino Unido un 28% del padrón también se abstuvo. Podría pensarse que a una gran cantidad de los adultos no les importa el futuro de su país. La gran diferencia de porcentaje entre el Reino Unido y EEUU se debería a que EEUU sufrió del fenómeno de votar al “menor de dos males”, aumentando el margen de no votantes. ¿Cómo puede ser que esto suceda en el siglo 21? Teniendo internet e información al alcance de la mano, podemos buscar fácilmente qué candidato se alinea mejor con nuestros intereses y nuestra manera de pensar. Podemos ver sus declaraciones, su agenda política, su equipo político, hasta incluso qué dijeron 10 años atrás y cómo cambiaron sus puntos de vista y por qué.

Es un hecho conocido, gracias a muchas entidades de estadísticas, que las tasas de discriminación en escuelas y los mensajes de odio hacia miembros de las comunidades musulmana y LGBT tuvieron un pico durante la campaña de Trump. Sí, durante la campaña, antes de que ganara. Esto muestra cuánto impacta el discurso de un candidato, e incluso más el de un presidente, a la población. La inestabilidad económica y la recesión utilizan a líderes políticos como chivos expiatorios. Éstos son una ilusión, una respuesta imaginaria a problemas complejos. Esto no es noticia, a lo largo del siglo 20 oradores populistas han generado odio en muchos países a través de la creación de enemigos imaginarios para que la gente pudiera odiarlos y así olvidarse de otros problemas reales. Hitler tenía a los judíos, Chávez a EEUU. ¿Por qué no podría entonces Trump tener a los musulmanes, los mexicanos y China? ¿A quién no le gustaría que nuestros problemas más complicados se resolvieran con alguna de estas simples soluciones que aportan los oradores populistas? Lamentablemente, el mundo no funciona así.

Sólo 492,306 de 3,806,471 personas entre 18 y 24 años de edad votaron en el referéndum para el Brexit de la UE. ¡Eso es sólo un 36%! Las ideas son cruciales para efectuar un cambio real, pero la ejecución es el factor clave. Las personas que tienen entre 18 y 29 años conforman el 20% de los votantes, eso es un gran porcentaje. Definitivamente deberíamos usar nuestro poder de voto. Fuimos criados en una sociedad más avanzada, con menos xenofobia, racismo y homofobia. Los jóvenes tienen que entender cómo pueden hacer un cambio con sólo presentarse. ¿Por qué perder entonces a este gran 20%, que puede pelear contra todos esos aspectos negativos? No podemos permanecer sentados.

¿Estamos entonces condenados? ¿Deberíamos abandonar nuestros ideales de progreso real y aceptar esta ola de odio que está inundándonos? Absolutamente no. Este es el mejor momento, mejor que antes jamás, para recordar un pensamiento clave: ningún candidato presidencial, ni diario, ni ley contra la inmigración, ni partido extremista de ultraderecha puede determinar cómo vivimos nuestras vidas. No representan a la totalidad de nosotros, son sólo leyes y gente que fueron votadas en un sistema fraudulento, que van a cambiar en cuestión de años. Vivimos con un gobierno representativo que muchas veces es confundido con la democracia que fuera establecida 2500 años atrás en la Grecia antigua, pero ese va a ser un tema para otra ocasión. Este Odio sólo se refleja en nuestras vidas diarias si lo dejamos pasar, si optamos por ignorarlo cuando nos rodea. Recuerden que siempre pueden elegir entre aceptar lo que venga, o combatirlo con empatía.

Ahora más que nunca debemos forzar a nuestras mentes a hacer un cambio realmente consciente para lograr un progreso real. Debemos luchar contra este pasado de extremismos y odio que vuelve a perseguirnos nuevamente. Creo que la historia humana no es tan cíclica como algunos piensan, y esta ola de odio puede ser dejada atrás, así como se olvidan las viejas noticias, para lograr un futuro más próspero y brillante. Steven Pinker, un famoso psicólogo, escribió un libro titulado “Los Mejores Ángeles de Nuestra Naturaleza: Por qué Decayó la Violencia (The Better Angels of Our Nature: Why Violence Has Declined)”. Este libro estudia que el rasgo más importante que marcó nuestro éxito como raza fue la colaboración colectiva. La mente humana descubrió miles de años atrás que es más fácil entender, colaborar y amar que odiar y discriminar. Entonces… ¿por qué molestarnos con este sinsentido?

¿Cuánto pesan las expectativas en la inflación?

Hace años que cada vez que me encuentro con Lito, un gran amigo, discutimos exactamente lo mismo: ¿Cuánto viene por expectativas? No por reiteración el tema pierde vigencia ni tampoco relevancia. Dados los extraordinarios niveles de inflación con los que venimos conviviendo desde hace casi 10 años, el rol de las expectativas podría –y parecería- ser clave. Y más aún ahora, a las puertas de un (gradualista) programa anti-inflacionario.

 

Lo divertido de las charlas es que cada uno tiene su posición bien marcada: para mí, las expectativas pesan poco y nada; para él, mucho y todo. Cuando empezamos la discusión, hará unos 8 años, las posiciones eran aún más extremas, pero como buenos contrincantes ambos fuimos tendiendo hacia el centro. Hoy en día, diría que para mi las expectativas pesan no más del 30%; para Lito, no menos del 70%.

En lo que sigue, voy a defender mi posición de que las expectativas pesan realmente poco, mucho menos de lo que se dice. Para eso, muy simplificadamente (y sólo para el propósito de nuestra discusión), podemos pensar que la inflación depende de (1) las expectativas inflacionarias más (2) la solidez del plan económico -el cuál podemos pensarlo en términos de consistencia entre las variable económicas “fundamentales”, tanto fiscales como monetarias (tasa de interés, tipo de cambio, emisión monetaria, déficit fiscal, niveles de deuda, etc).

Dejando de lado el factor suerte, que nunca hay que subestimarlo, podríamos decir que la inflación se genera o bien por expectativas, o bien por manejo económico.  Expuesto de este modo la pregunta es clara, si vemos que la inflación sube 30%, ¿Cuánto de ella está causada por las expectativas  y cuánto por factores económicos?

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Mauricio Macri y los desafíos de la Argentina del Bicentenario

El año 2016 no sólo significa el comienzo de una nueva etapa en la historia democrática de nuestro país con la elección de Mauricio Macri como presidente. 2016 es también el bicentenario de la declaración de la independencia de las Provincias Unidas del Sud del Reino de España.

Napoleón y su hermano Pepe Botella ya eran historia en 1816. El congreso de Viena realizado en 1815 marcaba la tendencia restauradora. Sin embargo, en el sur del continente americano, como en el resto de las colonias españolas de América, un proceso emancipador parecía ya irrefrenable. De la preservación de los derechos de Fernando VII pasamos a reclamar Independencia y Constitución. La declaración de independencia la logramos en Tucumán el 9 de julio de 1916. Para la Constitución debimos esperar décadas en las que nos vimos enfrentados tanto interna como externamente.

Aquella declaración de independencia basada en los principios iluministas y en la experiencia americana en el norte del continente marcó el comienzo de una historia en común. Una historia llena de encuentros y desencuentros, de logros y frustraciones, de unidad y desunión,  de orgullo e infamia.

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200 años después la Argentinidad sigue siendo un valor en continua evolución y los desafíos que enfrentamos hoy en día como sociedad parecen tan fundacionales como los de julio de 1816. Continuar leyendo…

El desafío de la inclusión: ¿una ciudad para todos?

Los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires (porteños) nos encontramos en pleno calendario electoral.  Las propuestas superficiales abundan. Las críticas simplistas también. ¿No es hora de plantearnos qué tipo de ciudad es la que queremos vivir y qué tan aceptable es que el distrito más rico del país cuente con amplios bolsones de pobreza donde la marginalidad se mezcla con el narcotráfico y la delincuencia, que especialmente padecen sus habitantes?

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Economía, la ciencia en un tablero de ajedrez

En los casi diez años que vengo dictando cursos de economía introductoria, cada vez tardo más tiempo en definir el concepto de economía. Recuerdo que en los primeros años, a los pocos minutos de comenzada la clase lo definía. Iniciaba así: “la economía es la ciencia …”. Independientemente que me volcara a una definición clásica, neoclásica o keynesiana (si es que la hay estrictamente), siempre comenzaba de la misma manera. Hoy en día, tardo una clase y media para arribar a una definición.

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Escenario 2015: más allá de Kirchner

Los argentinos nos encaminamos a un nuevo año electoral (Cronograma de Elecciones 2015) Celebramos más de 30 años de democracia, donde hemos visto fortalecidas las instituciones pero continuamos lejos de vivir bajo un orden donde reine la paz y la justicia social, viendo tanto estadísticas oficiales como opositoras.

2015 es, para muchos, una año bisagra. ¿Fin de ciclo? ¿Profundización del modelo? Parece que los argentinos no podemos evitar las dicotomías River-Boca. Lo cierto pues, es que la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner según el orden constitucional vigente no puede presentarse en la contienda y a lo sumo puede a aspirar a quedar relegada a un segundo plano tras la elección de algún delfín político propio. Y como bien sabemos, esto no es garantía de ninguna lealtad -sino debemos preguntarle a Eduardo Duhalde lo que sucedió con su delfín Néstor Carlos Kirchner.

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Los emprendedores y la fuerza de voluntad

Sólo existe una persona capaz de limitar tu propio crecimiento: tú mismo

Todo emprendimiento comienza a partir de una visión, un propósito, un sueño, un deseo. Esto es lo que nos motiva, lo que nos pone en movimiento. Pero ¿qué es la motivación? Desde el punto de vista lingüístico es una abstracción, no es nada tangible pero lo podemos traducir diciendo que es el combustible, la energía que necesitamos para  cubrir la distancia entre tu presente y donde quieres ir, o sea tu viaje hacia esa visión,  sueño o deseo.

Ahora bien, ¿qué más necesitamos además de motivación para comenzar este viaje? VOLUNTAD.

La voluntad está íntimamente ligada a la motivación.

La voluntad es la capacidad de los seres humanos que nos mueve a hacer cosas de manera intencionada, por encima de las dificultades, los contratiempos y el estado de ánimo.

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“Me muevo para aquí, me muevo para allá” – Dólar Blue

Esta semana, los ciudadanos argentinos asistimos a un suceso económico revelador. El precio del dólar, con sus subidas y bajadas, mostró su verdadera esencia: es impredecible, no hay manera de saber hacia dónde se moverá el día de mañana. Va de nuevo y en negrita, por si estaban distraídos. No hay manera de saber hacia dónde se moverá el precio del blue el día de mañana.

En este contexto, lo ocurrido en el espacio público merece nuestra atención. Tras una semana de fuerte caída, una gran cantidad de economistas salieron a explicar por qué bajaba. Luego, tras el rebote de esta semana, otros tantos salieron a explicar por quPronósticos Económicosé volvía a subir. Claro, con el diario del lunes todos podemos dar explicaciones (de lo sucedido). Lo curioso es que la mayoría de las opiniones revelan una pretensión de conocimiento extraordinaria. Por la forma en que se lo explica, pareciera obvio (“natural”) que el dólar haya seguido el camino que siguió.

En este marco me parece necesario insistir una vez más con lo que dije al comienzo: NO HAY MANERA DE SABER CUÁL VA A SER EL PRECIO DEL DÓLAR EN EL FUTURO (se los dejo en forma de poesía por si lo quieren enmarcar). Pero esperemos un segundo.

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El costo ético de la tecnología

La cuestión de lo correcto e incorrecto nunca es blanca y negra, y el público general asocia la cuestión de la ética en la misma categoría. Si buscas en Google “correcto e incorrecto”, el buscador automáticamente genera “ética correcta e incorrecta”. No hace mucho tiempo alguien me preguntó, “¿Cuál es la diferencia entre la moral y la ética al tomar decisiones?”. Según el Diccionario de Oxford, ética es “el conjunto de principios morales que gobiernan el comportamiento de una persona o de un grupo de personas” y moral es “el conjunto de normas de comportamiento o de creencias que una persona tiene acerca de lo que ésta considera aceptable o no hacer”. Después de investigar sobre este tema llegué a la conclusión que la moral cambia la ética. La ética es la derivada de la moral. Cuando la tecnología es introducida a la cuestión ética, se agrega una nueva dimensión a analizar.

Mientras escribía sobre este tema, me preguntaba sobre el costo de cada búsqueda que realicé en Google para buscar información. Actualmente,etica-tecnologia cada vez que el público usa Google, acepta entregar información a ese buscador para que sea la utilizada para algún fin comercial. No puedo recordar el número exacto de búsquedas en Google que hice hoy, pero estoy seguro que fue más de cincuenta. Si cada vez que lo utilizo Google almacena información sobre mi búsqueda, ubicación, idioma, enlaces en los que haya hecho click, tiempo permanecido en cada enlace, y quién sabe qué más; eso me hace un cliente valioso. Lo más interesante es que estoy completamente de acuerdo con esto, porque acepto utilizar este servicio gratis a cambio de mi información. Encuentro fascinante que mi información sea, en su propia manera, un tipo de moneda. No sólo mi información concreta es valiosa, sino que mis opiniones proveen otro conjunto de información. Incluso si mis opiniones cambian luego de un mes, mi opinión en ese instante ayuda a crear información que alguien encontró valiosa.

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