Educación

Juguemos juntos

Cuando era chica, me acuerdo que para un cumpleaños, el de siete u ocho años, fui a la juguetería con mamá y papá a elegir mi regalo. Eran esas épocas donde era aburrido que te regalen ropa, y nada superaba ese viaje a la juguetería y a esos pasillos interminables llenos de diversión en potencia.

Por esos años no sé si quería ser bióloga marina o científica loca (énfasis en la palabra “loca”, porque era la parte importante del título!), pero yo buscaba en ese viaje un microscopio. Mirando hacia atrás la juguetería no era el mejor lugar para encontrarlo! Recorriendo los pasillos finalmente lo encontré, pero como suele pasar con todo lo que uno encuentra en una juguetería, era un juguete.

Sin decepcionarme seguí mirando alrededor y lo encontré. El regalo perfecto. Una caja que era casi tan grande como yo y decía con letras grandes: QUÍMICA. Cuando lo compré me sentía gigante, me imaginaba transformando mi casa en un laboratorio increíble. Cada vez que jugué sentí que lo había logrado. Las horas que pasé con ese set de química son incontables.

Lo que en ese momento me pasó desapercibida, es que la caja además de decir QUÍMICA con colores brillantes y llamativos, tenía un decorado con todos elementos de laboratorios, nada más. Al costado, chiquito, tenía la edad a partir de la cual era recomendable jugar. El detalle, más allá del número, era que había una nena y un nene al lado del número.

A medida que fui creciendo y dejando atrás los juguetes empecé a prestarle más atención a los anuncios en sí. Las cocinitas, la caja registradora, la lavandería…el juguete que toda nena quiere para esta navidad. El taller mecánico, los autos, la caja de herramientas, infaltable para el hombrecito de la casa.

Uno a veces no se da cuenta el impacto que puede tener sobre los niños. Si desde tan chico le hacen creer que hay que jugar con algo porque es de “nena” o “nene”, ese niño después crece pensando que en la vida hay cosas de “nene” o “nena”. Pensando que sus decisiones tienen que estar tomadas desde la perspectiva que corresponda, incluyendo obviamente, qué estudiar luego del secundario.

Muchas veces la escuela no ayuda. Si a una chica le va bien matemáticas, “es impresionante” y si a un chico le cuesta literatura o lengua, “es natural”. Porque a los chicos generalmente les va bien en las ciencias y a las chicas en las materias más blandas. Si habré escuchado eso en conversaciones entre madres.

El mundo de la ciencia es percibido como un mundo de hombres, y si así lo fuera porque simplemente pasa, perfecto. Sin embargo, la realidad es que desde chicos, se ilustran las carreras científicas como difíciles, laboriosas, con habilidades manuales. En consecuencia, los más fomentados a seguirlas son chicos, porque es riesgoso para una chica.

Tomemos conciencia sobre el impacto que tenemos sobre los niños y pensemos antes de hablar. De lo contrario, seguimos criando futuros adultos que piensan que el lugar natural de una mujer es la cocina mientras que es encantador que un chico cocine. Seguimos alimentando una sociedad donde es “sorprendente” que una mujer siga una carrera en las ciencias. Y aún más importante, los condicionamos desde chicos sobre qué está bien para ellos aspirar.

Me gustaría que el día de mañana si tengo hijos, crezcan en un mundo donde no se sientan una minoría por ser mujer en un aula llena de hombres o viceversa. Me gustaría que si algún día tengo una hija y decide estudiar ingeniería como la madre, la primera pregunta que le hagan no sea: “Ah, está lleno de chicos! ¿Para cuando el novio?”.

Ese cambio arranca en los hogares y lo continuamos todos como sociedad. Jugando ellos aprenden. Aprendamos a dejarlos jugar.

 

Innovación educativa: un primer paso

Repetidas veces hemos escuchado la necesidad de reformar la manera de educar. Que es un desafío, es un cambio gradual, requiere cambios en las políticas de Estado … Se han realizado muchas conferencias, talleres, actividades, foros para proponer nuevas ideas en esta materia; ideas efectivamente “implementables”. De todas estas – al menos yo – no he visto todavía resultados. Sigue siendo una discusión, y parece que las partes no se ponen de acuerdo. ¿Qué es lo que falta?

Continue reading…

La era digital y la educación

La nueva era digital ha hecho que en los últimos años el uso de las tecnologías en la educación crezca notablemente.

Muchos de los estudiantes en el mundo prefieren estudiar con libros electrónicos o haciendo búsquedas en Internet, mientras que institutos educativos han adoptado el uso de pizarras digitales para dar clases y plataformas Moodle para seguir asignaciones de los profesores, y, a todo esto,  no olvidemos que hasta es posible estudiar carreras Online. Es toda una revolución de la era digital que poco a poco va dejando atrás las bibliotecas y hemerotecas donde solíamos pasar horas buscando información para repasar para el próximo examen.

Continue reading…

¿Cómo las impresoras 3D están revolucionando las aulas?

Cada vez se conocen más iniciativas relacionadas con la educación y que apuntan a hacer una revolución en este campo. Los avances en tecnología y el acceso cada vez más fácil a más información y de mayor calidad, hacen que ya desde hace unos años se esté replanteando la forma en que el sistema educativo debe ser pensado.

Dentro de estas iniciativas, con la impresión 3D tenemos una herramienta realmente interesante para las escuelas y universidades. En este artículo vamos a ver cómo las impresoras 3D pueden ser utilizadas por profesores y alumnos, qué es lo que está pasando hoy y cuáles pueden ser sus impactos en el futuro.

Continue reading…

La educación del siglo XXI

adrianamendezLa educación en el siglo XXI nos marca un enorme desafío en cambiar ciertos paradigmas ya obsoletos y limitantes por otros más útiles y potenciadores. Desde mis experiencias como docente para adultos en el idioma inglés y en comunicación humana, formando docentes, directivos y líderes en cualquier ámbito, me pregunto ¿cómo se encuentra el actual sistema educativo?; ¿Cuáles son sus objetivos? ¿Qué se espera de los alumnos? ¿Los prepara realmente para este mundo actual? ¿A qué se debe el alto índice en algunos países como en la Argentina de “fracaso escolar” y/o deserción? ¿Por qué los niños al entrar en el nivel primario van perdiendo sistemáticamente la creatividad y curiosidad innata?

Con este artículo no tengo intención de analizar la educación desde un punto de vista estructural y/o político, especialmente en la Argentina.

Mi aporte es invitarlos a pensar juntos qué es lo que significa hoy enseñar y aprender más cercanamente a lo “natural” o “cerebro-compatible”. En los últimos 20 años del siglo XX las neurociencias marcaron y seguirán aún marcando el rumbo en distintas áreas y niveles.  Gracias al desarrollo tecnológico por imágenes, se ha podido comprobar, rectificar y aprender más sobre el funcionamiento del cerebro – que es la estructura biológica más avanzada de nuestro mundo – y cómo éste aprende.

Además de las neurociencias, y en particular, la neuropedagogía, la PNL (Programación Neurolingüística) son algunas de las disciplinas que contribuyen a entender mejor cómo es el proceso de enseñanza-aprendizaje. El comprender y ser conscientes de los procesos (o sea el “cómo se aprende/enseña”) es independiente de las distintas áreas de conocimiento. Estos procesos muchas veces no se incluyen en la currícula por ser quizás una obviedad o quizás por desconocimiento. El propósito de este artículo es lograr un pequeño aporte para mejorar la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje. Este es un proceso sistémico y complejo. Sin embargo, muy posible de realizar.

En primer lugar resulta imprescindible un autoconocimiento tanto por parte de los docentes como de los alumnos. Uno de los cambios paradigmáticos es que ya el docente no debe ser visto como el “dueño” de los conocimientos o verdades sino como el facilitador, o líder, del proceso de enseñanza-aprendizaje. Es la persona que ayuda a desarrollar a sus alumnos, es quien les plantea desafíos adecuados. A pesar que esta idea puede llegar a ser acordada por muchos docentes, todavía algunos muestran modelos mentales limitantes que pueden generar miedo, frustración y trabas en sus alumnos. Cuando planteo el autoconocimiento, me refiero específicamente al dominio de las emociones y creencias hacia el proceso de enseñanza-aprendizaje. Entre otras cosas, es necesario desarrollar la resiliencia, manejar el enojo, cómo dar y recibir feedback; saber cuándo valorar a los alumnos y alentarlos; de qué forma hacerles ver sus posibles errores y cómo “corregirlos” y aprender de ellos; fomentar la risa y la diversión como elemento motivador, entre otras cuestiones.

Para ello, se necesita crear un ambiente natural o cerebro-compatible para que los alumnos, de cualquier nivel y/o área, se sientan a gusto para iniciar así el proceso.

Pensemos:

¿Qué significa “enseñar”?

Enseñar es…:

–       …instruir?

–       …transmitir conocimientos?

–       …exponer distintos temas?

–       …proveer los desafíos correctos?

–       …comunicar habilidades, ideas que los docentes poseen y que luego los alumnos las hagan suyas aplicándolas en algún momento determinado?

–       … lograr que los alumnos se desarrollen emocional, cognitivo y físicamente?

¿Qué significa “aprender”?

El aprendizaje es el proceso a través del cual se adquieren o modifican habilidades, destrezas, conocimientos, conductas y/o valores como resultado del estudio, la experiencia, la instrucción, el razonamiento y la observación.

El desafío reside en cómo hacer lo que describe esta definición.

“Yo no puedo enseñarte nada, sólo puedo hacerte pensar.” Sócrates

Cada cerebro/mente es único y posee un estilo de aprendizaje particular y distinto. Este es un concepto que quizás compartan tanto alumnos de cualquier área y nivel como docentes. La pregunta es, ¿se enseña y se aprende teniendo en cuenta este concepto? ¿De qué forma aprende un alumno? ¿De qué forma enseña un docente?

Las personas percibimos la información del entorno a través de los sentidos y codificamos esta información en distintos sistemas de representación o canales de comunicación: Visual, Auditivo y Kinestésico. Este último se refiere a las sensaciones, el gusto, el tacto y el olfato. Cada persona, por lo general  usa uno de estos sistemas como el preferido y a partir de allí se “desatan” distintas maneras de prestar atención a distintos elementos. Es decir, las personas van filtrando lo que perciben de distintos modos. Por ende, el formador o docente debe conocer la existencia de estos sistemas para poder entonces apelar a ellos, y así asegurarse de llegar a todos sus alumnos. Por lo tanto, si un alumno percibe más lo visual, va a dejar de lado los elementos orales. Le pasará lo mismo a aquella persona que perciba más a través del canal auditivo o el kinestésico. Por lo tanto, los temas abordados deben contener material de todos los sistemas para así asegurar que llegue a todos los cerebros.

Por lo general, los docentes enseñan de la forma que ellos aprenden y el desafío se encuentra en que enseñen de la manera en que sus alumnos aprenden.

Por último, es importante cuestionarse los siguientes aspectos reales de hoy día:

  • la estructura actual de la educación sigue centrada sólo en la transmisión de conocimientos
  • el silencio en clase es lo que prima
  • la posición de los bancos siempre es en hileras, y el centro de atención es el docente

Muchas veces se deja de lado, especialmente en adolescentes y jóvenes, la transmisión y entrenamiento en áreas que no están incluidas en la currícula y que, desde mi punto de vista, deberían estar presentes abiertamente desde que el niño ingresa en el sistema educativo y que son las habilidades comunicacionales, las habilidades emocionales o el alfabetismo emocional, los valores y los modelos mentales.

Un buen maestro no es quien ya conoce las respuesta y tiene las soluciones, sino quien es capaz de formular preguntas válidas y dirigir el proceso de aprendizaje.” Robert Dilts

Somos todos unos mal-educados

Hace unos días, Cristian Tenuta reflexionaba en este mismo blog sobre el estado actual del sistema educativo y del cambio de paradigma que empieza a necesitarse. Cada vez más estudiantes sienten una incomodidad al aprender,… una piedra en la zapatilla con la que corren su carrera universitaria, una especie de incoherencia sistémica que no pueden entender.  Lo mismo puede extrapolarse a las aulas del nivel primario y secundario. Sin embargo, este pequeño fenómeno social de preguntas y reflexiones sobre el estado actual de la educación, ¿es natural? ¿Por qué sentimos que esto ya no da para más?

Continuando con uno de los ejes temáticos que se abordarán en esta 10ma edición del South American Business Forum – la RFC1educación y el aprendizaje creativo – hoy quisiera compartir la nutrida entrevista que tuve la oportunidad de realizarle a Rosana Fernandez Coto, Directora de la Asociación de Neuroaprendizaje Cognitivo (Buenos Aires). Como Neuropsicoeducadora, y con un máster en Programación Neuro-Lingüística,  la entrevistada ahondó en temas que hoy preocupan en el ámbito educacional. Pero no desde un punto de vista social, o político… desde uno mucho más biológico: nuestro cerebro y su rol en nuestra forma de aprender.

Tomando como punto de vista lo que ocurre en el aula día a día, ¿cómo evaluaría la situación actual de la educación en Argentina?

– “La ciencia que se enseña en la escuela da respuestas poco interesantes a preguntas que nadie se hizo”. Osborne.

Estimo que esta cita ilustra con veracidad la enseñanza que se brinda en la escuela tradicional, que no capacita para proaccionar, desarrollando los procedimientos, sino a reaccionar respondiendo con “contenidos aprendidos”. Sin embargo, creo que hay una nueva generación de docentes que está saliendo de la zona de confort, aquella en la que evitaban ver nuevas alternativas y se conformaban con el saber enciclopédico.

La explosión tecnológica de la década del ’90 ha afectado, en la mayoría de los casos, positivamente a muchas áreas, entre ellas a la educación. Los formadores, de a poco, están tomando conciencia de que es fundamental comprender cómo aprende el cerebro, ya que éste es el órgano del aprendizaje. Según L. Hart: “Enseñar sin saber cómo funciona el cerebro es como querer diseñar un guante sin nunca haber visto una mano.” Esta realidad se está haciendo “visible” para muchos educadores.

¿Cuáles son las principales dificultades que afronta un maestro/profesor a la hora de darle clases a una generación cada vez más digitalizada?

– Una de las principales dificultades es, sin duda, el hecho de que los alumnos son nativos digitales y la mayoría de los docentes son inmigrantes digitales, o sea que, en general, los educandos superan las capacidades del educador en esta área. Por otro lado, muchos docentes aún sienten resistencia a salir de esa zona de confort ya mencionada y adquirir estas nuevas capacidades.

La falta de recursos es también una desventaja para lograr clases “más digitalizadas”.

– En el formato y estructura actuales de la escuela (división por edad, currícula fija, enseñanza por dictado, etc…), ¿están dadas las condiciones para un aprendizaje eficiente de parte de los alumnos? ¿Cuál es la posición de la neurociencia?

– Lo ideal sería construir aulas-talleres donde los alumnos dejen de ser aprendices superficiales y se conviertan en alumnos estratégicos, que aprendan cómo resolver desafíos de distintos tipos desarrollando sus talentos innatos y adquiriendo nuevas capacidades, donde el docente sea sólo una guía, un facilitador y en donde los alumnos aprendan haciendo. El modelo de alumno-profesor es también muy bien visto por las neurociencias ya que aprendemos realmente cuando podemos enseñar, cuando podemos preguntar en forma inteligente.

– ¿Cómo se entiende que el criterio principal para formar un grupo de aprendizaje sea la edad de sus miembros? (típicamente vemos “Salita de 3, de  4, de 5, primer grado (6 años), segundo grado (7 años), etc.). Ciertamente hay intereses compartidos en función del rango etario, pero… ¿qué tan capaz es nuestro cerebro de aprender en un grupo de edades diferentes?

– Cada cerebro es único y cada cerebro tiene un estilo de aprendizaje individual (compuesto de distintas inteligencias múltiples, canales de representación sensorial preferidos, distintas formas de resolver desafíos según la predominancia hemisférica: en forma secuencial, literal, analítica, verbal lógica o en forma global, intuitiva, no verbal, etc.). El estilo de aprendizaje también depende de nuestro género: niños y niñas no aprenden de igual forma, la actividad de sus cerebros depende, en gran parte, del sistema endocrino-hormonal.

Si bien los grupos etarios comparten ciertos intereses, motivaciones, maduración etc., la separación estricta en edades responde casi completamente a fines prácticos.

Un niño puede adquirir la lecto-escritura a los 8 años y ser “más inteligente” que otro que lo logró a las 6, entendiendo por inteligencia la capacidad para resolver desafíos de distintos tipos. Recordemos que los tests que miden el CI sólo miden la inteligencia general y no las habilidades particulares.

El mundo se está tornando cada vez más comunitario y colaborativo y nuevas formas de aprender se están gestando. ¿Hay un fundamento neurológico/biológico de estos cambios?

– Sin duda. En estos últimos 20 años se ha descubierto más sobre el funcionamiento del cerebro que en toda la historia de la humanidad. Sabemos que el cerebro es el órgano del aprendizaje y, como tal va a aprender aunque no le enseñemos, claro que la calidad de esos aprendizajes va a depender del entorno y de las experiencias a las cuales es expuesto.

El cerebro es social y desarrolla las capacidades emocionales personales (autoconocimiento, autorregulación, etc) y las sociales (empatía, liderazgo, influencia, trabajo en equipo, etc.) en relación con el otro.  La base cerebral del alfabetismo emocional son los lóbulos prefrontales, esta área del cerebro es la última que termina en madurar (alrededor de los 25 años).

Está en los padres y en los educadores brindar los recursos para que esta maduración mental (procesos mentales) sea acorde con la maduración cerebral. Por otro lado, la calidad de los desafíos que proponemos facilita (o no) la maduración de esta área.

– ¿Es viable una educación “hecha a medida”, desde un punto de vista social?

– Así es. El primer paso es comprender que no todos aprendemos de la misma manera y que, si alguien no aprende de la manera que le enseñamos es porque no le estamos enseñando de lo manera que él puede aprender. La Neuropedagogía capacita a los docentes para descubrir caminos para “llegar a todos los cerebros”.

– Se dice que una de las fuentes principales de aprendizaje eficiente es la motivación. ¿Dicho popular, o verdad científica comprobada?

– Totalmente científico. Estar motivado significa haber activado el sistema de recompensa cerebral que, en sus distintas etapas, activa distintos neurotransmisores (sustancias químicas que transmiten información): dopamina en un comienzo, cuando algo despierta curiosidad y se focaliza la atención, (nor)adrenalina cuando pasamos a la acción para comprenderlo y resolverlo y serotonina “el neurotransmisor de la satisfacción” cuando logramos el insight. Está en los educadores encontrar los medios para lograr activar este sistema.

– Las redes sociales y la web 2.0 están cambiando paradigmáticamente la forma de aprender, a través de plataformas comunes de información e intercambio. Sin embargo, la escuela “tradicional” no parece darse por enterada. ¿Cómo ve el avance de la neurociencia en el plano de la educación en los próximos años?

– Como directora de una asociación cuyo objetivo es capacitar docentes de todas las áreas y niveles en la neuropedagogía, tengo una mirada optimista. Creo que, a medida que se divulga más esta disciplina cada más son los docentes interesados en involucrarse con este nuevo paradigma educativo.

Es claro: lo que sentimos es natural. Hasta ahora nos han educado mal. HAY necesidad de un cambio paradigmático en la forma de enseñar, para poder aprender como a nuestro cerebro más le gusta. Pero primero, hay que transformar esta sensación en una verdadera exigencia social. Tenemos que aprender… a aprender bien. Y hasta que eso no nos entre, no podremos escapar de este sistema cada vez más obsoleto.

Los que quedamos en el medio

Hoy voy a contarles algo que me pasa a mí, pero que también le esta pasando a mucha otra gente de mi edad. Siento que soy parte de la generación de los que “quedamos en el medio”. Gente de 24 – 27 años, que elegimos una carrera larga, que estamos por terminar, pero que cada día que pasa se nos hace más cuesta arriba llegar a esa ansiada graduación.

Pensamos que si estuviésemos en los primeros años dejaríamos la carrera y haríamos una más corta, vemos que personas cada vez más jóvenes comienzan a frecuentar los espacios en los que nos queremos involucrar. Hacemos muchas cosas a la vez, estudiamos, trabajamos, participamos de organizaciones o tenemos vocación social, pero, por sobre todo, tenemos ganas de emprender nuestro propio proyecto. Y vemos que, por como esta dada la educación hoy en día, ya no importa tanto lo que estudias, sino lo que haces.

Hoy, el acceso a la información y los avances tecnológicos permiten validar hipótesis mucho más rápidamente. De repente, el concepto “Lean” que últimamente se viene mencionando mucho en el ámbito emprendedor, tiene sentido también en la vida real y en la educación. ¿Para qué voy a estar viendo teoría durante 5 o 6 años, si hoy puedo validar mi proyecto en semanas, días o incluso horas?

Un ejemplo es el de Jack Andraka, que a los 15 años, googleando, encontró una forma de detectar el cáncer de2014-04-15-jack-andraka páncreas en forma temprana, no invasiva, con un costo significativamente menor y una precisión casi perfecta. Él utilizó una herramienta a la cual hoy (casi) todos tenemos acceso, procesó esa información, la analizó, y desarrolló los primeros estudios. De nuevo, suena mucho al concepto Lean.

Está claro que esta “crisis de los veintitantos” se va a seguir repitiendo e incluso magnificando en los próximos años. Hace un tiempo escuchaba a Gerry Garbulsky decir que para él no falta mucho para que el próximo Premio Nobel tenga menos de 20 años, o para que el siguiente presidente de una potencia mundial sea un treintañero.

Y en este punto, en donde vemos que todo avanza velozmente, que los tiempos cada vez se acortan más, la educación sigue siendo la misma de hace cientos de años. Las causas son muchas: estructuras grandes sumamente lentas y con mucha resistencia al cambio, personas que gestionan que son de una generación diferente a la nuestra, profesores que enseñan temas ya obsoletos y no conocen las últimas tecnologías, etc. ¿Cómo puede ser que en una materia como Procesos Industriales, en donde se enseñan todos los procesos a los que son sometidos los diferentes materiales, no se mencione en todo el año, ni una vez, la impresión 3D? Algo que, hoy en día, nadie pone en duda que va a revolucionar la industria en los próximos años. Los contenidos de las materias deben ser dinámicos, deben revisarse anualmente, deben adaptarse a los cambios que se dan en el mundo y el mercado.

Como estudiantes vivimos en un mundo en el que, además de ir a la universidad, trabajamos y tenemos miles de estímulos alrededor que desvían nuestra atención. Pero como mencionamos, el sistema educativo, en la mayoría de los casos, se mantiene intacto. Y, para muchos jóvenes, la universidad se empieza a convertir más en un limitante que en una generadora de herramientas y oportunidades. En mi caso, me encanta lo que estudio (Ingeniería Industrial), participo activamente en eventos de mi facultad y soy un agradecido de todo lo que me da. Pero a la vez siento que hace tiempo llegué a un techo, que ya estoy listo para dar el salto y que mi tiempo lo puedo estar aprovechando para hacer cosas que tengan un impacto real. Y creo que esta sensación se va a ir acrecentando para las próximas generaciones.

El colegio técnico y la universidad me dieron otra forma de pensar. Para mí, esa es la clave de la educación para los próximos años. Inevitablemente debe virar hacia algo personalizado, en donde nosotros, ya sea física o virtualmente, podamos elegir qué contenidos queremos aprender. La información está disponible con solo tipear ciertas palabras clave en un buscador en Internet, no necesitamos “comernos” veinte libros con teoría que nunca vamos a llevar a la práctica porque es obsoleta, o simplemente porque es información que vamos a tener al alcance de la mano en el momento en el que la necesitemos. La educación nos debería dar la base, las herramientas, para que nosotros podamos procesar toda esa información y usarla para nuestro beneficio.

Hagamos de la educación algo más práctico y menos teórico. Que la carrera sea un constante proyecto en el cual aprendamos por las acciones que tomamos, en el que equivocarnos no esté mal sino sea parte del aprendizaje necesario. Construyamos una universidad que no sea una fábrica de profesionales estándar preparados para el mundo empresarial, sino que sea una formadora, un acompañante en la búsqueda de la profesión de cada uno de sus estudiantes.

5 días de colaboración pura en torno a la Educación

edicatonLas soluciones generadas en común por algún motivo son superadoras: cuando uno piensa, opina y analiza, primero lo hace desde su subjetividad; y subjetividades, como personas y experiencias, hay infinitas. Sólo en el encuentro entre varios puntos de vista podemos asegurar que existe  una complejidad mínima que asegura la diversidad e, idealmente, un acercamiento más exhaustivo a la solución.

Siguiendo esta línea, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en su capítulo argentino, llevó a cabo en la semana del 31 de marzo al 4 de abril el Educatón, una instancia de participación y debate enteramente online en torno a soluciones educativas que involucren a la tecnología. Fue organizado en el marco del Proyecto en Educación y Nuevas Tecnologías (PENT) y en asociación con el portal educativo de la Organización de Estados Americanos (OEA). Continue reading…

La prueba PISA y la calidad educativa en la Argentina

pisaEl Pro­gram for In­ter­na­tio­nal Stu­dent As­sess­ment (PI­SA) es la más pres­ti­gio­sa prue­ba pa­ra eva­luar a los es­tu­dian­tes a ni­velin­ter­na­cio­nal. Son apli­ca­das ca­da tres años y exa­mi­nan el ren­di­mien­to aca­dé­mi­co de alum­nos de 15 años en tres áreas te­má­ti­cas cla­ve: lec­tu­ra, cien­cias y ma­te­má­ti­cas.

El úl­ti­mo PI­SA que fue publicado se to­mó en 2009 y sus re­sul­ta­dos fue­ron de pú­bli­co co­no­ci­mien­to en el mes de Di­ciem­bre del año 2010. Par­ti­ci­pa­ron to­dos los paí­ses miem­bros de la Or­ga­ni­za­ción pa­ra la Coo­pe­ra­ción y el De­sa­rro­llo Económico (OC­DE), y paí­ses aso­cia­dos.

Continue reading…

Estudiantes y educación para la creación de impactos sociales – Parte 3

Este artículo es la tercer y última parte de la serie. En el primer post ahondaba sobre el rol de los ingenieros y cómo no nos forman para solucionar problemáticas de impacto social. En el segundo artículo, describí por qué para mi la educación es la respuesta para resolver los problemas a los que se ve sometida la sociedad, y qué debería hacerse en consecuencia. En este último capítulo me gustaría mostrarles algunas de las cosas que se están haciendo actualmente y están relacionadas con lo que refería en los anteriores post.

Si bien existen muchos emprendimientos hoy en día que están siendo pensados para resolver problemáticas sociales, quiero destacar algunos a modo de ejemplo, ya que en ellos están involucrados ingenieros. Continue reading…