Un futuro sustentable

El reciente corte de electricidad que afectó un sector importante de  la Ciudad de Buenos Aires, muestra la dependencia que se suele tener de los proveedores tradicionales de energía. Pocos edificios tienen generadores para mantener un servicio mínimo de iluminación y ascensores, pero para la mayoría de los vecinos el corte implica una molestia considerable.

Un corte de luz puede tener muchas causas, pero lo cierto es que consumimos mucha más energía que la necesaria. Esta ineficiencia social generalizada es engañosa, ya que, al parecer, con pagar un poco más por el servicio el problema está solucionado. En realidad, nuestro consumo no es sustentable, es decir, no se puede sostener en el largo plazo sin causar grandes problemas económicos y ambientales.

El consumo sustentable busca reducir el impacto ambiental al menor nivel posible, lo que a largo plazo termina teniendo un costo mucho más bajo, comparado con la idea de devorar todo hoy, y generar escasez mañana.

Una de las principales maneras de reducir el consumo energético es la construcción de edificios sustentables: su costo es mayor, pero su consumo es lo suficientemente menor como para hacerlo económicamente beneficioso en algunas partes del mundo. Por ejemplo, en Alemania existe una compañía que construye este tipo de casas a gran escala, usando paneles prefabricados que se ensamblan directamente en el terreno.

La buena noticia de la semana es que ya está en construcción la primera casa sustentable del país.

Usa un cóctel de tecnologías para consumir menos cantidad de energía, y que la energía consumida sea “verde” en la mayor proporción posible. Así, un panel solar genera electricidad para las luces LED, que necesitan una pequeña fracción de lo consumido por una lamparita de bajo consumo. Los ambientes están dispuestos estratégicamente para aprovechar al máximo la luz solar y para maximizar la circulación de viento en el verano; además tienen una muy buena aislación para calefaccionar menos en invierno. El agua de ducha se reutiliza como agua cloacal, y luego pasa por un biodigestor para producir fertilizante. El fertilizante se usa más tarde en la huerta orgánica, que no usa agroquímicos y tiene un sistema de riego por goteo para usar la cantidad de agua estrictamente necesaria.

Ante la falta de energía, este tipo de edificios tienen ventajas individuales y sociales. Individuales, porque sus moradores sienten un menor impacto ante el corte eléctrico; sociales, porque son los que menos congestionan la provisión del servicio. Estas nuevas tendencias en la construcción abren un abanico de posibilidades para la innovación y el surgimiento de nuevas alternativas de negocios que, además de generar un beneficio empresario, pueden generar grandes avances hacia el bien común de la sociedad.

Hoy en día la alternativa sustentable es un tema de discusión entre arquitectos, ingenieros, y gobernantes. ¿Son suficientes las regulaciones actuales? ¿Hay que poner impuestos que disuadan la construcción tradicional, o subvencionar la sustentable? ¿Hay que permitir que el mercado lo regule naturalmente? Lógicamente estas preguntas están lejos de ver una respuesta definitiva.