ARGENTINA, 2016. Argentina, hoy, tiene mucho para contar.

¿Gran afirmación, no? En solamente 90 días desde que asumió el gobierno del Ing. Macri, el país siente que hay un cambio de paradigma imperante – o por lo menos, si uno se sube a un taxi, y le pregunta al taxista su opinión, muy probablemente sea optimista antes que pesimista. Políticamente, no escapa de la máxima de los “100 días” dentro de los cuales las distintas dependencias gubernamentales han trabajado los temas más ásperos de sus carteras, y aunque se estima, de acuerdo con estadísticas oficiales, que la popularidad en imagen positiva del presidente ha descendido en un 10%, este descenso es esperable.

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Ahora bien, enfocándonos en el punto álgido – y más complicado de manejar para un país emergente como es el caso del nuestro – la nueva administración ha relanzado las relaciones internacionales cambiando el panorama luego de la Administración Kirchner, y ha logrado un apoyo mundial sobre el proyecto de resolución de su cartera de deuda que genera muchas preguntas, entre las cuales: ¿Será cierto que el solo hecho del cambio de autoridades nucleada en una ideología política completamente distinta de la anterior ya lleva a que los inversores decidan apostar aún más por ese mercado emergente entendiendo que el cambio es sinónimo de confiabilidad?

¿O es que el mundo piensa igual que los argentinos y ven a esta administración como la “salvadora” del país? ¿Qué pueden esperar países como el nuestro que están en la misma situación?

Mercados emergentes: Crecimiento vs. Endeudamiento.

Apostar por un mercado emergente siempre da réditos. Según las estadísticas del Banco Central Europeo (BCE) las economías emergentes forman el 80% del panorama mundial; a su vez, los reportes de las grandes sociedades de bolsa, muchas de ellas con inversión en economías en desarrollo, aconsejan invertir los BONAR (conocidos como Bonos Argentinos) en cualquiera de sus emisiones por el alto retorno que ellos poseen. ¿Por qué sucede esto? En un punto, porque el hecho de que sean bonos emitidos por países desarrollados, hace que sean menos confiables, y por tanto, se suple esa falencia con tasas de retorno de inversión más altas.

También ayuda la capacidad de repago de los bonos – en este punto, Argentina no está, dentro de un pasado cercano, ni cerca de calificar como buena pagadora – ya que en sucesivas administraciones, ha fallado en su obligación de cumplimiento de pago. Basta con mirar, como ejemplo, el 7% de la cartera de deuda Argentina – popularmente, “fondos buitre”- que todavía sigue no-resuelta, a merced de jurisdicción extranjera y sin posibilidades de obtención de inversiones.
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Interior de Bolsa de Comercio de Buenos Aires (BCBA), República Argentina.

Hay que tener en cuenta que la inversión en un mercado emergente también estará relacionado con la política que lo administra. Esto ocurre dado que ningún Ministro de Economía hará alguna acción por fuera de la opinión del Poder Ejecutivo, ya que en todas las democracias pseudo-liberales, nacidas al albor del Siglo XIX, rige el control de poderes, quedando siempre un poder bajo el escrutinio de otro poder. Si estas democracias funcionasen correctamente, esto se daría naturalmente; en los países en desarrollo, hay que también tener en cuenta que muchas veces esa división “de libro” no se cumple en un 100%, lo cual también lleva a que las cosas no sean tan claras.

Argentina. La lección aprendida.

Desde el punto de vista de la Argentina, hay que comentar que en estos últimos años aprendimos muchísimas cosas como país soberano para enseñar al mundo que se enfrenta a la misión de endeudarse para desarrollarse. Primero, uno debe saber que si se endeuda, en algún momento deberá repagar eso que tomó prestado; y para ello, deberá procurar tener los fondos necesarios. Argentina siempre entendió que lo que le prestaban era pagadero en un cómodo tiempo, bajo sus propias condiciones – el cual realmente no era así – y por si eso fuera poco, creyó que dando la espalda a sus deudores iba a lograr un buen resultado. Como ejemplo, podemos mirar una de las sentencias del Juez Thomas Griesa (Noviembre 21, 2012) donde toma declaraciones de la ex-Presidente Fernandez de Kirchner, de Octubre de 2012 “los oficiales de mayor rango de la Argentina han declarado que Argentina pagaría a los bonistas que hubiesen entrado en las reestructuraciones, pero no un solo dólar a los que sostuvieran bonos de la FAA” (FAA, Acuerdo con Agencia Fiscal, traducción propia).

ERROR.

Argentina gastó indiscriminadamente – basta con ver que, según los últimos informes de auditoría del Ministerio de Modernización del Estado, solamente entre 2011 y 2015 se crearon 1.5 millón de empleos públicos, se subsidió la luz, el gas, y hasta el transporte público sin ningún tipo de control. A posteriori, a los argentinos les llevó poco más de 400 días en default, y 90 días de la nueva administración para que el juez pudiese ver gestos de buena voluntad, y ante muchísima negociación con los tenedores de deuda en disputa se logro un proyecto de acuerdo, el cual todavía se le está dando forma.

En mi opinión, Argentina, a través de la acción de sus gobernantes en esta ardua negociación comprendió que para endeudarse, además de cumplir con sus obligaciones deberá aprender a someterse a la fiscalización de aquellos organismos/países que le entregan dinero en préstamo. ¿Por qué? Simple. Si a uno no le gusta cuando debe prestar dinero a otra persona y luego ver que no se lo devuelve en forma responsable, lo cual hará que en un futuro no le entregue más préstamos, la comunidad internacional funciona de la misma manera. Como bien lo dice un fallo del Juez Thomas Griesa de Agosto 28, 2013 al desestimar el pedido argentino de mantener el “Stay”, Argentina no tenía voluntad de pago.

Es importante entender que todo lo que nos pasa, como país, es responsabilidad propia, y no podremos endilgársela a “la Administración de Turno” o a cualquier factor externo que pueda surgir. Como nación, cada uno desde su lugar – seamos estudiantes, jóvenes adultos o ya profesionales – tenemos que tener bien presentes y aprendidas las cosas que como país nos han pasado, ya que queda en nuestras manos aprender a acercar las fronteras y honrar la imagen de nuestra nación.

También, es importante saber elegir, ya que – aunque no necesariamente – elegir una ideología política demarcará el curso de acción, pienso que los políticos que vayan a tener en sus manos la administración del Estado, deben necesariamente siempre poner los intereses del país antes de los propios. Y no todos tienen esa grandeza de espíritu.

Si quieres leer un poco más sobre estos fallos, abre el siguiente Centro de Documentación.