La política a través de una serie de TV

Leer a Maquiavelo, estudiar ciencia política, asesorar a un diputado en el Congreso; hay mil formas de aproximarse al arte de la política. Y digo “arte” porque no hay ninguna fórmula que nos permita comprender científicamente qué implica la lucha por el poder. De algún modo, hay formas de acercarnos a ella: ver series televisivas es una.

House of Cards narra la historia de Francis Underwood, un político demócrata de los Estados Unidos, que se siente traicionado porHouse of Cards no haber sido designado como Secretario de Estado, el máximo representante de las relaciones internacionales del país más poderoso del mundo.

Pero más que eso, House of Cards cuenta la trayectoria de Francis Underwood, el político sin escrúpulos, maquiavélico hasta la médula, que está dispuesto a cualquier cosa para acumular poder y llegar a lo más alto de la Casa Blanca. A lo largo de las primeras dos temporadas de la serie, Francis miente, traiciona, seduce, enreda y teje una artimaña de vínculos y relaciones que terminan por confundir hasta a los propios televidentes.

Pero al final de la primera temporada, uno descubre que todo tenía un objetivo, que sus acciones no eran azarosas ni producto del capricho: alcanzar la Vicepresidencia de los Estados Unidos, el paso previo para convertirse en el hombre más poderoso del mundo.

No sólo que Francis miente, traiciona, seduce y enreda… Por si todavía no viste la serie, no te voy a decir más, sólo adelantarte una puntita: está dispuesto a todo. No tiene límites. Su único objetivo es el poder, el poder y el poder, y todo vale. Maquiavelo reloaded es su segundo nombre.

El tráiler oficial (mirálo, dura dos minutos y no tiene desperdicio) comienza con una escena muy ilustrativa: la asunción del Presidente de los Estados Unidos en Washington D.C, a quién Francis en el fondo detesta y considera un hombre débil. Hay miles de personas entre el público. Y en el palco, a un costado y casi imperceptible, se lo ve a Francis, no muy lejos del Presidente. En un momento, se produce la genitalità, una de las perlitas de la serie: como en prácticamente todos los capítulos de las dos temporadas, la cámara enfoca a Francis, quien guiña el ojo a los televidentes en señal de complicidad o esboza una sonrisa irónica, como diciendo “la tengo clara, sentate a escucharme que yo te bato la posta[1]”.

¿Qué nos dice Francis cuando la cámara lo enfoca en esta primera escena del tráiler? Power is lot like a real state, it’s all about location, location, location. The closer you are to the source, the higher your property value. O dicho en criollo y estirando un poco la traducción, “el poder es como una inmobiliaria, ubicación, ubicación, ubicación. Cuanto más cerca estás de las cosas de valor, más alto es el valor de tu propiedad”. Chapeau[2].

Pero lo más atrapante de House of Cards es que muestra, como muy pocas, cómo se maneja el poder. Ambientada en los pasillos del Capitolio, los recovecos y salas de la Casa Blanca y las residencias de poderosos empresarios y funcionarios de Estados Unidos, House of Cards escenifica un universo apasionante: el de los lobbistas, los hombres de negocios, los políticos, los sindicatos y toda la caterva de hombres y mujeres que componen ese universo llamado Washington D.C.

Este universo está tejido en torno a varios personajes. Si bien Francis (representado por el genial Kevin Spacey) es el protagonista, todos son igualmente importantes. Todos nos permiten entender, a su manera, cómo funciona el arte de la política, cómo se construye poder, cómo se traiciona, cómo se seduce y, a fin de cuentas, cómo se manejan las personas (en la realidad, claro) cuando de luchar por el poder se trata.

Un ejemplo: los lobbistas. El más importante de ellos, Remy Danton. Este afroamericano, que interpreta un papel excepcional a lo largo de toda la serie, ilustra cómo pocos la facilidad con la cual estos personajes se mueven entre las bambalinas del poder. Remy demostrará ser un personaje sin escrúpulos ni principios, cuya mayor habilidad – como buen lobbista – es venderse al mejor postor.

Otro ejemplo: Claire Underwood, la esposa de Francis, que como toda mujer cumple un papel fundamental en la vida de los hombres. En este caso, en la de Francis, alentándolo a no bajar los brazos cuando la carrera política de su esposo corre peligro. La relación entre Claire y Francis podría dar lugar un capítulo entero, y se podría especular sobre muchas cosas: desde cuánto afecto se tienen realmente, hasta si son (o no) un matrimonio por conveniencia. Nos permite pensar, de algún modo, sobre las relaciones entre los políticos y sus parejas, en cuestiones como el tiempo dedicado a la vida personal, la crianza de los chicos, etc.

Sin embargo, de todas las ideas que se me vienen a la mente cuando pienso en la serie, la que más presente tengo es la del timing. Sus personajes políticos, en una suerte de espejo de los que conocemos en la vida real, saben en qué momento decir las cosas, cómo plantearlas, y más importante aún, cuándo comienza y cuándo termina una conversación. Francis, sin ir más lejos, es un experto en el manejo del lenguaje corporal, del asentimiento pausado y cansino que denota poder, de la conversación que termina luego de un apretón de manos y de la sonrisa que indica conformidad y hasta cierto punto dominio de la situación y el espacio.

Give and take, welcome to Washington. Toma y daca, bienvenidos a Washington, como afirma Francis sobre el final del tráiler, es una frase que lo resume todo, que contiene en unas pocas palabras algo del gustito del arte de la política: el de los favores políticos que se pagan y al contado, el de la manipulación de hombres y mujeres que a diario viven enredados en la gran telaraña que tejen las personas poderosas, el de la psicología de los hombres y mujeres sin escrúpulos. Y cómo no, la de los hombes como Francis Underwood.

¿Es posible entender el arte de la política? Quizá sí, quizá no. Who knows?

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[1] Expresión utilizada en Buenos Aires que significa “explicarle a alguien las cosas como son”.

[2] Con todo, hay un punto en el que el personaje de Francis Underwood puede resultar un poco “plano” e inverosímil: sabe demasiado, nunca se equivoca, a todo planteo o problema tiene una respuesta, lo cual, si bien lo retrata como un hombre inteligente y poderoso, lo puede mostrar un tanto irreal, carente de las dudas, planteos e interrogantes que caracterizan a cualquier ser humano.

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